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Vinicius en el centro de la diana

Ser una estrella del fútbol tiene sus ventajas y desventajas. Vinícius José Paixaõ de Oliveira Junior, más conocido como Vinicius Jr, futbolista del Real Madrid y uno de los jugadores más top, está sufriendo en sus carnes un acoso por parte de algunos aficionados un tanto exagerado. Un jugador puede gustar más o menos pero llegar al nivel que hacen con él de manera verbal me resulta preocupante. Esto, señores, no es fútbol, sino otra cosa.

En el último partido liguero en el cual el conjunto merengue cayó derrotado contra el Real Mallorca, el jugador brasileño recibió improperios de todo tipo, llegando a producirse incluso varios enfrentamientos entre el jugador y la afición local. La Liga ya ha denunciado los insultos racistas hacia Vinicius lanzados por parte de la grada.

No es la primera vez que el jugador aguanta tales insultos cuando disputa un partido lejos del Bernabéu. También hubo sendos enfrentamientos entre él y dos jugadores del cuadro balear pero, por suerte, no llegaron a ser más que simples provocaciones. 

El fútbol es más que esto. Cuando en su día se decidió multar a los clubs por temas relacionados con la grada, la LFP ganó, pero cada vez que sucede algo así, el balompié va dando pasos atrás hacia el pasado, donde algunos energúmenos tan solo acudían a un estadio para comportarse como salvajes.

A mí, personalmente, Vinicius me parece un grandísimo jugador, pero nada más. Ante todo, es una persona. No recuerdo gestos despectivos del futbolista brasileño por los que se le pueda criticar. Esa es la clave de todo esto, el respeto. Da igual ser un crack mundial o un jugador aficionado, porque tristemente esto también ocurre en categorías inferiores, algo que se sabe.

También estos sucesos acontecen en ligas no profesionales en donde niños y adolescentes se ven envueltos en un ambiente totalmente desagradable. Incluso los propios árbitros de esas categorías lo acaban sufriendo en sus carnes tanto insultos como agresiones. La misma presión que Vinicius el domingo pasado en Mallorca.

Por casos así, la sociedad debería de meterse en la cabeza que el fútbol es un deporte y no una excusa para acudir a un campo de fútbol con la intención de comportarse como salvajes. Debe haber por parte de las federaciones, clubs, incluso, desde la RFEF, cursos de sensibilización y charlas sobre estos temas para intentar de una vez arrancar de raíz temas donde el fútbol deja de ser fútbol.

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