España

Sobre el relativismo, la verdad y la hipocresía

Hace apenas unos días, amanecimos con la triste noticia de que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, perdió a su hijo, en su octava semana de gestación. Bien, hasta aquí entendemos por los titulares de la prensa, que nuestra Isabel, deseaba al niño y por lo tanto ya lo consideraba vida, es decir un ser. Un ser “potencial” si queréis llamarlo porque el niño o la niña en el Mass Media ha sido calificado de bebé.

A donde quiero llegar, pues son los sentimientos de la madre los que determinan el final de una vida. Es decir, si Isabel no hubiese querido a la criatura, los titulares que acompañan a la noticia serian bien distintos; por ejemplo: “Isabel, interrumpe voluntariamente el embarazo”. Hablaríamos pues, de una interrupción, que tampoco lo es, porque no se puede volver a retomar un embarazo, (un embarazo no es intermitente) y, por otro lado, la prensa estaría omitiendo la clasificación de persona al ser que se está desarrollando.

Vivimos en tal relativismo, donde anteponemos los sentimientos que podamos tener en un momento dado, como el de ser o no madres a las verdades absolutas, en este caso, que un ser en desarrollo es una vida. Clasificamos y tildamos nuestra la realidad, según nuestras apetencias, sin pensar ni un solo segundo en las consecuencias que ello puede acarrear. Incluyendo en este caso el asesinato de un inocente o la mutilación genital de niños.

Respecto a este mismo, os voy a exponer un ejemplo que escuche hace poco en un podcast y me parece quizás el mejor ejemplo para explicarlo para que lo entendamos: De pequeño, quería ser pirata. Bien, pues menos mal que no habían programado mi intervención para la amputación de la pierna y no me han intervenido para sacarme un ojo y sustituirlo por un parche. ¿Verdad que el ejemplo es una auténtica barbaridad? ¿Verdad que si se llevara a cabo hablaríamos de una autentica masacre? Pues cuántos casos conocemos de arrepentimiento de niños por llevar a cabo estas prácticas…

Estamos sumidos en un mundo, que no es lo mismo que realidad, en el cual valen más los sentimientos y la autopercepción que la verdad que es una sola. La realidad cada uno la percibimos de diferente modo, pero lo cierto es que la realidad es una sola. Antes de tomar ninguna decisión basada en los meros sentimientos, deberíamos hacer un examen en lo más profundo de nuestro ser y preguntarnos en la decisión, cuánto hay de sentimientos y, por otro lado, cual serían las consecuencias de nuestros actos.

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