España

¿A qué llamamos progresar?

Hay una palabra que le gusta a la izquierda española en general y a nuestro Gobierno en particular: progreso. Atrás quedó, ya quemada en la época de pandemia, otra como fue resiliencia, que pasó de que muchos españoles no supieran su significado a escucharla y, automáticamente, verte aplaudiendo en el balcón mientras sonaba la canción de “Resistiré”. Porque, si todavía hay alguien que no lo había oído, informo que nos gobierna el “Gobierno del Progreso” o la llamada “mayoría progresista”. Para un capítulo aparte dejaremos el tema de que en esa mayoría se incluye a la más racista y xenófoba derecha catalana, que defiende que son una raza superior al resto de los españoles, pero todo sea por salvar al país de la malvada derecha del Partido Popular y VOX.

Pues bien, esta debería ser una buena noticia, ya que el progreso, en principio, se concibe como la idea de avanzar, ir hacia adelante. A mí, lo primero que se me viene a la mente es la generación de nuestros abuelos y la de nuestros padres, quienes recibieron un país destruido y dividido: primero por una guerra y después por una dictadura, y nos entregaron la España que hoy conocemos. Abuelos que se dedicaron a trabajar en el campo y sacaron adelante a familias numerosas; padres autónomos que comenzaron con pequeños negocios que, tras mucho esfuerzo y dedicación, lograron hacer crecer y crear importantes franquicias o cadenas internacionales. Para mí, esto es el progreso: que cada generación llegue un poco más lejos que la anterior.

Sin embargo, ahora sabemos que el “progreso” no es eso, porque, mientras que para tus padres era un éxito tener un coche por la autonomía y libertad que este proporciona, según la última campaña publicitaria del Gobierno de España, progreso es usar un transporte público cada vez más decadente. Mientras que el uso de los anticonceptivos supuso una revolución en su época al permitir que la mujer decidiera cuándo ser madre, ahora progreso es acabar con una vida cuando ya ha sido gestada. Y ni hablemos del tema de la vivienda, porque mientras que tus padres, en muchos casos con un único sueldo, podían acceder incluso a una segunda vivienda para veranear, a lo que aspira nuestra generación es a pagar una habitación en un piso compartido. Por tanto, yo me pregunto dónde y quién ha vivido esa mejora de la que se vanagloria Pedro Sánchez y su séquito. No quiero hacer más conjeturas, pero ni los datos ni la población perciben esos avances.

Podemos empezar analizando distintos aspectos de nuestro país, por ejemplo, los servicios públicos. Es innegable cómo la calidad de estos ha disminuido a un ritmo vertiginoso en los últimos años. Es imposible hacer cualquier gestión administrativa porque solo conseguir una cita es una odisea. Si nos fijamos en la situación económica, los datos tampoco son nada esperanzadores. A menudo repiten el éxito que ha sido el incremento del SMI, aunque se olvidan de que la inflación ha absorbido gran parte de este aumento, por lo que el poder adquisitivo de la población que percibe este salario no se ha visto elevado. Sin embargo, han conseguido que cada vez sean más los trabajadores que cobran este salario.

En esta misma línea, otro de los “avances” que nuestro Gobierno celebra cada mes es el aumento de hogares que perciben el IMV. No entraré en este momento en si esta medida es o no pertinente, porque, como liberal, estoy totalmente en contra, pero las múltiples razones me darían para otro artículo. Mirando únicamente desde el prisma del Gobierno actual, si bien podría defender su utilidad como último recurso, lo que menos se me ocurriría es celebrar que cada vez haya más ciudadanos que necesiten esto para vivir, en lugar de tener esperanza en conseguir un empleo digno, porque eso hablaría de mi mala capacidad para generar un entorno de crecimiento económico, estabilidad para las empresas, etc. En definitiva, hablaría mal de mi gestión. A pesar de ello, ahí están poniendo cada mes el respectivo tuit como si hubiéramos ganado una competición.

No hay un solo aspecto en el que podamos decir que hayamos mejorado como país en los últimos años y, si lo hubiera, agradecería que alguien me sacara de mi error. Por ende, o Pedro Sánchez y yo no hablamos el mismo idioma o es que en su diccionario hay una acepción para progreso distinta a las que vienen en la RAE. La conclusión que puedo sacar de estos años de “Gobierno Progresista” es que la clase media está camino a desaparecer y que sí buscan la igualdad de todos los españoles, pero igualando por abajo, haciendo que todos seamos cada vez más pobres. Así que, si esto es el progreso, yo preferiría no progresar.

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