Este fin de semana ha estado marcado por el 41º Congreso del PSOE. Si es que, con todos los escándalos que rodean al Gobierno, en lugar de presentar su dimisión en bloque han creído más oportuno que el “1” y su esposa recibieran un baño de masas. Ya que no lo reciben de los ciudadanos a los que gobiernan, siempre están dispuestos a brindárselo sus más amados fieles, como si del líder de una secta se tratase.
A pesar de no haber tenido la fortuna de estar entre esas filas, mediante los medios de comunicación y las redes sociales hemos podido conocer los mensajes que se han emitido en este congreso. Una de las primeras voces que hemos podido escuchar ha sido la de José Luis Rodríguez Zapatero. Antes de reparar en sus palabras, lo primero que me pregunto es: ¿en qué momento hemos normalizado que sea un portavoz autorizado, teniendo en cuenta que dejó el país en una situación de grave crisis económica y con una gran polarización y que, posteriormente, se ha dedicado a hacer negocios como asesor de la dictadura venezolana?
Respecto al discurso de ZP, se puede resumir en que todo lo bueno que ha pasado en el país y todos los progresos han sido gracias al PSOE, mientras que todo lo malo ha sido consecuencia de Franco, la ultraderecha o la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. No falla: son los pilares fundamentales de todos sus mensajes. Así que, lo mismo te dicen que, gracias al PSOE, la mujer puede votar, estudiar, o que el país, con el socialismo, iba como una moto hasta que llegó Rajoy con los recortes.
Obviamente, todas estas afirmaciones son incorrectas. La escolarización de las mujeres se recoge por primera vez en el año 1857; el voto de la mujer fue defendido casi únicamente por la liberal Clara Campoamor, mientras que los socialistas exponían que la mujer estaba muy influenciada por la Iglesia, por lo que su voto sería conservador y no les beneficiaría. Por último, los primeros recortes tras la crisis de 2008 los llevó a cabo el propio Zapatero.
Otra de las imágenes que nos ha dejado este Congreso Federal Socialista ha sido el recibimiento entre honores y aplausos a Manuel Chaves y José Antonio Griñán, condenados por prevaricación y malversación en uno de los mayores casos de corrupción de nuestro país. Sin embargo, su condena ha sido anulada por el Tribunal Constitucional después de que se nombrara al “progresista” Cándido Conde-Pumpido como presidente del mismo.
Por su parte, frente a esto, nos encontramos con una oposición totalmente entregada al bipartidismo, que espera pacientemente a que le toque su turno para gobernar. Esta misma semana, Moreno Bonilla expresaba que el PSOE “es un partido histórico y necesario en la democracia española”, mientras que lo que debería estar diciendo todos los días, como presidente de la comunidad autónoma afectada por el caso de los ERE, es que no se puede permitir que los dos expresidentes queden exonerados de su responsabilidad y que ese dinero, robado a los parados andaluces, debe devolverse hasta el último euro. En la misma línea que Juanma Moreno, encontramos a Alberto Núñez Feijóo en el Congreso de UGT, que se celebraba mientras la Audiencia de Sevilla condenaba a los altos cargos de la organización en Andalucía por desviar subvenciones y así obtener “una vía extraordinaria de financiación del sindicato”.
Con la postura de estos líderes del Partido Popular, sería fácil imaginártelos entre las filas socialistas este fin de semana, esperando encontrar al socialista honrado y al PSOE bueno que les vote en las próximas elecciones. Por favor, que alguien lo diga en Génova: no lo hay y, si hubiera un mirlo blanco, antes que votar al PP, se quedaría en su casa. Y es que, si mientras saltan a diario nuevos casos de corrupción que salpican a Moncloa son capaces de montar esta performance para salir reforzados, demuestran que tienen totalmente controlado el relato. Han conseguido que a la izquierda se le juzgue por sus intenciones, siempre buenas, y a la derecha por sus acciones, todas aparentemente malas. Por tanto, el ejercicio que debe hacer la oposición, si es que quiere que algún día se acabe el sanchismo, es poner en contexto todas y cada una de las afirmaciones que hacen los líderes socialistas, porque toda su publicidad se basa en mentiras o medias verdades para tratar de manipular la opinión de la masa y la historia.
Es muy fácil desmontarlos, como he tratado de hacerlo yo con unos ejemplos de este fin de semana. Pero si siguiéramos repasando todas las intervenciones del Congreso, no tengo ninguna duda de que podríamos hacerlo con cada una de ellas. Lo único que debe tener claro el Partido Popular es si quiere acabar con la mafia socialista o permitir que sigan gobernando, extendiendo su falso relato, y terminar convirtiéndose ellos en cooperadores necesarios.
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Me temo que Feijóo todavía no sabe por dónde va