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DJT: las siglas del saqueo

En un movimiento digno de una novela de ficción… pero con consecuencias muy reales, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, publicó un mensaje en su red Truth Social recomendando comprar acciones. ¿El detalle? Usó las siglas DJT, que -¡qué casualidad!- coinciden con el identificador bursátil de su propia empresa: Trump Media & Technology Group. Cuatro horas después, como quien no quiere la cosa, anunció una pausa arancelaria de 90 días. Resultado: el S&P 500 se disparó un 9,5 % y el Nasdaq un 12,1 %. Una fiesta para unos pocos. Una estafa a plena luz del día para el resto.

En cuestión de horas, vemos que su propio hijo, Donald Trump Jr., se embolsa 415 millones de dólares gracias a su participación en Trump Media. Es decir: papá manda un mensajito, mueve los hilos del mundo financiero con una decisión presidencial y su círculo íntimo se forra. No es una teoría conspirativa. Es un plan de jubilación ejecutado en directo y con sonrisa de oreja a oreja. ¿Y los perdedores? Porque siempre los hay. Esta vez les tocó a Elon Musk, Mark Zuckerberg, Jeff Bezos o Bernard Arnault. ¿Pensabas que eran intocables? Pues no. Las empresas de estos magnates se hundieron, arrastradas por el tsunami arancelario que impuso Trump días antes: 20% a productos europeos, 104% a los chinos.

Musk perdió 31.000 millones. Arnault, 11.000. El resto, lo mismo, pero sin titulares. El problema no es que Trump destruya fortunas. El problema es que él decide a quién destruir… y a quién enriquecer. Y mientras tú estás aquí, intentando entender cómo el presidente de la primera potencia mundial puede usar su cargo como palanca de inversión privada, ellos siguen contando billetes. Porque el mercado no es libre: es una pantomima. ¿Manipulación de mercado? ¿Información privilegiada? ¿Corrupción? Sí, sí y sí. Y todo en riguroso directo. Con aplausos. Los demócratas piden una investigación.

Pero nosotros, los ciudadanos del mundo, ¿qué pedimos? ¿Otra bolsa de palomitas para ver cómo siguen vaciándonos los bolsillos con una sonrisa? Esto no es política. Es un atraco con traje y corbata. Y lo peor de todo: no solo lo hacen delante de nuestras narices… lo hacen para demostrarnos que pueden. Que no pasa nada. Que nadie les va a parar. ¿El mensaje? No es solo “tengo el poder”. Es “puedo usarlo para enriquecerme, arruinar a quien me convenga… y aún así salir reelegido con una ovación de fondo”.

El mundo entero lo está viendo. Y ellos lo saben. Con nuestra pasividad, el mensaje que lanzamos es que pueden hacer con nuestras vidas lo que les venga en gana. ¿Vamos a seguir de brazos cruzados… o vamos a empezar a señalar con el dedo a los que se creen dioses?

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