Incansable e incombustible, así es el Presidente del Gobierno de España en su resistencia a abandonar cualquier posibilidad de seguir ostentando su cargo. Y esto lo consigue sin darse cuenta de que, aunque posiblemente no es lo que quisiera, la Historia lo recordará precisamente por eso, por su incapacidad de aceptar la realidad política y por anteponer sus propios intereses y su vanidad y ambición a los intereses de su país y también de su partido político, al que acabará hundiendo en la miseria si los propios socialistas no logran detenerlo. Eso sí, hasta que sus correligionarios o la propia Justicia o las urnas lo desbanquen del poder, sus maniobras de mago de circo, sus estrategias de alquimista loco e incendiario, habrán provocado tales destrozos en la convivencia de este país y tal nivel de crispación social que no sería de extrañar, por este entre mil motivos, que pudiese estar pensando en cambiar, para entonces, su residencia a la del país del que, presuntamente, su mujer Begoña podría tener la nacionalidad, República Dominicana, un rico país conocido por su maravillosa naturaleza y clima, pero también por ser un paraíso fiscal y financiero muy visitado por las altas esferas del Gobierno y también, pasrece ser, por el descabezado ex ministro Ábalos.

Colosal cada uno de los movimientos de Sánchez en política nacional e internacional, el último conocido de los cuáles, lograr que Alemania ceda a negociar la entrada de los idiomas cooficiales en el Parlamento Europeo, entre ellos el catalán del huido Puigdemont. Y nada menos que 24 horas después de que este lanzara una de las mayores amenazas contra Sánchez, la ruptura definitiva avalada por los afiliados a su formación en un recurrente referéndum interno, vaya a que luego, encima, lo terminen tachando de fascista por ello, que entre “ladrones” se conocen.

Lo cierto es que la situación de Junts no es nada halagüeña y a su líder y máximos representantes de la formación nacionalista, separatista, excluyente e hispanofóbica le quedan pocos recursos en una carrera en la que parece que le van a terminar de adelantar por la derecha, una Alianza Catalana que resulta ser aún más radical, más hispanofóbica y más intolerante; más a lo Trump. Sí, ríanse, pero recuerden cómo Trump logró convertirse para los suyos y para los ajenos en la opción política correcta en las urnas de una mayoría de estadounidenses cansados con las políticas buenistas y desarraigadas del apego de la cultura norteamericana de un Biden en sus últimas horas políticas y una opción continuista que no consiguió alcanzar ni la primera edición de su libro.

La amenaza para Puigdemont es real, tan tangible como que las encuestas comienzan a no dejar lugar a dudas. Y hablamos de unas encuestas que en territorios de menos dimensión que el nacional y sobre asuntos políticos como este no suelen errar en demasía. Si el ex President, si el “Honorable” Puigdemont no toma medidas de forma inmediata y con una repercusión de peso que magnifique su poder y su estrategia ante españolista, su proyecto político se irá al garete, literalmente al garete, por pleno Mediterráneo.

Eso sí, para los centristas y moderados de este país, esta no es del todo una buena noticia sino más bien un aviso sintomatológico de cómo se siente de defraudada la sociedad española, porque lo que viste de cruces para Junqueras en Cataluña lo hace también para el PP en el resto de España. Y no es que lo sea al nivel de los de Silvia Orriols con los de Junts, lo que comienza a aparentar un aplastamiento, un absoluto acto de sustitución. No, en el caso del PP de Feijóo nos encontramos con la maldición de las mayorías no absolutas condicionadas por un partido extremista, en este caso VOX, que condicionaría considerablemente la formación y mantenimiento de un nuevo Gobierno de cambio en España. La muestra la vivimos estos días en Extremadura, pero ya lo hemos experimentado en otros momentos y otros territorios. La formación de Abascal no es de las de negociar, sino de las de imponer. Y sus imposiciones condicionarían en extremo las bases ideológicas y los apoyos del Partido Popular, con un intento opaco y cada vez más cuestionable de centrismo, quizás forzado por tantos años de otra imposición ideológica, la de la izquierda.

Los populares saben que su situación es delicada. No en vano, fueron los socialistas los primeros interesados en fomentar y poner como extremo opuesto a VOX, de darles cabida, de protagonizar con ellos la tensión propia de quiénes buscan la división social no en bloques, sino en movimientos ideológicos opuestos. Ahí está parte de la clave. A mi parecer, las opciones de VOX, al menos hasta estos momentos tienen un tope muy maximizado del 20 por ciento en urnas, algo complicado de alcanzar. Sin embargo, con la crispación existente, más les conviene a los populares poner en razón las políticas socialistas y reunir, con prudencia y sin duros enfrentamientos de bloques con aquellos, en los que sin duda siempre les ganarán los de Abascal, y que luchen por conseguir más el voto de centro, el que corresponde a tantas y tantas personas decepcionadas con el Gobierno de coalición y con esta reinterpretación de la reinterpretación de lo que es la izquierda, que sólo parece ser el rancho de turno en el que los caciques de turno hacen uso de lo que es suyo por imposición estratégica. Consejo a Feijóo y los suyos, que cuiden y mucho de los servicios públicos porque por ahí pueden terminar perdiendo muchos pero que muchos votos, que regresarían a la izquierda o se perderían en la abstención o el voto en blanco.

Y volviendo al caso de Puigdemont, yo sé, él sabe, todos sabemos, que en sus manos está en estos momentos, más que en ninguna, la continuidad de este Gobierno. Él sabe que el caramelo de la lengua en Europa sólo es la trampa del azúcar que terminaría por devorar sus opciones y las ambiciones propias y de su partido. Ahora es su momento y quizás Sánchez sólo esté intentando por todos los medios ganar un poco de tiempo. Pero la decisión de los de Junts es y debe ser firme. Hasta aquí llegaron con el Gobierno de Sánchez o hasta aquí llegaron en sus aspiraciones políticas. Ojo, quién sabe si el PNV podría estar viendo las barbas de su vecino cortar y podamos hablar de una carambola cada vez que mire a Bildu como su barbero.

Pasen y vean, porque nos enfrentamos, entre unas y otras cosas, a dos semanas decisivas. Alea jacta est. La suerte está echada.

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