España

Caos sobre raíles: la excusa de un verdugo con traje

Menuda semana la que llevamos. Y yo pensando que no iba a ser peor de lo que ya estaba siendo, y resulta que tiene que ocurrir una desgracia como la ocurrida en Adamúz (Córdoba), para darme cuenta de que siempre algo puede ir a peor. Honestamente, resulta imposible mantener la esperanza. Cada cosa que ocurre reafirma el diagnóstico de que este paciente llamado España, certifica que no se va a levantar de la cama del hospital.

Mi intención con este artículo es la de hacer un ejercicio de memoria para ir repasando lo ocurrido, ya que han sido tantas cosas que resulta difícil recapitular. Todo estalla cuando ocurre el fatídico accidente de dos trenes el pasado domingo 18, alrededor de las 19:30 horas, en la localidad de Adamuz, provincia de Córdoba, cuando ambos trenes de alta velocidad terminaron colisionando, uno de la empresa Iryo y otro de Alvia, dejando como consecuencia la cifra horrorosa de 45 fallecidos —aún no confirmados— y cientos de heridos, muchos de ellos en estado grave.

Según las primeras pesquisas del accidente —en el que todavía se está investigando—, en un informe preliminar de la situación, todo apunta a que tal suceso no ha sucedido por errores de los maquinistas, ni tampoco por los trenes, que se encontraban revisados, sino por algo mucho más grave y mucho más impactante: el estado de los raíles, de la vía. De hecho, hay una foto que llegó a hacerse viral —yo mismo la compartí en mi cuenta de IG— donde se puede apreciar que falta un trozo enorme de la vía. Pero claro, hay que explicar cómo ha sucedido tal accidente; no vale solo con afirmar que se han estrellado y ya está.

Todo sucede de lo más rápido. En esa vía, la cual registraba ya hasta 7 incidentes previos notificados por parte de los maquinistas, faltaba un trozo de vía de más de 30 cm —sí, 30 centímetros—. Por ahí venía de Málaga con destino a Madrid el Iryo, cuyo vagón trasero acaba descarrilando debido a las grandes sacudidas por las que iba atravesando el tren, ocasionando la pérdida del convoy. El Alvia, que procedía en sentido contrario desde Madrid con destino a Huelva, terminó chocando fatalmente contra el vagón del Iryo ya descarrilado. El Alvia también descarriló, acarreando que ambos trenes volcaran ipso facto.

Se desata el caos. Durante esta semana se ha ido conociendo que los maquinistas manifestaban mediante un informe, con la firma del sindicato de maquinistas, a Adif, Renfe y, en última instancia, al Ministerio de Transportes, el estado de esa vía. Aunque digan desde el Ministerio que antes del accidente habían revisado la vía, las imágenes hablan por sí solas. Las declaraciones se suceden, los silencios de la administración estatal se hacen cada vez más evidentes y, mientras tanto, ocurren más sucesos en los raíles, como el de un Rodalíes en Barcelona que descarrila por el derrumbe de un muro de contención, o el de un tren de mantenimiento de Adif que, mientras pasaba revisión en Murcia, acaba chocando contra una grúa, entre otros sucesos…

Y habiendo acabado este ejercicio de memoria, toca lo que toca. Y toca señalar. Toca hacer reparto de responsabilidades. Porque, como ya he mencionado antes, no, esto no fue un error de un maquinista. No, esto no fue por la revisión de los trenes, ya que estaban en óptimas condiciones. Y tampoco es por culpa del estado de una catenaria. Tampoco. La vía estaba rota. Y como estaba rota, hay que señalar a los responsables de su mantenimiento.

¿Os acordáis de José Luis Ábalos, el anterior ministro de Transportes? Ese señor colocó a muchas “señoritas de compañía” en Adif, en unos puestos para los cuales dichas señoritas no contaban con la experiencia necesaria para dichos cargos. Por no hablar de que se sabe que hay en torno a 800 trabajadores de Adif que fueron colocados a dedo, por amiguismo, por familiares, por llevarse bien con el gobierno, etc. ¿Qué ha hecho Óscar Puente desde que es ministro de Transportes, más allá de su nulo conocimiento sobre las infraestructuras de la Red de Carreteras del Estado ni tampoco de la Red Ferroviaria? Ya os lo digo yo: nada. Nada es nada. La nada absoluta.

Mencionar también que el actual ministro de Transportes ignoró el informe emitido por el sindicato de maquinistas sobre el estado de la vía de Córdoba, a la altura de Adamuz. Durante estos días también hemos escuchado las declaraciones de Óscar Puente. Declaraciones que parecen más un intento desesperado de aferrarse al cargo que tiene —el cual Pedro Sánchez ha reiterado que mantiene su apoyo— que de intentar cambiar las cosas para mantener una infraestructura que se cae a pedazos, por su inutilidad y su más que evidente falta de conocimiento sobre el estado de los trenes y las vías.

Hablaba de que el Iryo es un tren pesado, luego que las protestas de los maquinistas son por el estado anímico de los mismos al mostrarse “afectados”, luego que, si la vía fue renovada y revisada en algunos tramos. En definitiva, declaraciones vacías y cargadas de mentira. Porque, en el fondo, Óscar Puente ya no es que sea culpable, supuestamente, de que haya 45 muertos encima de la mesa: es culpable por su incompetencia y su nula profesionalidad. Hablamos de un ministro que se pasa el día en redes sociales para ir bloqueando a la gente que no está de su cuerda ideológica. Un “señor” con ínfulas de matón de colegio, pero que no es otra cosa que un inútil y un verdugo con traje.

Me gustaría decir que, en China, país que cuida su infraestructura ferroviaria como ningún otro país del mundo, condenan la corrupción con penas muy duras, hasta en algunos casos la pena de muerte. No quiero decir nada, pero allí en China no colocan a enchufados ni señoritas de compañía en las empresas de mantenimiento del ferrocarril. Mientras que aquí sí sucede. Quizás este sea uno de los motivos por los cuales ha sucedido ese terrible accidente.

Y dicho esto, también destacar que el Gobierno, con unos presupuestos de 2022, mantiene toda la infraestructura del ferrocarril con 800 millones de euros anuales. 800 millones que no llegan a su destino. ¿Dónde está todo ese dinero? Por no hablar de que en 2019 el Gobierno, en su ejercicio de ser vasallo y agasajar a Marruecos, envió 247 millones de euros a Marruecos y a Uzbekistán para, ojo, ayudar a mejorar sus infraestructuras ferroviarias. Porque aquí no nos hace falta, por lo visto. Aunque ya sabemos que, a ellos, al Gobierno, todo esto no les importa. Ni siquiera las víctimas. Son todos y cada uno responsables de lo que está pasando en este país. Las infraestructuras se caen a pedazos. Desde las vías, las carreteras, hasta lo de la DANA en Valencia y pasando por Red Eléctrica cuando lo del apagón.

Con todo esto, lo único que podemos hacer, es decir que se acabó. Ya no es que Óscar Puente deba dimitir de su cargo; a mi juicio, debería ser detenido y puesto a disposición judicial, además de exigirle también a todo el gobierno la dimisión en bloque. No nos queda otra que paralizar el país. Apoyemos la huelga general convocada por los maquinistas. Y no solo a ellos: salgamos todo el mundo a la calle. La corrupción mata. Esa es la realidad. Realidad tan evidente, que solo hay que ver cómo todos los días este Gobierno se salta todos los límites inimaginables, con tal de permanecer en el poder.

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