Enero. Miras la nómina y algo falla. No has trabajado menos, no has llegado tarde, no te han sancionado. Pero cobras menos. Un pellizco pequeño, casi insultante. Lo justo para que no montes un pollo. Y ahí está la clave: no es un error, es el plan. El socialismo entrando en tu sueldo por la puerta de atrás mientras te sonríe y te habla de justicia.
Se llama MEI, Mecanismo de Equidad Intergeneracional. Un nombre tan empalagoso que dan ganas de vomitar. Traducido al castellano de toda la vida: te quitamos más dinero hoy y ya veremos mañana. No hay contrato, no hay garantía, no hay compromiso. Solo fe. Y el socialismo exige fe… siempre en él, nunca en ti. El sablazo está diseñado con precisión quirúrgica. No te roban de golpe, no. Eso genera enfado. Te roban poco y todos los meses, diluido en porcentajes, escondido en la nómina como quien esconde veneno en el café. Y cuando preguntas, te llaman insolidario, egoísta o directamente facha. El chantaje moral de toda la vida, versión siglo XXI.
El socialismo ya no promete igualdad, promete resignación. Te dice que el sistema no aguanta, que no hay dinero, que hay que apretarse el cinturón. Pero, curiosamente, siempre es tu cinturón. Porque mientras tú pagas más y cobras menos, hay pensiones que no se tocan. Las de la clase política. Las sagradas. Las blindadas. Las que nunca están en riesgo, gobierne quien gobierne. Ahí no hay informes alarmistas. Ahí no hay gráficos apocalípticos. Ahí no hay “equidad intergeneracional”. Ahí hay silencio. Un silencio cómodo, bien pagado y muy bien jubilado. Porque el socialismo puede justificar que tú trabajes hasta los 67… pero jamás cuestionará a los suyos, aunque se jubilen antes, mejor y con más.
El MEI no arregla el sistema. Lo prostituye. Es una patada hacia delante para que el marrón explote cuando otro esté en el poder. Mientras tanto, tú pagas, callas y aprendes. Aprendes que tus derechos son temporales, revisables y prescindibles. Y que los de arriba son eternos, intocables y heredables. Esto no es equidad. Es ingeniería social aplicada a la nómina. Es educarte para perder sin rechistar. Para asumir que trabajar más años y cobrar menos es “progreso”. Para normalizar que te expriman mientras te dan lecciones de moral desde un escaño acolchado.
En otros países, cuando el sistema se hunde, se revisan privilegios y se toman decisiones duras. Aquí se inventan acrónimos y se suben cotizaciones. Hoy MEI, mañana otro invento. Siempre el mismo imbécil pagando: el que trabaja, madruga y abre la nómina con cara de bobo. Y así funciona el socialismo real: te quita más, te promete menos y encima te exige que aplaudas.
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