España

Jornada de Reflexión: una cápsula del tiempo positivizada

La jornada de reflexión o veda electoral en el marco jurídico español se encuentra en el artículo 53 de la Ley Orgánica de Régimen Electoral General, más conocida como la LOREG, complementándose con el artículo 69 de la misma ley. El artículo 53 manifiesta la prohibición de difundir propaganda electoral una vez haya terminado la campaña; es decir, después de las 23:59 horas del viernes anterior a los comicios dominicales. Mientras que el 69.7 amplía el “silencio democrático” a las encuestas, impidiendo publicar las mismas hasta cinco días antes de la cita con las urnas.

La globalización informativa nos está trayendo datos y comentarios al instante, dejando una huella digital incalculable que, además, perdura en el tiempo. La fluidez con la que nos llegan opiniones de contenido político mediante las redes sociales es ya el pan nuestro de cada día. Esto ha ocasionado que la LOREG y el sistema electoral se hayan quedado atrás en muchos sentidos —no en todos, eso sí—, ya que en Occidente gozamos de garantías privilegiadas en comparación con otras latitudes.

Quiero remarcar que, aunque esté parcheada, la LOREG data del año 1985, y es evidente que ni la sociedad ni la clase política y mediática son las mismas que las del actual primer cuarto del siglo XXI, se dice pronto. La jornada de reflexión, desgraciadamente, es una cápsula del tiempo positivizada —es decir, hecha ley— y, además, es una norma escrita, obligatoria y sancionable, contraviniendo al espíritu liberal y garantista de nuestro tiempo. Con esto no quiero decir que no deban existir los delitos electorales; simplemente me refiero a la jornada electoral en concreto.

Puedo llegar a entender que el silencio electoral siga vigente como declaración romántica de la política y para descubrir que nuestros candidatos tienen una vida más allá del circo político y mediático —leen libros, pasean por el parque, tienen una estupenda familia, compran en el comercio local, etc. —; pero, honestamente: ¿hace falta que hagan como que descansan un día? Si nos va la vida en votar y en elegir a nuestros representantes, lo más lógico sería que nos pidieran el voto hasta en el mismo colegio electoral. Los más cafeteros de la política y la comunicación lo agradeceríamos.

Tenemos tal hemeroteca política y social en las redes sociales y plataformas de audio y vídeo, que hacen de la jornada de reflexión un auténtico fósil, una reliquia sacrosanta a la que cada vez menos españoles vemos el sentido. Podría entender la jornada de reflexión en la época de la Transición, cuando los españoles se informaban por televisión, radio o periódicos; no existía la inmediatez informativa de la actualidad y era una sociedad que estaba empezando a despertar en muchos aspectos sociopolíticos.

Como he comentado al inicio, el artículo 69.7 de la LOREG impide que los medios de comunicación publiquen encuestas y sondeos electorales. En mi opinión, es una norma absurda e infantilizadora del español de a pie. Celebro que haya empresas demoscópicas y comunicadores que utilicen emojis, métodos metafóricos y metonimias para burlar tan absurdo artículo; aunque la Junta Electoral siempre esté al acecho, existen valientes profesionales que nos aportan más contexto político.

Luego, como guinda al pastel, está la doblez de los debates electorales. Ya lo dijo José Mota en un sketch, parodiando al presentador estadounidense Larry King: “En televisión, salvo lo que se ve y lo que se oye, es todo mentira”. Pues eso: que en los debates vemos a unos rivales políticos faltándose al respeto y emitiendo opiniones contradictorias incisivas, pero luego se “reconcilian” tomándose una copa y unos canapés en el cóctel del medio que ha retransmitido el debate. Muchos hablan del “palco del Bernabéu”, pero nadie —o casi nadie— de las relaciones públicas que se hacen con la bendición de los medios y a espaldas de los ciudadanos.

Basándome en mi experiencia en redes sociales, sobre todo en X, la jornada de reflexión y el silencio sistémico que supone beneficia, sobre todo, a los partidos grandes. Estos tienen más capacidad de réplica por medios de comunicación tradicionales, pero también por bots y activistas que en muchas ocasiones cobran por ello, siendo en definitiva dichos partidos políticos los que más capacidad de movilización y resonancia tienen.

Confieso que he opinado siempre igual respecto a la veda electoral. Me apasionan las campañas electorales, sus análisis, debates y propuestas; pero siempre se deja a un lado este asunto. Como no molesta, pues ahí se queda; pero, como he comentado, se ha parcheado tanto la legislación que se ha terminado por difuminar su esencia. Algo similar pasa con el Código Civil y el de Comercio, que datan del siglo XIX. Hemos pasado ya el primer cuarto del siglo XXI, la sociedad española ha avanzado en todos los aspectos y mucha legislación se ha quedado obsoleta en la práctica. Considero necesario copiar el modelo anglosajón de convencer hasta el final al elector; sería esa una medida concreta de madurez democrática y de reflejar la seriedad de la política.

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