
El plazo se agota y Sánchez pierde con ello la oportunidad de haber convocado unas elecciones generales, coincidiendo con las andaluzas, en una situación que no tiene pinta de mejorar para su imagen, la del Gobierno ni la del PSOE, de aquí a 2027. De hecho, ayer llevó a efectos la crisis de Gobierno generada por la salida de María Jesús Montero del Ministerio de Hacienda y de la Vicepresidencia Primera nombrando en su lugar a nuevos ministros, destacando en ello el perfil del nuevo vicepresidente, Carlos Cuerpo, un independiente y, en principio, moderado, que podría dar una imagen más técnica y menos política a su mandato. Eso sí, nada es previsible, teniendo en cuenta giros de guion como el dado por el hoy Ministro de Interior, Marlaska, y sus políticas de acercamiento de presos etarras al País Vasco u otras decisiones que han mermado sobremanera la paciencia de las Fuerzas de Seguridad del Estado.
La decisión de resistencia en el poder de Sánchez, más que patológica podría ser la consecuencia de un arribismo que le permita posicionarse a nivel internacional para una posible salida en los próximos meses. Está claro que, sentado en su despacho, ya está disfrutando de las dificultades que el PP y VOX están teniendo en la formación de los gobiernos de Extremadura, Aragón o Castilla y León. Un escenario que es antesala de decisiones que bien usará para movilizar a la izquierda en su favor, tras un despeñamiento de sus socios más a la izquierda en pasadas y previsiblemente futuras elecciones autonómicas.
VOX sigue siendo, y lo será en el futuro, el mejor enemigo de la moderación de la derecha y el mejor amigo de Sánchez para mantenerse en el poder. Pero, con la decisión de seguir su mandato, el Presidente lanza un mensaje más que claro, habida cuenta del conocimiento que del personaje tenemos ya en el país. Y es que Pedro tiene un plan, o muchos planes, para recuperar la confianza, o para mermar en lo posible la de la oposición. Y mucho me temo que estos planes vayan más allá del control de los jueces, de continuar su cruzada contra medios y periodistas que no apoyan su deriva ni la de su partido, ni la del Gobierno, o de utilizar la ridiculización, a modo de machito de guardería, del principal partido de la oposición.
Y es que mucho, demasiado, me recuerda el personaje de Pedro Sánchez al de Richard Gere en la película musical “Cabaret”, muy recomendable, por cierto, en la que se mete en la piel de un abogado sin escrúpulos que es capaz de defender lo indefendible, de acudir y asistir a las emociones, de ridiculizar a las víctimas o de pagar por engaños, mentir por costumbre y cumplir sólo cuando lo que hace le revierte un interés particular.
Gran parte de lo que vivimos en las decisiones encubiertas o descubiertas del Gobierno, va en la senda de controlar por cualquier medio tanto el relato de lo social, político y económico, como de atar todas las opciones posibles para garantizarse, si no un triunfo, un desplome más que contenido, o quizás una subida en los votos de las próximas elecciones generales. Una de sus presuntas tácticas para ello podría haber sido lo del uso del DNI electrónico, que se ha demostrado nada garantista y que ayer la Junta Electoral Central anuló provisionalmente como método para la identificación en las elecciones, precisamente, por su baja fiabilidad.
Pero también hay quiénes hablan del voto oculto detrás de nacionalizaciones masivas de familiares de emigrantes exiliados de la dictadura franquista. Bueno, y hasta de antes de la dictadura como algún medio ha podido comprobar. Votos posibles de personas que podrían ser controlados a través de las embajadas, y que podrían incrementar sus apoyos en unas previsibles elecciones generales.
La maquinaria del PSOE, o quizás, mejor, habría que decir de Sánchez y Zapatero, pasan por controlar las pruebas y los testimonios de aquellos que pudieran perjudicarles en los distintos procesos judiciales. Tal es el caso de la negación de la oficialidad de la documentación entregada por Aldama al juez, o el silencio de testigos cruciales. Y es que si el propio Aldama dice temer por su vida, imagínense, de ser esto cierto, el temor que todo testigo pueda en estos momentos tener si es obligado a declarar. Así, no es de extrañar que en próximas fechas lleguemos a descubrir que Ábalos es hasta virgen, y que ni siquiera tuvo relaciones con sus tres mujeres. Y que el pago a aquellas fue una donación misericordiosa para sacarlas del abismo de la prostitución ofreciéndoles incluso trabajo para su reinserción.
Todo es sumamente oscuro, perverso y lamentable. Aunque, si hay que lamentar algo, lo más lamentable es que, a estas alturas, gente que se considera de izquierdas siga defendiendo a esta prole de psicópatas y cínicos, a esta corporación de la más que presumiblemente corrupción institucional con tantos y tantos flancos, y aplauda aún acciones tan ridículas como la visita en flotilla del ex presidente Pablo Iglesias a Cuba, en hotel de cinco estrellas y rodeado de privilegios que se niegan a toda la población de este país.
Y es que algo me dice que esta mal denominada izquierda, cuando dicen bulo, es que ocultan la verdad; cuando dicen casta, es que esconden su avaricia y soberbia; cuando hablan de igualdad no hablan de su riqueza, sino de la pobreza ajena; cuando hablan de justicia, o de justicia social, se refieren al derecho que adquieren, con el permiso de los que aún les aplauden, de seguir, presuntamente, usando su posición para seguir sacando beneficios personales y para los suyos de esa pobreza creada en la ciudadanía; cuando hablan de fascismo y autoritarismo tratan de presumir justo de lo que más carecen.
Hoy por hoy, Sánchez es un “inquiokupa” en La Moncloa. Y lo es porque no ha pagado, no ha cumplido con sus compromisos adquiridos en campaña electoral, no ha pagado con el precio con el que la gente le votó, ha mentido, nos ha vendido a los mejores postores, a pesar de que esos postores son nuestros enemigos, concediéndoles prebendas a territorios y partidos nacionalistas rupturistas de la unidad del Estado y al heredero político de una banda terrorista de asesinos. Efectivamente, hemos descubierto el origen de la empatía que el Presidente puede tener con los okupas, el sentirse estar viviendo donde no tendría que tener derecho ya a hacerlo, donde la mayoría de la ciudadanía no lo quiere.
Y cierro este artículo con una frase del que fue homólogo de Sánchez en EEUU, y con el que parecía sentirse mucho más cómodo que con Trump, Joe Biden: «Oponerse a la corrupción en el gobierno es la obligación más importante del patriotismo». Evidentemente, la izquierda de hoy en día está muy falta de patriotas y sobrada de alienados políticos con un elevado relativismo moral.
Periodista, Máster en Cultura de Paz, Conflictos, Educación y Derechos Humanos por la Universidad de Granada, CAP por Universidad de Sevilla, Cursos de doctorado en Comunicación por la Universidad de Sevilla y Doctorando en Comunicación en la Universidad de Córdoba.
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