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Del articulismo a la novela: el nacimiento de Jonko Blanco

El cierre de la Feria del Libro de Madrid sirve como excusa perfecta para compartir con vosotros, queridos lectores, el motivo por el cual, años atrás, decidí dar el salto de articulista de opinión a novelista, así como el origen de Jonko Blanco, eje central de El abismo del placer y de su continuación, La lucha interna de Jonko, ya finalizada y a punto de publicarse…

Y sí, además de estas dos novelas, tengo en mente una tercera entrega e incluso no descarto en absoluto una cuarta. ¿Quién sabe? Al fin y al cabo, considero que el personaje que he creado es lo suficientemente potente como para situarlo en la estela de otros personajes internacionales del género, como Christian Grey, pero en su versión más española.

La motivación inicial es evidente: la incorrección política nunca ha sido, en mi caso, un disfraz, sino una forma natural de enfrentarme a un mundo cada vez más encorsetado, sin concesiones. Mientras muchos de los comunicadores de primera línea se decantan por la autocensura o por alinearse con discursos políticamente correctos, yo, en cambio, he optado por el camino opuesto, convirtiendo la diferencia en una ventaja de la que presumir. Porque apartarse del consenso —con los costes que eso implica, que no son pocos— también puede traducirse en otra forma de visibilidad y de proyección.

Vivimos en una sociedad donde la apariencia y la autocensura pesan, en ocasiones, más que la verdad; donde se premia una imagen pulida a la par que se penalizan los postulados “incómodos” en cualquiera de sus formas. Hoy, muchos proyectan hacia el exterior una versión cuidadosamente editada de sí mismos, mientras reservan para lo íntimo pensamientos, deseos y contradicciones que rara vez se atreverían a verbalizar en público, por miedo a sus consecuencias personales o profesionales. Esa brecha —entre lo que somos y lo que mostramos al prójimo— constituye el verdadero motor de esta saga, en la que la dimensión psicológica ocupa un lugar central.

Elegí debutar años atrás en la literatura erótica, un género históricamente dominado por voces femeninas —en el que, en ocasiones, las autoras recurren a seudónimos— con la intención de reivindicar que el deseo y la lujuria no corresponden a un determinado sexo. También lo hice con el propósito de dar a conocer, desde una perspectiva masculina, que los escritores varones, millennials y de ideología liberal-conservadora, podemos llegar a ser tan magnéticos como las mujeres e incluso más. El morbo lo produce una mente creativa que sepa utilizar las palabras oportunas… y estas, a su vez, no entienden de lo que hay debajo del ombligo.

El personaje de Jonko Blanco es precisamente lo opuesto a lo habitual en este tipo de novelas: un joven rebelde, con rasgos narcisistas, impulsividad supina y tendencia a cosificar a las mujeres, que no recurre a la mentira para conseguir sus objetivos porque sabe que su atractivo físico y su dominio de la palabra ayudan a que todo le salga bien… hasta que la suerte deja de acompañarle. Es un perfil que actúa como espejo incómodo de la sociedad, aunque esta lo oculte, más que como un modelo a seguir… y es ahí donde logra atraer a la lectora, pero también al lector de condición masculina, porque su magnetismo reside en el descaro y la seguridad que desprende en todo momento.

No, nunca he buscado el camino fácil, ni tampoco estaba en mis planes hacerlo en el mundo de la literatura, ni en ningún otro ámbito de mi vida. Precisamente por eso decidí lanzarme, literalmente, al abismo que da título a mi primera novela, La lucha interna de Jonko, dejando temporalmente de lado mi labor como articulista de opinión para volcarme de lleno en la escritura narrativa.

Porque en este terreno, construir una voz propia implica además asumir una responsabilidad: la de explorar perfiles incómodos, como el de Jonko, sin eludir sus aristas ni su capacidad de generar rechazo. Esa elección conlleva inevitablemente un coste: la incomodidad que acarrea todo aquello que se aparta de lo establecido y la visibilidad que arrastra lo controvertido. El resultado es una reacción polarizada, tan previsible como difícil de evitar: admiración en unos casos y rechazo en otros.

En definitiva, solo me queda deciros que, una vez pasada la Feria del Libro de Madrid —a la que espero poder acudir el año que viene—, os animo a dar una oportunidad a La lucha interna de Jonko. En ella conoceréis de cerca las andanzas de ese madrileño de Usera, amante de la lujuria y antiguo estudiante de Periodismo que hoy trabaja en la agencia de modelos La Mutanda y que, en el futuro —alerta, spoiler—, en una tercera parte aún por escribir, terminará convertido en un poderoso magnate de los medios de comunicación.

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