Muy buenas a todos, es tiempo de fútbol en Minuto Crucial. Esta vez, nos vamos a asomar un poco por ese mundo tan proclive a suspicacias como es el de los despachos.
Durante estos últimos meses, la idea de ver una Superliga europea, con los mejores equipos del continente peleando en un sistema de regularidad era una tentación difícil de negar… hasta que FIFA dio el portazo. El máximo órgano internacional del fútbol dejó claro hace unas semanas que, si la competición no gozaba de la aprobación de UEFA, ningún jugador de los equipos que participaran en ella podría disputar competiciones internacionales de selecciones nacionales. Es un carpetazo a una utopía, a un camino sin retorno.
Quizás, los impulsores de esta competición deberían plantearse si era realmente necesario este arrebato de locura funcional, porque las competiciones internacionales y el acceso a ellas está más que aprobado a nivel general por el “planeta fútbol”. De hecho, las modificaciones que UEFA plantea a la Champions y la Europa League, y la creación de la UEFA CONFERENCE LEAGUE refuerzan de forma clara y notoria el espíritu integrador y el atractivo del fútbol europeo.
A ello hay que sumar lo que conocemos como la “solera de la competición “, y ahí la UEFA CHAMPIONS LEAGUE no tiene rival. Todos los equipos sueñan con ella, todos los jugadores anhelan levantarla y disfrutarla. Además, la UEFA EUROPA LEAGUE ha aumentado su nivel de forma sideral y se ha convertido en una competición realmente dura y una delicia para el espectador.
Y luego están las Ligas nacionales. Javier Tebas, presidente de la LFP, ha manifestado su oposición total a esta situación, y ha reivindicado el poder de las competiciones nacionales. Para mí, las Ligas nacionales deben ser competitivas, atractivas y desarrollar el potencial del fútbol en los países, como requisito necesario para el desarrollo del fútbol internacional y como punto indispensable para incentivar y mejorar el fútbol base. De hecho, está claramente constatado el aumento de competitividad en las grandes ligas, motivado en el caso de LaLiga Santander y la Premier League en grandes contratos televisivos y en un mejor reparto de los mismos.
En conclusión, el fútbol no está para inventos extravagantes ni sueños imposibles. Es cierto que tanto las Ligas nacionales como las competiciones europeas son susceptibles de mejoras e innovaciones, pero eso es algo que ya está en tratamiento y que no motiva ninguna sucesión de reuniones clandestinas y sin un rumbo claro. Menos revolución y más evolución.
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