Que vivimos tiempos inciertos y convulsos, eso no lo niega nadie. Nuestra apacible paz se ha venido abajo y parece que lo que antaño dábamos por bueno e inamovible, ya no lo es. Con motivo del día de la Virgen de los Desamparados, patrona de Valencia, asistí a la procesión que tiene lugar el segundo domingo de mayo.
Hace unos años, los actos religiosos apenas movían unos cientos de personas. Parecía que, por así decirlo, se había pinchado una burbuja religiosa. Pero la historia nos demuestra que son ciclos puntuales y que la teoría del ocho infinito probablemente sea completamente certera. Este año, a lo largo del recorrido de la procesión, había más gente que en otras ocasiones, esperando ver pasar a la Geperudeta, como así llamamos cariñosamente a nuestra patrona.
Cuando contemplo el cristianismo desde cerca, la pregunta que me hago es ¿qué o quién estará moviendo los hilos para intentar convencernos de que aceptemos el islam, siendo esta religión tan invasora como retrógrada a su vez que denigran la nuestra? De hecho, la cristiana no esconde el cuerpo de la mujer; es más, permite que se luzca con sus mejores galas. Los hombres y las mujeres, en todos los rezos, siempre participan y, en general, todo es motivo de júbilo. Eso sí, con respeto por el acto religioso que se realiza.
Desde algunos colectivos se intentan machacar nuestras tradiciones porque son retrógradas, dicen; en cambio, degollar borregos en la plaza pública les parece lo más cool del mundo. Estos corpúsculos muy bien dirigidos, por la mano que mece la cuna, tienen como finalidad despojarnos de nuestras raíces cristianas, cuna de nuestra civilización, para arrojarnos sin miramiento a la Edad oscura y criminal que ofrecen otras religiones.
Amigos, estamos aún a tiempo de decir basta, no dejando entrar al enemigo o prepararnos a luchar contra él. Creo que, en un plazo aproximado de diez años, la sociedad occidental se habrá perdido a sí misma y revertir el proceso acabará siendo casi misión imposible. Mientras tanto, os pido que acudáis a las procesiones y que disfrutéis de esas fiestas tan nuestras que se celebran por toda España. Defendamos que nosotros le rezamos a un Dios misericordioso que no pretende matar infieles, ni, con la excusa de que son impuros, esconder el cuerpo de la mujer tras ropajes infames. Si la oscuridad te asusta, tan sólo tienes que encender una tenue luz y comprobar que tú eres más fuerte; recuérdalo: es ahora o nunca.
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Lo recordaremos cuando sea tarde