España

Velarde, el feminismo y sus masculinidades tóxicas

Nunca he ocultado que el éxito electoral que en épocas felizmente pasadas disfrutó Podemos se debió, sobre todo, a las enormes dosis de populismo con las que monopolizaron el movimiento del 15-M. Jamás he confiado en un comunista. Para mí, no existe el izquierdista «bueno». El comunismo es una doctrina asesina, criminal y miserable que arrastra millones de muertos, hambrunas, miserias y dictaduras allá por donde pasa. Aun así, el hartazgo de mucha gente con los abusos de la clase política pesó más que el pragmatismo. Sin duda, Podemos se benefició de ello.

Años después, la formación bolivariana se encuentra fragmentada en escisiones. Electoralmente, es un fantasma que se sostiene con el mismo oportunismo que el resto de minorías antiespañolas que conforman esta quimera de Gobierno. Su utilidad política solo ha servido para crear un Ministerio de la Guerra de los Sexos y, con él, una ley creada con el pretexto de proteger a las mujeres que, por el contrario, ha permitido que miles de agresores sexuales encarcelados vean reducidas sus condenas, y eso cuando el reo no ha sido directamente puesto en libertad. Solo a un genio como Francisco Ibáñez, creador de Mortadelo y Filemón, se le podría ocurrir plasmar esto con humor y sarcasmo a través de los inventos del profesor Bacterio. En cambio, los de Podemos ni son genios ni tienen gracia.

De ese feminismo tóxico, enarbolado por una exministra que pasó de cajera a diputada por el callejón del mordisco en la almohada del marqués de Galapagar, ha surgido otra noticia relacionada con una diputada del mismo partido que no parece ser el lápiz más afilado del estuche. Martina Velarde, hace unos días, mandó sacar a pasear al «machirulo» de su pareja, afirmando que daría «hostias como panes» a incels que, parafraseando a su propia formación, señalaron a su pareja como «violador en potencia». En cualquier caso, Velarde, tal y como ella misma afirma, recogió cable, aclarando que no necesita mandar a su novio a dar una paliza a nadie que le replique en redes sociales, ya que lo hace ella solita, pues «está entrenada en autodefensa (sic)».

Ese es el nivel, amigos: un diputado nacional utilizando la zona reptiliana y primitiva de su cerebro en la red social X -antes, Twitter- para amedrentar a los ciudadanos. Parece que es la tónica habitual en un Gobierno que ha perdido el norte, que amenaza a periodistas acreditados como Vito Quiles y que, de ninguna manera, piensa pedir disculpas por esta falta de decoro e incoherencia con sus propios principios. El prototipo de hombre que promueven desde la ultraizquierda -deconstruyendo masculinidades y censurando al «machito alfa»- contradice por completo lo que ellos mismos defienden. Da igual si es Martina Velarde exprimiéndose la neurona, el exministro Ábalos paseando a la ‘sugar baby’ con la que supuestamente ha sido desleal a razón de 1500 € al día, las fiestas socialistas con «cariñosas» y «nieve» del Tito Berni, o el «macho alfa de Podemos», que ha pasado de «azotar hasta que sangre» a ser vocero del bolivarismo en el canal RED, tras haber salido escaldado en las autonómicas de la Comunidad de Madrid.

Como hombres, como padres, como maridos y como ciudadanos, no permitamos que nadie venga a dictarnos cómo debemos ser, que intenten hacernos creer que odiamos y despreciamos a las mujeres por el simple hecho de serlo, o que la heterosexualidad es un pecado que debe reprimirse, como antaño se reprimía la homosexualidad. No hay masculinidad más tóxica que la impuesta desde los lobbies ideológicos y los chiringuitos.

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