Imposición de dogmas, ideas, leyes, enfoques, teorías, costumbres y conductas, obediencia, culto, adoración, sometimiento, vasallaje, pleitesía, temor reverencial, sacrificio, abnegación, servilismo, tributos, impuestos e hipotecas… todo ello es el signo inequívoco, la marca distintiva del control. Control y dominación de unos pocos depredadores manejando política, economía, religión, ciencia, medicina, y lo que les venga en gana, sobre una masa de depredados que han olvidado su naturaleza incondicionada. Sí, tú incluido. Has cedido tu poder, tu vida y tu esencia a aquellos que se creen superiores a cambio de esa falsa seguridad y un salario, mientras te venden la idea de que así es como funcionan las cosas.
La trampa es tan sutil que ni siquiera la notas. Crees que decides, pero no decides nada. ¿Elegiste las reglas que te rigen o simplemente te adaptaste a ellas porque “así es el sistema”? Claro, no tienes la culpa, o eso te dices para no afrontar la realidad de que cada aspecto de tu existencia está cuidadosamente medido y dirigido hacia una obediencia disfrazada de libertad. Y ahí está el truco: nos hacen creer que obedecemos porque somos civilizados. Porque en este maravilloso siglo XXI, las reglas son para protegernos, ¿verdad? Esa falsa seguridad, ese salario a fin de mes, la hipoteca para vivir “como se debe”… todo es parte del gran teatro, donde tú eres actor, pero no el director.
Vamos a ser claros: el abuso y la explotación no han desaparecido. Solo han cambiado de forma. Ahora no necesitas grilletes, basta con que pagues tus impuestos, sigas las leyes que otros redactaron por ti, y que jamás pongas en duda las estructuras sociales, económicas o médicas que tan amorosamente te han sido entregadas. Todo para tu bien, claro está. ¿Pero qué pasa cuando una persona redescubre su propio ser? ¿Qué sucede cuando alguien se atreve a reclamar su integridad y legítima soberanía sobre sí mismo y su vida? Pues que ningún tirano, institución o autoridad usurpadora puede impedir su emancipación. Ninguno. Porque la verdadera liberación no se trata de destruir el sistema desde fuera, sino de rechazarlo desde dentro. El poder real no está en las instituciones que se erigen sobre tus hombros. No está en los gobiernos, ni en las corporaciones que manejan tu vida, ni siquiera en las religiones que dictan cómo debes pensar. El poder está en ti. Pero claro, eso es lo que más miedo da. Porque si lo aceptas, si realmente lo aceptas, ya no habrá vuelta atrás.
Tendrás que enfrentarte a la gran verdad: tu vida está en tus manos, y siempre lo ha estado. No hay excusas, no hay «es que el sistema me lo impide». No. El sistema solo tiene el poder que tú le otorgas. ¿Y si dejas de otorgárselo? ¿Qué pasa si, de repente, decides que no vas a seguir las reglas de un juego que ni siquiera entiendes? Pánico. Eso es lo que pasa. Porque la libertad auténtica no es cómoda ni fácil. Implica tomar decisiones sin garantías, vivir sin el constante apoyo de las muletas sociales que nos han inculcado desde que nacemos. Y, seamos sinceros, da miedo. Sin embargo, cuando te atreves a romper con todo, cuando te das cuenta de que no necesitas seguir el guion de nadie más, ese miedo se convierte en tu mayor liberación. Ya no eres parte del rebaño que sigue ciegamente al pastor, sino que eres el lobo que decide su propio camino. Y, querido lector, ahí está el verdadero poder: en dejar de temer, en dejar de obedecer a ciegas, en recuperar tu soberanía personal.
No te equivoques, esto no es una invitación a la anarquía. Esto es una llamada a la reflexión: a preguntarte por qué sigues permitiendo que te digan cómo vivir, cómo pensar, cómo trabajar, cómo ser. Porque, mientras más te sometes, más profundo te hundes en esa falsa seguridad que, en el fondo, no te da más que angustia. Pero claro, es más fácil no pensar en esto. Es más cómodo seguir con la rutina, pagar la hipoteca, cumplir con tus deberes y esperar pacientemente la jubilación. Porque, al fin y al cabo, ¿qué otra opción tienes? La respuesta te sorprenderá: todas las opciones están a tu disposición.
La libertad no es algo que se te da. Es algo que te tomas. Así que, ¿qué eliges? ¿Seguir viviendo una vida de obediencia camuflada, o atreverte a recuperar el control? Porque, y esto lo sabes, ningún tirano te entregará el poder. Lo tienes que tomar tú. El camino es complicado, pero la recompensa es incalculable: tu vida, en tus propios términos.
Autora de Siente y vive libre, Toda la verdad y Vive con propósito, Técnico de organización en Elecnor Servicios y Proyectos, S.A.U. Fundadora y Directora de BioNeuroSalud, Especialista en Bioneuroemoción en el Enric Corbera Institute, Hipnosis clínica Reparadora Método Scharowsky, Psicosomática-Clínica con el Dr. Salomón Sellam
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