Cultura

El poder de la juventud

Hoy despedí a mis alumnos de Realización y Producción de Cine en un acto de graduación que se hace coincidir con la exhibición y estreno de los cortos que realizaron durante los últimos años. Finalizando el grado, en su parte teórica, se enfrentarán a unos meses de prácticas antes de acceder al mercado laboral. Sus trabajos, mostrados en dos galas celebradas para los turnos de mañana y tarde han dejado constancia de su evolución, aprendizaje y sus formas particulares de entender el séptimo arte. Pero, más allá de la parafernalia, la magnífica organización de los eventos y del orgullo generalizado a la hora de enseñar estos trabajos, algo que me llamó mucho la atención de estos jóvenes de vente y algo años fueron sus discursos.

Me llamaron la atención porque, alternando con las palabras propias que deben pronunciarse en este tipo de discursos intercalaron proclamas pidiendo cambios en la sociedad, a través de decisiones políticas que les afectan especialmente a ellos. Curiosamente, quizás la más escuchada fue la necesidad de facilitar el acceso a la vivienda. Nuestros jóvenes quieren tener la esperanza de conseguir un trabajo, de progresar, pero aun así entienden que, con los precios que existen hoy en los mercados inmobiliarios, no podrán acceder a independizarse de sus familias hasta una edad verdaderamente avanzada, si consiguen ahorrar, impidiéndoles, asimismo, la posibilidad de crear un espacio familiar, tener una pareja con la que convivir, o tener hijos si es su deseo.

Otro elemento con el que relacionaron sus reivindicaciones fue el tema de la igualdad porque, curiosamente, y a pesar de que se relaciona mucho al mundo del cine con corrientes de izquierdas, lo cierto es que en esta industria aún no se valora de igual manera el trabajo cuando lo hace una mujer, y se vuelve menos accesible laboralmente para ellas, y de eso ya saben bastante, porque han hecho sus incursiones. Pero también exigen igualdad en términos de sexualidad, incluso tocando estos temas en sus cortos, llevando esa normalización de la que tantos soñamos al ámbito de no comprender por qué pudiera producirse en algún momento algún tipo de discriminación o diferenciación por la orientación sexual o por la elección del tipo de familia.

Aunque, sinceramente, el discurso que más me emocionó desde una perspectiva de la verdadera defensa de la pluralidad, del derecho de opinión y del derecho de expresión, fue la de un chico que se preguntó hasta cuándo se va a mantener este ambiente de crispación y enfrentamiento entre la ciudadanía por cómo piensen los demás, o si tienen pensamientos políticos distintos. Argumentó el joven que lo importante no es que se tengan pensamientos políticos distintos, sino que sepamos respetarnos desde la distintas posiciones que pudieran mantenerse, que el mejor marco para la convivencia, la verdadera vertiente de la convivencia, debía pasar por la auténtica tolerancia y respeto a la diversidad cultural, ideológica o de pensamiento.

Me emocionó especialmente este discurso porque, quiénes me conocen, y más allá de que en mis artículos, o en mi vida diaria pueda ser una persona crítica con las distintas líneas ideológicas o, más bien, políticas, considero que el respeto debe ser la base en la que se fundamenten los argumentos. Y es que debemos de olvidarnos como sociedad de las etiquetas que acompañan a nombrar al contrario como rojo, como facha o como rata de alcantarilla para dejar que sea la Justicia quién condene con los hechos delictivos demostrados a las personas responsables de los mismos. Creedme a los que no practicáis esta forma de entender las cosas, que yo tengo amigos a un extremo y a otro del abanico ideológico, con quiénes no comparto muchas de sus ideas políticas, pero con quiénes tengo una excepcional relación, son personas admirables y, además, puedo debatir de cualquier cosa sin ningún tipo de consecuencias para nuestra amistad.

Una de las conclusiones que he sacado en el día de hoy es que, en muchos aspectos, deberíamos dejarnos guiar por los más jóvenes, porque a veces demuestran una madurez que de muchas personas de mayor edad quisiéramos y a quiénes les diría que las puñaladas en esta vida, y seguro que tienen muchas, las han terminado recibiendo de aquellos con quiénes comparte los límites que a otras personas que realmente sí les merecen no les permiten.

Y sí, quizás en vez de discutir tanto entre nosotros deberíamos buscar soluciones a problemas que para muchos no existen, pero que pueden marcar el presente y el futuro de las generaciones que nos suceden, temas como la vivienda, la igualdad real y efectiva o, precisamente, acabar con cualquier clima de frustración entre los ciudadanos, marcando como objetivo aquellos que toman las decisiones, los políticos, independientemente de su ideologia.

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