¿Qué pasa cuando levantas la vista y te topas con esas largas y persistentes estelas que dejan los aviones? Sí, esas mismas que, según te dicen, son solo vapor de agua. ¿Solo vapor? Vamos, ni las nubes son ya lo que eran. Porque ahí arriba, entre el azul y esas líneas blancas que parecen haber salido del pincel de un Dios aburrido, está ocurriendo algo más grande. Y no, no estamos hablando de un simple avión. Estamos hablando de chemtrails. Sí, esos rastros que, según cuentan, nos rocían con vete tú a saber qué, para controlarnos, enfermarnos o, por qué no, moldearnos al antojo de quién sabe quién. ¿Y si no sabemos todo?
A ver, la explicación oficial es clara: son contrails, esas estelas de condensación que aparecen cuando el aire caliente del motor del avión se encuentra con el frío extremo de la atmósfera. Ya. Pero la realidad es que algunas de esas líneas blancas persisten tanto tiempo en el cielo que parece que alguien está dibujando un cuadro que nunca se acaba. Es como si el avión se hubiera pasado con la brocha y dijera: “Ahí lo dejo”. ¿Y si hay algo más detrás?
Vamos a jugar, aunque sea por un momento, con la idea de que esas estelas contienen productos químicos. ¿Para qué? Pues para modificar el clima, para regular cuántos catarros pillas al año o para que se te olviden las tablas de multiplicar. La cosa es que la sola posibilidad de que algo tan cotidiano como mirar al cielo pueda estar manipulándonos en secreto es… perturbadora, por decir lo menos.
Ahora bien, los escépticos se descojonan. “¡¿Productos químicos en el aire?! ¡¿En serio?!” Sí, colega, en serio. A ver, no es como si los gobiernos nos hubieran engañado antes, ¿verdad? Oh, espera… MK-Ultra, el experimento Tuskegee, la Operación Northwoods. Experimentos y conspiraciones que parecían sacadas de películas de serie B, pero que luego resultaron ser más reales que la factura de la luz. Así que antes de reírte, acuérdate de que la historia está llena de episodios que nos vendieron como “teorías de la conspiración”… hasta que dejaron de serlo.
Los medios de comunicación nos dicen que no pasa nada, que miremos para otro lado, que el clima extremo y las lluvias que no llegan no tienen nada que ver con los aviones. ¿En serio? Si algo nos ha enseñado la historia es que las noticias “oficiales” están tan manipuladas que lo único que falta es que nos pongan la musiquita de El Show de Truman mientras nos explican por qué hace sol hoy y por qué mañana habrá tormenta.
¿Y qué hay de los agricultores? Esos que llevan años observando cómo sus campos se secan mientras el cielo se llena de líneas blancas. Ellos no necesitan teorías complicadas para saber que algo huele a chamusquina… o más bien a aluminio, bario y estroncio, como sugieren algunos estudios independientes. Sí, metales pesados que, si te los lanzan encima, no te dejan precisamente bailando como en un videoclip de los 80. Y ahí está la pregunta del millón: ¿qué pasa si esos metales están en el aire que respiramos?
Dolores de cabeza, fatiga crónica, problemas respiratorios… ¿Te suenan? ¿Cuántos de nosotros no hemos pasado por alguna de estas molestias «sin explicación» aparente? Y mientras tanto, nos venden que todo está bien. Pero si ya las torres 5G tienen a todo el mundo nervioso, ¿qué nos hace pensar que no hay un plan detrás para amplificar esas ondas con estos metales dispersados en el aire? Nos rocían con esas cosas y luego nos preguntamos por qué llevamos todo el día con la cabeza como un bombo.
Pero no solo se trata de aviones. ¿Y la manipulación del clima? Lluvias que vienen cuando no las esperabas, sequías que arrasan cosechas, fenómenos atmosféricos que antes solo aparecían en las películas de catástrofes de Hollywood. ¿Es esto una casualidad? Estamos viendo cómo la geoingeniería se convierte en una herramienta más para controlar el planeta. Mientras tú te quejas de la calorina o del chaparrón, hay gente que está jugando a ser Dios. Y como no hay consecuencias inmediatas, todos seguimos nuestra vida como si nada.
Luego está la otra manipulación: las ondas, las redes 5G, los algoritmos que deciden qué ves y qué no. Ya no controlamos nada. Te ponen una noticia de lo bueno que es el nuevo teléfono con 5G, te subes al coche y, de repente, toda tu información circula más rápido de lo que puedes pensar. ¿Nos damos cuenta de lo que está pasando o estamos tan embobados con el último meme que nos da igual? Los chemtrails no son solo esas líneas en el cielo. Son un símbolo de todo lo que pasa por encima de nuestras cabezas -literal y metafóricamente- y de lo que ni siquiera somos conscientes.
Así que la próxima vez que mires al cielo y veas esas líneas blancas, hazte una pregunta: ¿qué demonios está pasando realmente? Quizá sea solo vapor. O quizá sea otra de esas cosas que tardaremos años en descubrir, cuando ya sea demasiado tarde para hacer algo. Y, mientras tanto, nosotros aquí abajo, seguimos entretenidos, esperando que nos llegue la señal de que todo va bien.
Autora de Siente y vive libre, Toda la verdad y Vive con propósito, Técnico de organización en Elecnor Servicios y Proyectos, S.A.U. Fundadora y Directora de BioNeuroSalud, Especialista en Bioneuroemoción en el Enric Corbera Institute, Hipnosis clínica Reparadora Método Scharowsky, Psicosomática-Clínica con el Dr. Salomón Sellam
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La geoingeniería existe. No es un mito
Gracias Susana, estamos en un momento de la historia único donde vamos a ver caer una a una todas las mentiras y los engaños que tanta gracia hacían.