Este 12 de octubre se ha celebrado el Día de la Hispanidad, una fecha que todo español de bien debería marcar en su calendario, tan significativa como podría ser la de su propio cumpleaños. Esta jornada conmemora la llegada de Cristóbal Colón a América en el año 1492, un acontecimiento que, sin duda, marcó el inicio del encuentro entre dos mundos profundamente hermanados.
Son muchos los países hermanos que también recuerdan esta fecha, aunque con distintos nombres y enfoques: en México, el Día de la Raza; en Argentina, el Día del Respeto a la Diversidad Cultural; en Chile, el Día del Encuentro de Dos Mundos; en Venezuela, el Día de la Resistencia Indígena; y, cómo no, en el todopoderoso Estados Unidos, el Columbus Day. Una misma fecha, distintas formas de honrarla, pero un mismo trasfondo: el reconocimiento de un momento histórico que nos conecta a todos. Y eso, para mí, es algo maravilloso.
Volviendo a España, resulta verdaderamente vergonzoso que muchas personas —tanto nacidas en nuestra tierra como aquellas a las que hemos acogido generosamente— critiquen con dureza no solo el Día de la Hispanidad, sino también nuestros símbolos, nuestra cultura y nuestras costumbres. Los antitaurinos, con su cruzada contra la tauromaquia; la izquierda y la extrema izquierda, atacando la bandera nacional y otros emblemas; y algunos inmigrantes —tanto legales como ilegales—, dedicándose a despreciar de forma constante nuestras raíces cristianas. Todos ellos se encargan de hacer ruido no solo en un día tan señalado como el 12 de octubre, sino también durante los días, meses e incluso años posteriores, llamando al prójimo fachas y rancios.
Está muy bien preocuparse por Palestina, Ucrania, Rusia o cualquier otra parte del mundo. Pero, antes de mirar lo que sucede a cientos o miles de kilómetros, debemos atender lo que ocurre a nuestro alrededor: en La Palma, las secuelas del volcán siguen muy presentes, mientras que en la Comunidad Valenciana las riadas han vuelto a golpear a familias enteras. Sin embargo, pocos políticos muestran un interés real por estas tragedias. ¿Solidaridad internacional? Sí, pero solo cuando nuestros compatriotas gocen de salud y plenitud, porque un español de bien tiende a priorizar su familia, sus vecinos y su país. Una vez que estos tres pilares se mantengan firmes, será el momento de extender la mano a los demás.
También es necesario reconocer la labor de nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Claro que puede haber garbanzos negros en ellas —como en cualquier otra profesión—, pero, en líneas generales, son ellos quienes nos protegen, quienes velan por el orden y arriesgan su integridad por todos los que vivimos en este país llamado España. Por eso, señores políticos gobernantes y sus respectivos votantes: menos jugar a ser ONG para el mundo y más apoyo a nuestros policías, guardias civiles, militares y demás compatriotas que sostienen el país desde dentro.
Y, sin lugar a dudas, no podemos hablar de patriotismo sin mencionar a nuestros agricultores y ganaderos. Gracias a ellos, tenemos acceso a los mejores productos de nuestra tierra. Defender la marca España implica consumir su mano de obra, comprando los productos que elaboran. Hay que apoyar a estos señores, muchos de los cuales se levantan a las cuatro de la mañana para que no falte nada en nuestros hogares. En este sentido, quiero destacar y agradecer la labor de uno de ellos: Juanvi El Palleter, un gran español que lucha día tras día no solo por su colectivo, sino también por el resto de España. ¡Gracias, Juanvi! Ya tires de sentido del humor o te pongas gruñón, representas todo lo positivo que habita en nuestra tierra.
En definitiva, no somos fachas, somos españoles preocupados por lo que acontece alrededor de nuestro país. Personas que queremos defender lo nuestro, empezando por nuestra gente. Debemos sentirnos orgullosos de que el español o castellano, a gusto del consumidor, es uno de los idiomas más hablados en el mundo, y que nuestra dieta mediterránea provoca que nuestra esperanza de vida se encuentre entre las más altas del planeta. ¿Y qué mejor manera de concluir un artículo de opinión como este que con un rotundo y sentido… ¡Viva España y los españoles!?
Periodista bilbaíno a jornada completa, anteriormente locutor en Cadena SER Miranda y al mismo tiempo articulista en diversos medios digitales. Amante del gimnasio y la naturaleza a tiempo parcial.
“Si tú no trabajas por tus sueños, alguien te contratará para que trabajes por los suyos”
-Steve Jobs.
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