No, mi intención no es enmendarle la plana mayor al gran Ovidio, sino repasar ahora, en nuestros días, qué entendemos por amar y por qué cuesta tanto hacerlo bien. Una de mis definiciones favoritas es “amar es cuidar al otro sin esperar nada a cambio”.
El amor es más profundo y natural… es de una madre por su bebé, que tiene que cuidarlo los primeros años porque es el cachorro más indefenso que existe; simplemente, dejarlo llorar horas haría que se deshidratara y falleciera. Por supuesto, lo mismo hay que decir del padre que, aunque no lo haya concebido en su vientre, siente un amor inmenso como para ser capaz de cualquier cosa por proteger a sus hijos.
Otro amor existente es el amor hacia los padres, que nos han dado la vida y se han pasado noches enteras velando nuestro sueño, cuidándonos para que nada ni nadie nos dañe. También el asociado hacia los amigos, compañeros necesarios y partícipes, en la mayoría de las veces, de nuestras penas y alegrías.
Unos amigos que darían incluso la vida por nosotros, aquellos que nos han cuidado o acompañado cuando alguien nos rompió el corazón en mil pedazos, que rieron y lloraron con nosotros al vernos tristes y que, cuando se van por voluntad propia o fallecen, dejan un vacío imposible de llenar, ese momento que parece que van a llamarte y proponerte ese plan genial, hasta que comprendes que se han ido para siempre.
Tampoco hay que olvidar el amor por nuestras mascotas, a las que cuidamos y protegemos con celo, mientras ellos deciden correspondernos con su cariño y compañía y que, cuando se separan de nosotros, el vínculo es recíproco, provocando que los extrañemos por pura fidelidad.
Y, por último, pero no menos importante, el amor que sentimos hacia nuestra pareja. No hace muchos años, por pareja se entendía la unión entre un hombre y una mujer, se casaran o no. En la actualidad, hay personajes que tienen un árbol como pareja y acaban abrazándolo todos los días; los hay, incluso, que la tienen en una muñeca o muñeco hinchable que hacen su papel.
Evidentemente, no son la mayoría porque entonces el ser humano se extinguiría, pero la vida actual lo que no fomenta precisamente es el Amor que a veces dura lo que un caramelo a la puerta de un colegio. Millones de divorcios, separaciones, es como si nadie aguantará ya a nadie y amar estuviera al final de la lista.
En definitiva, amar es un arte, sin duda, máximo cuando el egoísmo es hasta progre, así que enhorabuena a las parejas que se conocieron, se unieron, se han cuidado y permanecen juntos tras años de convivencia; al resto, que Dios reparta suertes.
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