
El hecho de que haya quiénes celebren los resultados de las elecciones en Aragón como un paso más en determinar el fin de una etapa política en nuestro país protagonizado por el sanchismo creo que cometen varias equivocaciones. La primera de ellas es que se dé por finiquitado el movimiento del Presidente Sánchez. Su manual de resistencia, fundamentalmente, consiste, de hecho, en que todo vale para seguir manteniéndose. Y, por supuesto, aún le quedan herramientas más o menos éticas que explotar para dar la vuelta a las encuestas.
La primera de ellas tiene mucho que ver con el resultado, justo el que más le podría interesar al PSOE de Sánchez en el caso de una derrota. Y es que son los propios socialistas los que han posicionado, con su discurso, a los de VOX como a los grandes enemigos de su movimiento, ignorando en muchas ocasiones al PP en esta estrategia. Sí, estrategia. No hay nada que no hagan los socialistas que no responda a una cuidada estrategia.
El miedo a la ultraderecha, como el miedo a perder las pensiones, un clásico de la izquierda, está consiguiendo en este caso su objetivo, que no es otro que debilitar al PP, evitar su mayoría absoluta y exponer públicamente la amenaza de un partido que más que pro español bien podría interpretarse como anti sanchista.
En múltiples ocasiones he declarado cómo VOX es el mejor aliado del PSOE, y lo sigo sosteniendo. Si hay algo que Sánchez controla son los tiempos y las tácticas para conseguir que sus objetivos se cumplan, y no pierde empeño en cada uno de estos lances. Eso sí, ya debería causar algo de respeto que sea capaz de ir sacrificando, uno a uno, a cada una de sus huestes más cercanos para conseguirlo.
Cuanto más debilitado se vea el PSOE y más fortalecido VOX más cerca estará de poder hacer el vuelco electoral, bien conocedor, además, de la debilidad de sus socios más directos, y de la complicidad comprada de sus grandes apoyos independentistas, que también salen reforzados.
A Sánchez no le interesa una unidad de la izquierda a la izquierda del PSOE, un arrebato de votos que luego pasan factura en el consejo de ministros y condicionan demasiado sus acciones de Gobierno. Sí, por otra parte, no le molestan los partidos nacionalistas que sabe bien que no van a intentar entrar en sus gobiernos y que son fácilmente manejables a cambio de concesiones que no paga de su bolsillo.
No es desconocido, por mis artículos en Minuto Crucial, que VOX no es un partido de mi predilección y cierto es que no representa, en absoluto, la moderación que entiendo que necesita, ahora más que nunca, este país. VOX no da soluciones sino que señala los problemas para pasar a decir que los soluciona a base de detonaciones, de un borrado masivo de los mismos, como si no pertenecieran a la realidad o, verdaderamente, la gente no les importara, a pesar de que dicen defender lo que es correcto.
Pero un partido que niega la mayor en muchos asuntos esenciales para la convivencia, por mucho que la gestión de esos asuntos por parte del sanchismo haya sido demoledor en resultados, en inversión y en ideologización no merece el apoyo masivo de la población, porque dirigiría, con sus conceptos de un patriotismo añejo, a lo Donald Trump, nuestro país a un enfrentamiento consigo mismo y con el resto del mundo que no está en condiciones de ganar.
Tampoco creo que el liderazgo de Feijoo, un hombre que concuerda y se ajusta perfectamente a la idiosincracia y al perfil político de los gallegos, sea capaz de convencer a una mayoría mientras que haya una opción que les reste. Solo quizás, en estos momentos, una candidatura de Isabel Díaz Ayuso, que es marca en Madrid y azote del sanchismo, podría hacer frenar a los de Abascal y devolver las opciones a los populares. Pero esto es, sin duda, algo demasiado improbable.
Por otro lado, siguiendo con la estrategia de Sánchez, podría aventurarme a decir que, teniendo en cuenta los procesos judiciales que no pintan excesivamente muy bien para los socialistas, y teniendo en cuenta el momento político que vivimos en España, de cerrarse positivamente la crisis de Renfe, no sería de extrañar que Sánchez tenga planificado convocar elecciones para los próximos meses, coincidiendo con las elecciones andaluzas. En el futuro, no encontraría mejor momento. El miedo a la ultraderecha está servido.
Periodista, Máster en Cultura de Paz, Conflictos, Educación y Derechos Humanos por la Universidad de Granada, CAP por Universidad de Sevilla, Cursos de doctorado en Comunicación por la Universidad de Sevilla y Doctorando en Comunicación en la Universidad de Córdoba.
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