España

De guerras legales e izquierda corrupta

No dejo dejamos de escuchar en estos días cómo el partido mayoritario en el Gobierno y sus socios recurren a la ilegalidad de la guerra contra Irán. Y sí, estando de acuerdo en estos términos dentro del orden internacional, habría que precisar muchas cosas. La primera de ellas es que para que una guerra sea legal tiene que tener el consentimiento expreso del Consejo de Seguridad de la ONU. ¿Qué países componen este Consejo? Pues son 15, cinco de los cuáles tiene carácter permanente y derecho a veto sobre las decisiones que en el mismo se tomen. Estos países no son otros que Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido. Como ustedes comprenderán, al final nunca se podrían tomar decisiones que aprueben una guerra y que vayan contra los intereses de las grandes potencias.

Es evidente que EEUU no iba a pasar por la ONU la decisión de atacar a Irán. ¿Por qué? Porque, aunque los que hasta hace poco eran aliados de Irán, China y Rusia, no querría haber escenificado que realmente les da igual, o hasta podría interesarles, que esta guerra se produjera. La debilitación de Europa es un objetivo común y esta guerra, si tiene consecuencias económicas irremediables para alguna zona sería para Europa. Y claro, por supuesto, Rusia tiene gran capacidad de reservas de petróleo que, en estos momentos, muchos anhelan y que puede vender, hasta a EEUU, a un precio elevado, lo que les permitirá seguir invirtiendo en su propia guerra, también ilegal, aunque sobre la cual desde la izquierda española no han abusado de este término como lo han hecho con la de Irán. Cosas de negocios, de los negocios de algunos, que no de todos, y menos de todas.

Es evidente que, ante el planteamiento de esta guerra en el Consejo de Seguridad los países que hubiesen activado el botón del veto, con toda probabilidad, hubiesen sido Francia y Reino Unido, aunque no se crean que igual hubiesen hecho la vista gorda. Eso sí, a un precio que Trump no habría estado dispuesto a pagar.

Y así andamos, con una tregua no tregua por lo del estrecho de Ormuz, mientras que los negocios petrolíferos nos tienen en un impasse que nos anuda fuerte la corbata o aprieta fuerte el collar, a la espera de si suben o bajan los precios no de los carburantes, sino de todo, incluidos alimentos y vestimenta, mientras que los sueldos no suben en la medida que estos siguen escalando. La sociedad está de tal contento que, posiblemente, al final sacudan al PSOE y a la Unión Europea por no participar más activamente en esta guerra con el fin de que acabe pronto y con ella el insomnio de muchos. Eso sí, sin víctimas civiles, como determina la Carta de Derechos Humanos, que se ve que las víctimas militares son legítimas por el hecho de que si nadie empuña las armas no habría posibilidad de conflictos, aunque pasemos a no justificarlos a excepción de legítima defensa o casos excepcionales. ¿Qué casos serían excepcionales? Pues está claro que aquellos que pasen por el aro de las grandes potencias mundiales que controlan el Consejo de Seguridad de la ONU. Curiosidad… no he visto a los otro cuatro países miembros permanentes del Consejo de Seguridad mostrando una actitud completamente frontal a la guerra.

Y no es que me guste esta guerra. Ni esta, ni ninguna, pero tampoco me gusta la hipocresía o el desistimiento de las responsabilidades de la OTAN o el compromiso internacional con el cumplimiento de los Derechos Humanos en países como Irán, donde su Gobierno mató en los últimos meses a, al menos, 50.000 personas tan solo por protestar por el régimen. Entre ellos, incluso, se ha perseguido a gente “famosa” o incluso a deportistas de élite que se enfrentaron a la forma de actuar de los talibanes. Vergonzosa es también la callada de la izquierda feminista con el régimen al que algunos de sus líderes deben grandes cantidades de dinero para ejecutar sus proyectos políticos. Sí, claro que sí, que a nadie se le escape que Irán ha participado con Rusia en la desestabilización política y social de Europa, empezando por España, mientras ejecutaba a mujeres y homosexuales por el simple hecho de serlo y por hacer uso de su libertad para pensar, para respirar, para vivir y para sentir.

Todo esto se junta, además, en un preciso momento que es crucial para España, que ha entrado en una vorágine electoral que la llevará a, posiblemente, un enorme cambio de rumbo en sus políticas, y a consolidar a las derechas al frente de las autonomías mientras que se preparan las generales.

Hablan de que Sánchez luce un aspecto enfermizo, y hasta hablan de ciertas dolencias. A nadie le gustaría estar en estos momentos en su pellejo, que es lo único que parece le va quedando. La perspectiva para el PSOE no es nada alentadora. Perseguida judicialmente por numerosos casos de corrupción y amenazada por la documentación entregada por Aldama, que podría poner en jaque mate al partido de Gobierno, los tiempos se han ido de sus manos. Si posterga las elecciones se aproximará a un colapso absoluto si se van desgranando más y más detalles de todo lo que se ha ido produciendo estos años por sus cargos, principalmente los más cercanos al propio Sánchez, por su familia y hasta por su valedor y expresidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero.

Juanma Moreno ha adelantado las elecciones al 17 de mayo. Mañana se votará en el Congreso las medidas anti crisis y Sánchez ha provocado un retraso en la votación exigida por SUMAR sobre los alquileres. El Presidente sabe que este sería el mejor momento dentro de los que pudiera tener en un futuro para disolver las Cortes y convocar elecciones. Muchos casos en la justicia aún no han explotado y unas elecciones paralizarían circunstancialmente esos procesos hasta que estas se produzcan. Por otro lado, ya lo ha comprobado en Castilla y León, la debilidad de Sumar y Podemos ha conseguido que sus resultados no sufran tanto al acaparar el voto de la izquierda. Los resultados en Andalucía, por otro lado, auguran una derrota sin precedentes, que pondrían al Gobierno socialista sobre las cuerdas y al filo del precipicio.

Sólo la convocatoria de elecciones, el adelanto electoral, podría salvar mínimamente la crisis generada en el PSOE por la corrupción, por la forma de gobernar y por las decisiones equivocadas tomadas sin cesar desde el Ejecutivo, obligado por la presión de sus socios, la izquierda más a la izquierda, o los nacionalistas y separatistas vascos y catalanes. El aplazamiento de la reforma de los arrendamientos podría ser, perfectamente, una estrategia para no asumir ese paso que castigaría aún más sus anhelos de no perder más diputados, de convocar elecciones. También la promesa hecha hoy a Junts de eliminar el IVA a los pequeños autónomos podría ser una promesa a un futuro que nunca llegaría y dejaría la pelota en los que llegaran en una complicada situación, con un déficit por las nubes y un nivel de gasto imposible de asumir. Sumar está descabezada en estos momentos y les sería muy complicado, en algo más de un mes, elegir a un líder y hacerlo visible, lo que le daría muchos de sus votos.

¿El problema? Que Juanma Moreno y el PP también han jugado a su propia estrategia y han anunciado con el mínimo de tiempo posible la convocatoria de elecciones, de tal manera que Sánchez tiene un margen muy corto, escasos días, para dar el paso decisivo, montarse una excusa y dar la cara. Es muy probable que lo haga. Estratégicamente, es el mejor momento o, al menos, el menos malo. El PP lo sabe y ya le gustaría que agotara la legislatura o que la legislatura muriera por la imposibilidad real de poder seguir defendiendo un proyecto con tanta presunta corrupción manifiesta, y a una familia de un Presidente que ha usado todo lo posible sus influencias para enriquecerse y lucrarse.

Como decía el gran Julio Anguita, «Al ladrón no le votéis aunque tenga la hoz y el martillo». Y ahora todos deberíamos repetir: «No a la guerra, no a los corruptos».  

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