En España no somos ajenos a las ramificaciones del poder y a la influencia que han podido ejercer personas cercanas a los máximos poderes del Estado. Pero, quizás, uno de los más “icónicos” sea el que representa a la que fue la mujer del dictador Francisco Franco. Tanto es así, que se la conoció con el sobrenombre de “La Collares”. Más allá de la presunta leyenda negra que se podría entender atendiendo a la naturaleza del poder que representa la mujer de un dictador, son muchísimas las personas que testifican y ratifican el ejercicio de la influencia y hasta del miedo que podría suponer el cuestionarla o simplemente molestarla por algún motivo.
El apodo de “La Collares” le vino al dedo a causa del estupor que causaba entre los joyeros a los que visitaba. Carmen Polo era una auténtica amante de los collares de perlas y rara era la vez que no salía con uno puesto del establecimiento de turno y sin hacer el pago del mismo, según las fuentes de los propios empresarios que no se atrevían a pedirle ajustar el pago de aquello que se agendaba y que luego lucía como propio en cada acto, fotografía o video captadas por las cámaras de la época. Recibir la visita de la por entonces mujer del Jefe del Estado era recibir a un expropiador de collares al modo del Chávez de los negocios, locales o viviendas cuando este ejerció su poder absoluto en el pueblo de Venezuela.
Pero también tenemos otros ejemplos en democracia en España, como fue el caso de tráfico de influencias del hermano de Alfonso Guerra, Juan Guerra que, aunque finalmente fue declarado inocente de todas las acusaciones, la utilización política hecha de este escándalo forzó la dimisión del entonces vicepresidente del Gobierno y hermano del acusado en 1991. Eran tiempos en los que no sólo se veía de obligado cumplimiento el ser, sino también el aparentar ser.
En el terreno internacional, uno de los casos más llamativos se produjo por parte de la mujer del Presidente de Filipinas, Imelda Marcos. Si a la propia la llamábamos “La Collares”, a la filipina, sin duda, deberían haberla apodado “La zapatos”. Sin duda, los filipinos tuvieron en esa época un mayor nivel de romanticismo y la terminaron llamando “La Mariposa de Hierro”. Era tan adicta a la posesión de esta prenda de calzado que cuando se vio obligada a huir del país en 1986 encontraron que se había dejado olvidados en el palacio en el que residía, al menos, 1.000 pares de zapatos, aunque se estima que poseía más de 3.000 de estos. Posiblemente, tuvo que verse obligada a dejar los que menos le gustaran porque no le cabrían en las maletas en la huida y podrían haber supuesto alguna incomodidad de movimiento en tan delicada situación. Bueno, todo hubiese sido una divertida anécdota que hubiese arruinado las arcas familiares si su estatus y el de su marido no hubiesen estado señalados por un saqueo continuado de las arcas filipinas que elevó a multimillonaria la fortuna familiar. Y, cuidado, a pesar de que fue condenada a 40 años de cárcel nunca entró en prisión, ya que el momento en el que esto se produjo la bien calzada tenía la avanzada edad de 89 años, algo que evitó que esa situación se produjera. Hay quién dice y quién piensa que, posiblemente, su poder económico y los sobornos pudieron hacer el resto. Actualmente, ya más de hierro que mariposa, Imelda tiene la edad de 96 años y, sin duda, está decidida a morir con las botas puestas.
Pero no toda la ambición de una primera, o segunda dama de un país se reduce a su deseo de poseer multitud de zapatos o collares. Estamos en otros tiempos y la mujer actual quizás no prefiera presumir de vestuario o decoraciones en su cuerpo, algo que normalmente les es muy accesible, sino que demandan poder, estatus de líder, de dirección. Y esa es la línea de fijación que sigue el caso de la mujer de Pedro Sánchez, Begoña Gómez, a la sombra, eso sí, del poder de su marido. Un poder al que, por las informaciones vertidas en multitud de medios, no habría llegado sin la ayuda económica familiar de su esposa, con negocios más que cuestionables relacionados con la prostitución en los que la misma segunda dama estuvo implicada ayudando a su padre, según fuentes periodísticas de este país.
Más allá de los excesos del poder, aunque este sea de izquierdas y ordene al resto de la población la austeridad que requiere un nivel de impuestos hasta el momento desconocido y un gasto público en lo que no es público ni español, sino venido de otras tierras, como los magos de oriente, solo que en este caso sin oro, sin mirra, y sin incienso (bueno, este es otro debate al que han impuesto el miedo de no poder cuestionar debido a que hacerlo es sinónimo, en la post verdad socialista y de izquierda extrema, de racismo, xenofobia y de mal decisor sobre dónde se debe de gastar el dinero que se aporta al Estado), lo cierto es que la mujer del Presidente del Gobierno, además de ser única por su posición de esposa de Sánchez, es la única mujer (y creo que hombre) en este país que ha accedido a vice presidir una cátedra en una universidad pública sin tener la titulación oficial de doctorada, mucho menos aún ni de licenciada o graduada de forma oficial. El caso de Begoña es el de la única mujer que sin estudios oficiales (que sepamos), ha conseguido puestos de responsabilidad y de decisión en organizaciones internacionales, en este caso vinculadas a África, a esa África en la que, presuntamente Ábalos habría intentado, al menos, tener negocios bancarios suculentos.
El caso de Begoña es el de la única mujer que conozcamos que habría impartido un máster oficial sin estudios de doctorado y que, presuntamente, se habría apropiado del software que se hubiese creado mediante sus influencias en torno a una universidad pública. El caso de Begoña Gómez es el de una mujer empoderada, pero no quizás a través de su propio esfuerzo académico y personal sino, presumiblemente, a través de su influencia como mujer del Presidente del Gobierno.
Y sí, presuntamente todo, se enfrenta a juicio por haber cometido, según la acusación, cuatro delitos, corrupción en los negocios, tráfico de influencias, malversación y apropiación indebida. Más allá de respetar su presunción de inocencia, no sin por ello valorar las cuantiosas y llamativas pruebas que rodean el caso y por las que han pedido una pena de 24 años de cárcel, el caso de Begoña Gómez, para su marido no es el motivo de reflexión, de respeto a la justicia, de considerar la necesidad de un juicio justo en el que se aclaren todas las pruebas y se proclame la inocencia o culpabilidad de la misma. No. Para el Gobierno este ha sido un caso que se ha intentado tumbar de cualquier forma, mediante reformas legislativas, mediante apartar al juez instructor, forzar su jubilación anticipada, menospreciar su labor como juez…
En 1991, el vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, dimitía por la acusaciones que se cernían sobre la figura de su hermano y que le salpicaban a él. Hoy en día, año 2026, todo es fango, ultraderecha, politización de la Justicia… en una galaxia paralela, la misma justicia juzga a miembros del PP por diversas causas, la más llamativa el caso Kitchen. Las cosas del barro, que cuando salpica mancha pero, sin duda, es un elemento idóneo para ocultar la verdad, sea o no sea la que deseamos que resulte.
Ser o no Ser, será lo que quede para nuesra memoria histórica futura, la de un futuro cada vez más incierto gracias al fango, que todo lo oculta, para el interés de muy pocos afortunados que se inhieren el poder de repartirlo.
Periodista, Máster en Cultura de Paz, Conflictos, Educación y Derechos Humanos por la Universidad de Granada, CAP por Universidad de Sevilla, Cursos de doctorado en Comunicación por la Universidad de Sevilla y Doctorando en Comunicación en la Universidad de Córdoba.
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