Hoy podemos decir que los andaluces hemos sufrido una traición generalizada del conjunto de las fuerzas políticas con representación en el Parlamento de Andalucía. El resultado de la firma del acuerdo del PP de Moreno Bonilla con VOX no contenta a casi nadie, no es un proyecto ilusionante y es un palo en las ruedas de un recorrido que, con sus enormes sombras en lo público, especialmente en sanidad y educación, ha llevado a cierto nivel de desarrollo proyectos de la tan necesaria industrialización de Andalucía, misión que dejó pendiente de su verdadera ejecución después de pasar durante más de 40 años al frente de su Gobierno.
La ruptura del proyecto de los populares de Bonilla anticipan una legislatura en el que el ambiente social y político se va a recrudecer enormemente. Los andaluces no son un pueblo tan conformista como otros. Y lo es, quizás, porque más que ninguno otro terminó sufriendo las consecuencias de la represión franquista, por la precariedad de su infraestructura industrial y su dependencia absoluta del sector terciario que en esos tiempos pretéritos se caracterizaba por la posesión de grandes latifundios en los que eran explotadas familias enteras, o los famosos cortijos, llevados también con unas condiciones muy mínimas en derechos y en salarios. Hubo mucha explotación. También lo fue por la dependencia del sector turístico. Y ya sabemos lo que pudo ser de los horarios y sueldos de este sector en aquellos tiempos. Esto, no sólo explica claramente, junto a la represión y consecuencias de la guerra en muchos pueblos y ciudades, la inclinación por una izquierda que este pueblo permitió, hasta últimos extremos, que los gobernara el PSOE tantos años.
La decisión de Moreno Bonilla de pactar con VOX ha supuesto una traición para los andaluces que en su mayoría rechazaban esta opción, y él lo sabe. Se ve en sus imágenes de la firma, en sus apariciones en público y hasta en el momento impostado en el que le da la mano a su nuevo vicepresidente, Gavira, de este partido. Sabe que se presenta una legislatura muy difícil. Posiblemente no por la aprobación de todo lo que se presente, ya tiene la mayoría; no por tener enfrente a una oposición con una fuerza suficiente como para opacar en el ruedo político las decisiones que allí de tomen; pero sí en el ámbito social. Las 150 medidas aprobadas en el pacto suponen toda una amenaza para muchos sectores primordiales para garantizar esa paz social de la que tanto ha presumido el ya, de nuevo, Presidente de la Junta.
Llevar a los extremos asuntos como la inmigración, el asociacionismo o el sindicalismo supone toda una afrenta a esa parte de Andalucía tan importante para poder avanzar, y Moreno Bonilla lo sabe. Sabe perfectamente que las consecuencias de esta decisión de pacto llegarán en modo de continuas protestas, de manifestaciones, de alteración social y de indignación, justificada en buena parte de los sectores implicados. Intentar lavar las decisiones con una irrisoria bajada de impuestos no va a frenar el impacto, sino agrandarlo, que las decisiones van a tener en sectores ya tan tocados como son la sanidad o la educación y, mucho me temo, a tenor de que Gavira se ha hecho con Justicia, de que muchos jueces van a observar ciertas injerencias que no les van a hacer la mínima gracias.
VOX no es un proyecto político nacido o existente en estos momentos con el fin de construir sino de destruir. Y esto no tiene matices. Acabar con medidas tan importantes como las de protección del Medio Ambiente por el inexplicable y absurdo negacionismo de un cambio climático que cada año afecta más a la seguridad y a la calidad de vida en la mayoría de las partes del mundo, que provoca reacciones climáticas, entre otras, con resultados dramáticos, no es una decisión ni inteligente, ni acertada, ni admisible, ni pactable. Que el PP andaluz compre relatos contra la inmigración o contra colectivos como el LGTBI, o relativice conceptos como el de la violencia de género es absolutamente desesperanzador. Las mujeres y los colectivos como el LGTBI también forman parte de esta nación llamada España y muy particularmente de esta Andalucía en la que todo lo peor se vivió siempre con más intensidad. También el machismo y la homofobia. Los andaluces, en su inmensa mayoría, no van a tolerar ese relato ni la disminución de derechos o libertades, o cualquier discurso o decisión que lamine la dignidad de mujeres, homosexuales o inmigrantes por el simple hecho de serlo.
Tampoco, y este aspecto es muy importante, los andaluces van a entender que se menoscabe a los sindicatos, por muy mala fama que algunos hechos delictivos juzgados hayan perturbado su imagen. Porque los andaluces, mejor que ningún otro pueblo de España, saben bien que, con las posibles sombras que puedan interpretar, los sindicatos son protagonistas de los grandes cambios en derechos que han permitido a muchas familias poder comer esas gambas que tiempos atrás, para ellas eran prohibitivas. Sí, más allá de lo que podamos recriminar a los sindicatos, sin ellos no se entendería el estado de derechos laborales, de protección contra accidentes, de defensa de la dignidad en el ejercicio profesional y de los importantes avances que a nivel empresarial, de sectores, regional y nacional han permitido importantes subidas salariales y la consolidación de derechos, de estabilidad y de garantías. Por eso muchos andaluces ven de forma alarmante el recorte a los sindicatos. A los sindicatos se les puede exigir un comportamiento, pero no restar la importantísima labor que llevan acometiendo desde el comienzo de la etapa democrática en España.
Andalucía no es como el resto de España. El PP pudo conseguir a avanzar y triunfar desde Andalucía en la consecución de feudos regionales pero debe tener mucho cuidado porque puede ser, perfectamente, desde Andalucía, desde donde pueda comenzar a perderlos. Los andaluces no se venden porque saben perfectamente cambiar de rumbo cuando sus derechos, su vida, sus servicios públicos y su dignidad se pone en juego.
Moreno Bonilla está muy preocupado, y se le nota. No es para menos. Sabe perfectamente a lo que se enfrenta. VOX no es Ciudadanos, con el que vivió el mejor despegue posible después de hacerse con el Gobierno de la Junta. VOX va a querer, por todos los medios, fagotizar en lo posible al Gobierno del que va a formar parte, porque saben que es la única forma de sobrevivir a una coalición. La historia lo demuestra. Ningún partido político que ha firmado un pacto por la mayoría del Gobierno en la Junta y ha formado parte de él ha sobrevivido para contarlo.
Pero comenzaba este artículo hablando de la traición que sobre los andaluces era del conjunto de las fuerzas políticas con representación en Andalucía. Y, efectivamente, así lo creo, sin duda. Este pacto no se habría materializado si la izquierda hubiese aportado dos votos a favor de la investidura para, así, evitar este pacto que tanto se han lanzado a criticar una vez firmado. La izquierda en Andalucía es corresponsable de que esto haya sucedido. Han priorizado su ego, su imagen de odio hacia la derecha, su egocentrismo supino, y han mostrado con ello que, verdaderamente, carecemos de una izquierda que muestre la más mínima preocupación por la ciudadanía, por los andaluces. Un pacto de gobernabilidad que hubiese dejado al PP en minoría habría sido la oportunidad perfecta para avanzar en cada debate, en cada votación, hacia un consenso que hubiese aportado muchísima más riqueza de prosperidad para Andalucía, respetando derechos, libertades, y protección para toda la ciudadanía, por encima de lo que tengan, de lo que representen, de su género, religión o tendencia sexual. Hoy, la mayoría de la ciudadanía andaluza podemos gritar, sin duda, que todos nos han traicionado.
Por desgracia, todos acaban olvidando que cualquier gobierno debe gobernar para todos, absolutamente para todos, y respetar unos principios que no deben ser pisoteados bajo ningún concepto.
Periodista, Máster en Cultura de Paz, Conflictos, Educación y Derechos Humanos por la Universidad de Granada, CAP por Universidad de Sevilla, Cursos de doctorado en Comunicación por la Universidad de Sevilla y Doctorando en Comunicación en la Universidad de Córdoba.
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