A Pedro Sánchez le cuesta aceptar una realidad incuestionable: su ciclo al frente del Gobierno ha entrado en fase terminal. Sin embargo, el orgullo y la soberbia que proyecta le impiden retirarse con la dignidad de un estadista; prefiere prolongar la agonía de un Ejecutivo lastrado por la corrupción política, la inestabilidad y la mentira, antes que reconocer ante los españoles que el peso de dirigir nuestro país lo supera.
Bajo ningún concepto está dispuesto a pasar a la historia como el líder que nunca ganó unas elecciones generales siendo candidato del partido más votado. Tampoco como el presidente que tuvo que ser destituido o dimitir por las miserias que, supuestamente, él mismo ha generado o encubierto. Y mucho menos a asumir la posibilidad de que, en un futuro no muy lejano, termine ante los tribunales como investigado y, quién sabe, quizás incluso como condenado.
En el Congreso de los Diputados, Sánchez apenas cuenta con el respaldo de un puñado de dirigentes, prácticamente todos del PSOE. Un apoyo que, más que a una lealtad ideológica, responde a un puro instinto de supervivencia: conservar el escaño, el sueldo y los privilegios. Porque, para muchos de ellos, la política es su único proyecto vital. Por eso necesitan proteger a toda costa a la gallina —o, en este caso, al gallito— de los huevos de oro.
Un ejemplo claro de esta lógica lo encarna Patxi López. Hoy defiende a Su Sanchidad con firmeza, pero, cuando ambos competían por la Secretaría General del PSOE, el exlehendakari no dudó en mostrarse beligerante contra él. El contraste entre aquel Patxi candidato y el fiel escudero del presente es tan evidente que basta con revisar sus antiguas intervenciones en YouTube para comprobarlo. Una lealtad tan intermitente solo puede entenderse desde el interés personal.
En definitiva, por mucho que Sánchez y su núcleo duro «feminista-progresista» del Temu intenten aferrarse al poder mediante decretos ley, normas controvertidas y el apoyo incondicional de sus más fieles sincronizados, el ciclo que los ha sostenido toca a su fin. Solo falta ponerle fecha, hora y escenario al final anunciado. Y cuando ese acontecimiento se produzca, para la inmensa mayoría de los españoles será memorable… incluidos bastantes votantes de izquierdas que todavía no lo saben.
Periodista bilbaíno a jornada completa, anteriormente locutor en Cadena SER Miranda y al mismo tiempo articulista en diversos medios digitales. Amante del gimnasio y la naturaleza a tiempo parcial.
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-Steve Jobs.
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