Hay silencios que emocionan, hay silencios necesarios, hay silencios que son principio y fin y hay silencios que ofenden y humillan a quienes los generan y a quienes los reciben.

A estos últimos me refiero; Después de cuatros largos días de violencia callejera, protagonizada por grupos de jóvenes, destrozando propiedades públicas y privadas y atacando con suma violencia a las Fuerzas de Seguridad, hemos oído al Sr. Sánchez salir de su Silencio, para hacer una declaración escueta y muy medida, defendiendo» que, en una Democracia como la nuestra, no cabe ningún tipo de violencia “.


Llama el extremo cuidado del Sr. Presidente del Gobierno en eludir condenar las incendiarias manifestaciones de sus socios de Gobierno y en manifestaciones del propio Vicepresidente y Portavoz, justificando y apoyando las manifestaciones violentas y los ataques a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.


Este silencio del Sr. Sánchez, es tan llamativo, que nos hace reflexionar sobre una estrategia predeterminada a medio y largo plazo. Solo si la situación actual lo permite y aguanta los dos años de legislatura, se detecta una intención de captar los votantes de Podemos que evitan la radicalidad y la violencia.


Pero nadie habla de otro silencio, que quizás duela más y casi pasa desapercibido. Es el que sienten los hombres y mujeres que visten cada día el uniforme que ven con asombro y desánimo el insultante silencio del Ministerio del Interior y de los políticos más cercanos. Todos ellos enfrascados en sus disputas políticas de salón, intentando mantener su estatus y sueldos. Eso sí, bien protegidos y a cubierto, mientras estos policías intentan poner orden y cordura en toda esta sinrazón, además intentando aplicar con profesionalidad ese difícil equilibrio de proporcionalidad, al cual se deben.

¿Alguien ha pensado también en el profundo silencio de sus familias, a la espera de que vuelvan a casa cada día sanos y salvos después de las brutales agresiones que sufren?Pues yo lo puedo explicar de primera mano: nuestro silencio va unido al profundo respeto que sentimos por quienes por vocación un día decidieron defender los derechos y libertades de todos los ciudadanos y el mantenimiento del orden.


Es una paradoja que después de más de 80.000 muertos, con una gestión nefasta de la pandemia, con un sufrimiento insoportable y ejemplar de una población obediente, haya gente que salga a la calle a protestar violentamente, sin medidas de seguridad, sin el mínimo respeto al orden social, por el encarcelamiento de un delincuente, juzgado y reincidente, en aras de una hipotética ‘Libertad de Expresión’, perfectamente definida y argumentada en nuestro Estado de Derecho y a cambio solo hemos recibido del Gobierno… silencio.

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Publicado por
María José Sañudo

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