Deportes

Respeto al arbitraje

El pasado fin de semana saltó la polémica en la Liga Santander, con los tres penaltis y el gol anulado al Celta ante el Real Madrid. Más allá de las palabras de Aspas, que ya han sido denunciadas al Comité de Competición desde la Comisión de Integridad, la opinión futbolística se ha echado encima de González Fuertes y Cuadra Fernández, quien había sido designado como VAR. Pero, ¿realmente llevan razón?

Empecemos por el gol anulado. Las Reglas de Juego establecen que un jugador comete infracción de fuera de juego si interfiere en el balón, un adversario o saca ventaja de un rebote o rechace. El segundo caso es el de la acción de Balaidos, donde Aspas, que en el momento del remate está en posición ilegal, interpone su cuerpo entre Alaba y el balón con el fin de que el defensor no pueda intervenir para evitarlo. Cuadra Fernández acierta al advertir desde el VAR para que el árbitro de campo vea la acción en el monitor.

En cuanto a los penaltis, en ningún sitio del reglamento queda establecido el número máximo de penaltis señalables en un partido o a un equipo. El primer penalti es claro, mientras que en los otros dos la sensación es que el contacto es insuficiente para señalar tiro penal. Hay que recordar que los criterios para señalar la pena máxima son los mismos que para un libre directo normal. Sin embargo, el problema es que los demás juzgamos por una imagen, por lo que no percibimos la intensidad que se pueda juzgar en el campo.

En cuanto al VAR, la entrada a estas jugadas por parte del VAR es imposible debido a dos razones. La primera es que el video arbitraje solo actúa en caso de errores claros y manifiestos, lo cual no es el caso. La segunda es una directriz relacionada con la primera. En el momento que hay contacto, la intensidad del mismo es algo que queda (coletilla que mata a los colegiados) a interpretación del árbitro, por lo que es algo subjetivo no valorable por el VAR.

Por tanto, es más fácil discrepar que criticar, más sencillo debatir que discutir y más noble escuchar que atacar sin miramientos, como Aspas o como los medios de comunicación, la mayoría de Barcelona, que aprovechan todo para un periodismo de bufanda injustificado y miserable.

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