Corría el 17 de mayo de 2024 cuando, en el programa Al Rojo Vivo, dirigido y presentado por Antonio García Ferreras, un Presidente del Gobierno de España llamado Pedro Sánchez pronunciaba exactamente estas palabras: “A ver, si se están respetando los Derechos Humanos en Gaza, yo tengo mis serias dudas, mis serias dudas. En todo caso quien tiene que clarificarlo es la Corte Penal Internacional y el Tribunal Internacional de Justicia”. Algo más de un año después, Sánchez no solo tiene claro que no se respetan los Derechos Humanos y, además, tiene claro que se trata de un genocidio, aun no habiéndose pronunciado los tribunales realmente habilitados para considerar tal situación. De nuevo, Sánchez se marca un “no pactaré un Gobierno con Podemos porque, si no, no podría dormir por las noches”. Debe ser que ya le debe horas de sueño a cada día que su imagen se haya visto tan afectada por la delgadez y por una demacración que va más allá del maquillaje cuando le interesa aparentarla y motivar con la pena la credibilidad que, para los verificadores de la verdad, más allá de las dependencias ideológicas y de la pleitesía de izquierdas al líder de turno, hace tiempo que no existe.
En el mismo programa… menos mal para él que lleva muchísimo tiempo sin conceder entrevistas, y eh aquí la razón del por qué, para no pillarse más las manos de lo que siempre lo ha hecho, para no dejar huellas de sus cambios y alteraciones y giros de opinión sobre cualquier cosa dependiendo del interés que para él, principalmente, y para su partido, en el sentido de esconder la basura y de fortalecerlo en el poder, pudiera representar tal exposición… Decía que en el mismo programa, aseguraba que desde el pasado 7 de octubre, es decir, desde un año después de los atentados de Hamás a Israel, España “no aprueba licencia de exportación de armas». Curiosamente, eso no quiere decir que no se siguieran exportando, pero juega con el lenguaje para hacer creer a la opinión pública que no se está haciendo. Pero, para más INRI, asegura sobre la guerra entre Israel y Hamás que «se necesita ayuda humanitaria y el cese de la guerra. Todo lo demás es espuma». Bueno, algo más de año y medio después, la espuma se ha vuelto auténtico veneno dirigido directamente contra Israel, presuntamente presionado por sus socios de Gobierno pro palestinos que, una vez más, lo habrían puesto con la espalda en la pared y coincidiendo con la necesidad de prender un fuego, y perdónenme por lo pirómano del comentario, que esconda lo máximo posible los escándalos judiciales de su familia, su partido y sus compañeros y ex amigos de la formación socialista. Todo vale.
De hecho, este punto queda bastante palpable en la misma entrevista que, a día de hoy, no tiene desperdicio histórico para quien quiera tener memoria histórica reciente o para quien quiera darle un repaso en la web. Así, Sánchez acude al victimismo asegurando que lleva 10 años siendo acosado él y su familia. ¡Bienvenido al mundo de la política, Pedro! ¡Te presento a Rita Barberá, que en paz descanse, o a Camps, que también descansa, aunque de otra manera, tras haber sido absuelto de unos delitos por los que toda la izquierda lo criminalizó, ridiculizó y persiguió mediáticamente, en redes sociales o en la calle, o a Isabel Ayuso, condenada como Israel por el Tribunal Sánchez por tener una relación sentimental sin tener contrato matrimonial de por medio y por unos presuntos delitos cometidos antes de conocerse! Una sentencia, por cierto, altamente feminista, claro que sí. Y es que supongo que a las mujeres que no son de izquierda no se les aplica.
Por si esto fuese poco, Sánchez tuvo la suerte de, además, condenar a los medios críticos, porque eso de la libertad de expresión y de información debe ser cosa de extraterrestres, y al mismísimo Consejo General del Poder Judicial al que acusó de “atropello a la Constitución”, y se quedó tan pancho. Claro que, para alguien de esta catadura moral, que cualquier decisión judicial no beneficie a sus intereses es un atropello, cuando su pensamiento totalitarista va más allá de aquello que pronunció Lusi XIV el 13 de abril de 1655 ante el Parlamento de París, a los dieciséis años de edad: “El Estado soy yo”. Yo le haría al Presidente la prueba de ADN, a ver si estuviésemos ante el verdadero sucesor de la corona de Francia, y así encontramos una salida a esta situación tan desagradable.
El resto de la entrevista se puede resumir muy fácil: fango, conspiración, ultraderecha, la fruta de Ayuso, barro, España cohete, Begoña lo hizo todo bien porque es mi mujer… y poco más. Ah, bueno, sí… que resulta que la mayoría del parlamento en Cataluña es del PSOE y que Puigdemont se joda y que, presuntamente, esto no afectará a la mayoría del Congreso porque tienen otros apoyos. Sí, claro, y porque hay mucha España que vender, que diríamos muchos y demostró él.
Me paro a leer lo hasta ahora escrito y, pese a que lo de “genocidio” para calificar libremente lo de Israel en Gaza quedaría en una simple anécdota si no fuese por la repercusión que esto traerá para nuestro país, más aún si lo unimos al enfrentamiento innecesario con la administración Trump o su alineación con paraísos democráticos con los que se siente tan cómodo del orden de Venezuela, Rusia o China. Esto no pinta nada bien y muchos aún no son conscientes, y me refiero a los militantes de la izquierda alistados a base de adoctrinamiento y obligados en su condición de izquierdas a rendir fiel seguimiento, por su honor y dignidad, a las élites de la izquierda capitaneadas por el camarada, o caradura para algunos sectores ya de la propia izquierda, Sánchez.
Curioso es que una de las técnicas de control social más usadas por los políticos populistas es el acusar al adversario de las propias fechorías para desviar la atención o para dar de comer a las hordas anteriormente amaestradas en el arte de amar al propio y de odiar a los ajenos, a todos los de derechas y a todos los que pongan en duda la doctrina de los martes, día santo de liturgia o Consejo de Ministros y de propagación de la fe con las misiones aprobadas en el mismo.
Ayer una serie de críticos socialistas se reunieron en Madrid para preparar una salida tras la esperada muerte política de un Presidente que, presuntamente, agoniza de poder y de corrupción y engaño, quizás de éxito de sí mismo y de fracaso ante la gran mayoría social a la que tanto siempre le gustó nombrar. Si hay algo bueno en esto no es sino que se ejemplarice que ser de izquierdas no es tener tragaderas hasta lo impensable, que los propios líderes también pueden traicionar a sus partidos, a sus seguidores y a su bandera ideológica; que todo es maleable de mejorarse pero que, una vez podrida la fruta, que diría Ayuso, nada mejor que tirarla y cultivar otra más resistente y que no termine amargando.
Puestos a analizar en profundidad, hay pocas cosas que nos deben quedar más claras que el hecho de que cada vez más personas de izquierda se sienten huérfanos de líder o líderes, o lideresas o lidereses, que cada vez hay más gente defraudada a la que ya no les convencen las mismas retahílas, los mismos fangos y que han descubierto aquello de que… de aquellas lluvias son estos lodos, que no nos engañen.
Pero, sin duda, la que más clara nos debe quedar a todos, todas y todes, es que en este país, donde se ha juzgado y condenado a políticos del PP, de VOX, y hasta a miembros de la Casa Real… en este país no existe lawfare, lo que realmente existe, y cada vez más palpable, es la existencia de un Sanchezfare. Y la izquierda, cuanto antes lo asimile y pase página, más rápida podrá ser para ella la necesaria reconstrucción de sí misma, especialmente el PSOE. Y esto lo digo con enorme tristeza, pero alguien lo tiene que decir. Hoy en día, trabajar por una transición en la izquierda dejando el sanchizmo detrás es defender a la verdadera izquierda de un ocaso que no se merece.
Periodista, Máster en Cultura de Paz, Conflictos, Educación y Derechos Humanos por la Universidad de Granada, CAP por Universidad de Sevilla, Cursos de doctorado en Comunicación por la Universidad de Sevilla y Doctorando en Comunicación en la Universidad de Córdoba.
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