Cultura

Sin filtros ni disfraces: lo que hay detrás de mi sonrisa

Queridos lectores, en el artículo de hoy no voy a hablaros de política ni tampoco de actualidad ni de nada que esté relacionado con lo que sucede en este país. Si os soy sincero, no tenía ni idea sobre qué escribir y, precisamente por eso, he decidido abrirme en canal a vosotros. Siento la necesidad de contaros quién soy, cómo soy y por qué motivo soy así. Quizás ni siquiera use un lenguaje perfecto; me estoy dando a conocer en estas líneas y, como comprenderéis, soy tan humano como cualquiera de los que me leéis en este espacio llamado Minuto Crucial.

No tengo la intención de presentarme como si esto se tratara de una entrevista. Me considero lo suficientemente cercano como para saber que no hace falta una presentación formal cuando alguien utiliza estas líneas para expresar lo que lleva en su interior. Fuera de ellas, soy una persona de lo más normal del mundo: con mis manías, mis miedos, mi gracia, mis tonterías y mi particular sentido del humor. Pero, sobre todo, alguien que busca permanentemente su bienestar y el de los suyos. Aunque, últimamente, siéndoos sincero, estoy más centrado en mí que en los demás.

Afuera de este artículo, la realidad es tan cruda, mezquina y miserable como, a la vez, verdaderamente dolorosa. Es esa realidad la que te pone en el camino y demuestra que puedes avanzar, aunque no tengas un rumbo claro. De hecho, quiero contaros que, durante los últimos cuatro años, mi vida la he dedicado a cuidar de una persona con movilidad reducida. Sí, lo sé; eso demuestra calidad humana y un compromiso desinteresado.

Sin embargo, el tiempo pasa y, si no cumples el objetivo de lograr que esa persona consiga rehabilitarse, el tiempo te castiga lentamente… Hasta que la realidad viene para expresarte que el tiempo se acaba y que nada es para siempre, porque has de ganarte el pan con el sudor de tu frente y que nada de esto sirve si no puedes valerte por ti mismo.

Y eso, honestamente, es lo que busco en este momento: ser yo mismo. Pero, a la vez, no concederle nada al contrario que pueda usar en mi contra. Porque sí, al igual que millones de personas en este país, busco un trabajo estable que me ponga en el camino y sirva para centrarme en lo que verdaderamente importa: mi futuro y estabilidad. Y no, no es egoísmo, sino puro sentido común. Porque, como dice mi padre —hola, papá, sé que leerá estas líneas—, nadie va a regalarme nada, motivo por el cual jamás debo esperar nada a cambio.

Reconozco que, en muchísimas ocasiones, puedo llegar a perder mis estribos. A veces, tanto mi carácter como mi personalidad y mis sentimientos afloran demasiado, hasta el punto de volverme irreconocible. Pero supongo que forma parte del proceso, ese de sentir que tengo derecho a expresar lo que siento, pese a que, en la mayoría de las ocasiones, prefiera permanecer en silencio para no mostrar esa bestia que habita en mi interior. Porque sí, también tengo esos pensamientos intrusivos o impulsivos, pero consigo frenarlos de una manera lógica y elocuente. Al final, siento que debo cambiar las cosas, aunque todavía no haya llegado el momento adecuado para ello.

Por lo demás, debo hacer mención a Jonathan Turrientes, director de Minuto Crucial, quien me dio la oportunidad de estrenarme como articulista en este digital hace aproximadamente un año. Le estoy completamente agradecido porque, desde ese primer artículo, he conseguido darle rienda suelta a la imaginación, a la vez que se la doy a la coherencia y a la razón. Muchas gracias.

Y, para concluir, quiero daros también las gracias a todos por vuestro apoyo. Estas semanas no están siendo las mejores de mi vida, para nada. Pero, aunque me encuentre mal, sé que siempre habrá algo de esperanza para seguir avanzando en este camino llamado vida. Por ese motivo, voy a seguir escribiendo y soltando por aquí todo lo que pienso y siento. Gracias a todos nuevamente y hasta la próxima.

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Publicado por
Joaquín Caballero

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