España

España presume de crecer, tus bolsillos no

La OCDE ha sacado pecho: España crecerá un 2,6 % en 2025. Lo mismo, curiosamente, que la inflación prevista. Un empate técnico que, traducido al lenguaje de la calle, significa que el país avanza, sí, pero tú sigues en el mismo sitio. El PIB sonríe; tu cartera bosteza.

Porque la macroeconomía suena muy bien en los titulares, pero no sirve para pagar el alquiler ni llena la nevera. Las estadísticas son ese primo que siempre promete venir a ayudarte, pero nunca aparece cuando hay que cargar las cajas. Y mientras los gráficos ascienden, los salarios reales siguen encogidos, incapaces de seguirle el paso a los precios.

Se nos dice que el consumo privado aguanta fuerte. ¿En serio? Claro, si consideramos como “consumo” la caña a tres euros y el billete de lotería. Pero la verdad es otra: cada verano, familias enteras eligen entre gasolina o aire acondicionado; cada invierno, entre calefacción o Netflix. El optimismo oficial es un chiste contado en Bruselas con cargo a la cuenta de quienes aquí hacen malabares con la compra.

La economía española, dicen, “lidera el crecimiento entre los grandes países europeos”. Y sí, tal vez lideramos… pero en malabares cotidianos, en contratos precarios, en sueldos que llegan tarde y en precios que siempre llegan antes. El país progresa en las estadísticas, pero retrocede en la caja registradora.

Lo irónico es que se celebre este dato como un logro compartido, como si mañana la hipoteca bajara sola, como si el supermercado nos hiciera un descuento patriótico o como si las nóminas fueran a engordar por arte de magia. Pero no: el dato oficial vive en la estratosfera; la vida real, en la cola del súper.

Un país no se mide por las décimas que aplaude la OCDE, sino por la dignidad con la que sus ciudadanos llegan a fin de mes. Y ahí está la herida: crecemos hacia fuera, nos encogemos por dentro. Porque la verdadera riqueza no se mide en gráficos de Bruselas, sino en neveras llenas y vidas sin sobresaltos. Y mientras tu sueldo juega al escondite con la inflación, el único crecimiento real es el del cabreo colectivo ante titulares que ya no engañan a nadie.

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