España

Las gafas de Pedro

Nunca un accesorio había generado tanto revuelo político. Es por ello que hoy comparto mis impresiones sobre este singular objeto: para ser exactos, las gafas del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Son, sencillamente, espectaculares. Parecen tener el poder de hipnotizar tanto a los miembros del partido que gobierna España como a toda la oposición. Incluso los propagandistas más sincronizados no pueden evitar sentirse engatusados por ellas. En el Senado, el pasado jueves, solo brillaron dos figuras: Pedro Sánchez -por sus gafas, como es evidente- y una senadora de UPN. El resto, patatas.

Este accesorio, ¿de la marca Dior?, ha logrado que el presidente eluda responder preguntas trascendentales; que el Partido Popular no se esfuerce -salvo durante un nanosegundo- en mostrar contundencia frente a quien acumula tanta controversia a su alrededor; y que Vox, en una ocasión en la que debería haberse lucido alzando la voz, va y no lo hace, dejando que Pedro Sánchez se pasee campante por un cuadrilátero donde eran “chorrocientos” contra uno y donde, gracias a sus gafas fashion y contra todo pronóstico, ha salido vivito y coleando.

Y es entonces cuando me pregunto: ¿para qué narices sirve el Senado, más allá de ser ese típico “cementerio de elefantes”, donde reposan viejas glorias y figuras que caen en gracia a los líderes de todos los partidos sin excepción? Espero que alguien se tome la molestia de ofrecerme una respuesta razonable, porque, en mi opinión, con el Congreso de los Diputados tendríamos suficiente. Mantener a “elefantes” mientras muchos españoles pasan penurias en nuestro país no va conmigo.

Si es que, las gafas de Pedro Sánchez, como diría Yolanda Díaz, son “de lo más chulis”, sirven para que ‘sincronizados’ como Ruiz, Santaolalla o Cintora desfoguen contra todos menos contra el presidente y su partido. También para embaucar a votantes y votontas cuyo único criterio es que “el presidente es guapo”. Y, por supuesto, para distraer a una sociedad que prefiere mirar hacia otro lado en lugar de afrontar los problemas reales que tenemos en España. Las gafas además permiten que “su Sanchidad” se ría de todos nosotros, mientras sus afines en prensa, radio y televisión cuentan los billetes que recibirán por mostrarle pleitesía hasta que acabe la legislatura.

En definitiva, para muchos puede parecerles absurdo dar protagonismo a un accesorio como unas gafas que ni tan siquiera son de sol. Pero pensadlo detenidamente: entre acordarme de las madres de los diversos dirigentes políticos existentes en nuestro país, de unos por tiranos e incompetentes y de otros por inútiles integrales. Y hablar de las gafas de Pedro Sánchez, ¿qué es mejor? En mi caso, he optado por hablar de lo segundo. Al menos, queridos lectores, os echaréis unas risas, leyendo mis impresiones. Porque no todo en esta vida va a ser resquemor y cabreo. La risa también es importante.

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