En Vox Alicante han decidido que lo que más falta hacía para que el proyecto político cuaje en la sociedad alicantina es un busto -supongo que de bronce- de Santiago Abascal, presidiendo la sede provincial como si se tratase de un museo de cera de personajes ilustres. Y no, no es una broma. Es real. Un busto, como si el partido no tuviera otras prioridades; como si la política se hiciera a golpe de escultura y se reafirmase a base de centímetros de pedestal; como si la militancia necesitara un tótem para recordar al líder. Creo que no es así.
Yo, durante años, estuve colaborando en Vox Alicante, creyendo en el proyecto político que me parecía, y aún hoy me parece, muy necesario. Y sí, me gustan las ideas que defiende Santiago Abascal; comulgo con casi todas ellas, aunque es cierto que nunca se puede estar de acuerdo al 100% con todas, pero es el partido que mejor se adapta a mi forma de pensar.
Pero lo que está ocurriendo en la sede de Alicante no tiene nombre ni desperdicio: no tiene que ver con ideas, tiene que ver con escenografía, decorados y reafirmarse ante el líder. Y lo más curioso (o lo más triste) es que nadie lo ha pedido, porque no era necesario. Vox es Abascal, al igual que Santiago es Vox. No lo ha pedido la militancia, ni los simpatizantes, ni el propio Abascal. Porque, si algo ha demostrado él, con sus gestos y sus silencios, es que no va de egos.
Lo recuerdo perfectamente: en el encuentro nacional “VIVA 21”, desde Alicante se le llevó un ninot de Hogueras de San Juan, vestido al uso. Un regalo simbólico, festivo, con cariño… La reacción de Abascal al verlo fue de lo más pasiva: ni lo abrazó ni lo rechazó, simplemente dio las gracias y nada más. Así que, al igual que viajó de ida a Madrid, también lo hizo de vuelta a Alicante.
O sea, que en la directiva de Alicante parece que intentar agasajar al líder no se les da bien y necesitan reafirmarse con estatuas; que confunden liderazgo con idolatría y política con decorado. Así no se construye ni partido ni país. Se construye un decorado ficticio, sin base sólida; una fachada vacía y solitaria. “Hacer como que haces” no es de recibo.
Como era de esperar, las redes sociales han reaccionado mofándose, con sarcasmo y con incredulidad hasta decir basta. Porque cuando la política se convierte en teatro, el individuo responde con ironía, y cuando el bronce sustituye al criterio, lo único que queda es el meme. Y que conste que no estoy en contra de reconocer el trabajo de nadie, pero esto es una escultura que, más que honrar, incomoda. Porque el propósito de representar al líder no se cumple: representa la necesidad de algunos de sentirse importantes y llamar la atención. Eso, en política, es muy peligroso y no menos ridículo.
Es cierto, no me parece bien -creo que ha quedado claro-, y lo digo con la tristeza de haber estado ahí, como ahora están otros. No por el busto en sí, sino por lo que deja entrever. La política no necesita de bustos; necesita cabeza, grandes ideas firmes, mucho trabajo efectivo detrás y poco espectáculo. Que se brille por los resultados de un trabajo bien hecho, no por los adornos.
Polifacética ante todo, curiosa, autodidacta, fisioterapeuta autónomo de profesión…todo es susceptible de aprendizaje y solo fracasas si no lo intentas.
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