Como ocurre cada año, el 8 de marzo salen a las calles grupos que se identifican como feministas para reivindicar “derechos para las mujeres”, entre ellos la igualdad salarial o la exigencia de que no continúen produciéndose feminicidios o agresiones sexuales en España.
Ellas se convencen a sí mismas de que luchan por el bienestar de todas las mujeres sin excepción, cuando la realidad muestra algo distinto: las agresiones sexuales y los asesinatos de mujeres continúan aumentando. Entre los factores que influyen en esta situación se encuentra, según algunos análisis, la llegada a España de inmigración procedente de países donde las mujeres carecen de derechos básicos y están acostumbradas a sufrir humillaciones y malos tratos.
Aun así, quienes salen cada 8M y apoyan sin cuestionamiento a partidos como el PSOE o Podemos suelen mostrarse a favor de este tipo de políticas migratorias. Sin embargo, pocos minutos después se escandalizan por el aumento de ciertos delitos y vuelven a reivindicar que no haya más mujeres asesinadas. El resultado es un bucle constante e interminable que nunca parece resolverse. Por otra parte, el maltrato no se limita a la violencia de un hombre hacia una mujer. También existen casos de agresiones entre dos hombres, entre dos mujeres o de una mujer hacia un hombre, así como situaciones en las que una persona adulta maltrata a un niño o una persona joven a un anciano.
Para quienes apelamos al sentido común, resulta evidente que, independientemente del sexo o la edad del agresor, este debe ser castigado con todo el peso de la ley por vulnerar el bienestar físico y psicológico de su víctima o víctimas. Sin embargo, las posiciones más sectarias —especialmente entre quienes se muestran más afines al Gobierno— se resisten a reconocer esta realidad, hasta el punto de reaccionar con una agresividad desproporcionada cuando alguien la expone. Algo así le ocurrió a Cake Minuesa durante el 8M de 2025, cuando varias personas intentaron agredirlo con paraguas, o al influencer RescueYou, que también fue increpado mientras grababa.
No obstante, hay un aspecto positivo: la marcha anual del 8 de marzo parece perder fuerza año tras año, y el número de asistentes disminuye de forma evidente. Cada vez más personas empiezan a cuestionar qué representa realmente este “feminismo” que pretende presentarse como el gran salvador de las mujeres, pero que para muchos ya no resulta creíble.
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