España

Clavijo ante su hora decisiva: sostener a Sánchez o ponerse del lado de Canarias

Hay momentos en política en los que ya no basta con matizar, contemporizar o intentar quedar bien con todos. Llega un punto en el que un dirigente tiene que decidir para qué está en política, a quién representa realmente y cuál es la línea que no está dispuesto a cruzar. Creo sinceramente que Fernando Clavijo y Coalición Canaria están llegando a ese punto. Y, cuanto más tiempo pase sin una definición clara, más alto será el precio político que tendrán que pagar.

Desde hace tiempo estamos viendo cómo la maquinaria política y propagandística del PSOE, especialmente en redes sociales como X, ha convertido a Clavijo en un objetivo recurrente. No es casualidad. Cuando un partido empieza a necesitar desgaste constante, presión pública y señalamiento sobre quienes deberían ser sus interlocutores o sus socios coyunturales, lo que demuestra no es fortaleza, sino debilidad. A mi juicio, el sanchismo ha entrado en una fase en la que ya no convence: presiona. Ya no lidera: sobrevive. Y, cuando un Gobierno entra en ese terreno, quienes lo sostienen terminan desgastándose con él.

Coalición Canaria tomó en su día una decisión política que pudo presentarse como pragmática, útil o incluso responsable. Se dijo que había que facilitar una etapa de estabilidad, que había que abrir una vía de interlocución y que era posible arrancar compromisos beneficiosos para Canarias. Esa era la teoría. El problema es que la práctica ha sido muy distinta. Lo que se ha ido viendo con el paso del tiempo no es un Gobierno sólido, una hoja de ruta clara ni un proyecto nacional reconocible, sino una suma de cesiones, equilibrios imposibles y una dependencia permanente de sus socios.

Para mí, ese es, sin duda, el núcleo del problema. Coalición Canaria no puede seguir actuando como si nada hubiera cambiado. Porque sí ha cambiado. Ha cambiado el contexto político, ha cambiado la percepción social y ha cambiado también la imagen de Pedro Sánchez, incluso entre quienes antes preferían concederle el beneficio de la duda. Hoy ya no estamos ante una simple discusión ideológica entre derecha e izquierda ni ante una disputa táctica más del parlamentarismo español. Estamos ante una cuestión de credibilidad. Y, cuando la credibilidad se erosiona, los aliados deben preguntarse si comparten el desgaste o si marcan perfil propio antes de ser arrastrados por él.

Pienso que Clavijo ha tardado en ver con nitidez lo que representa Sánchez y el tipo de poder que ha construido a su alrededor. Un poder basado en el control del relato, en la polarización permanente y en una manera de entender la política en la que casi todo se subordina a la supervivencia del Gobierno. Puede que esa constatación haya llegado tarde, pero todavía está a tiempo de actuar en consecuencia. Porque una cosa es cometer un error de cálculo político y otra muy distinta perseverar en él cuando la realidad ya ha desmontado el argumento inicial.

Coalición Canaria tiene, además, una responsabilidad añadida: no es un partido cualquiera dentro del tablero estatal. Es una formación que se presenta como la voz propia de Canarias, como una organización nacida para defender un interés territorial específico y para evitar que las islas sean una moneda de cambio en las luchas de poder de Madrid. Por eso, su margen para la ambigüedad es mucho menor que el de otros partidos. Cuando Coalición Canaria aparece demasiado cerca de un Gobierno cada vez más cuestionado, el problema no es solo de imagen. El problema es de identidad política.

Porque ahí está la gran pregunta que debe hacerse el nacionalismo canario: ¿para qué sirve ser decisivo en Madrid si, al final, no se utiliza esa fuerza para marcar límites claros? Ser útil no es asentir siempre. Ser responsable no es aguantar cualquier cosa. Ser moderado no significa resignarse. A veces, precisamente, la responsabilidad consiste en decir basta. Y creo que ese momento se acerca para Coalición Canaria si de verdad quiere seguir siendo vista por muchos canarios como una fuerza autónoma, firme y reconocible.

No se trata de convertir cada discrepancia en una ruptura teatral ni de alimentar un tacticismo vacío. Se trata de algo más serio. Se trata de decidir si se quiere seguir apareciendo como un socio periférico de un proyecto agotado o como una fuerza con voz propia y con capacidad para defender a Canarias, incluso cuando eso incomoda al poder central. La política útil no consiste en estar siempre dentro de la foto, sino en saber cuándo hay que levantarse de la mesa para no ser cómplice del deterioro general.

Y aquí es donde Clavijo se juega mucho más que una votación o una negociación concreta. Se juega el relato de su liderazgo. Se juega la confianza de quienes le votan esperando firmeza. Se juega, en definitiva, la posición de Coalición Canaria en los próximos años. Porque un partido como CC no puede permitirse transmitir que soporta cualquier deriva con tal de seguir teniendo una relación funcional con La Moncloa. Eso podrá dar rendimiento a corto plazo en algunos despachos, pero, a medio plazo, erosiona la base electoral y vacía el discurso.

Además, los votantes no son ingenuos. La gente percibe cuándo un partido está defendiendo con claridad aquello en lo que dice creer y cuándo simplemente está administrando una incomodidad sin atreverse a resolverla. Y hoy, la sensación que existe en muchos sectores es precisamente esa: que Coalición Canaria sabe que este ciclo político está agotado, que comprende que el coste de seguir ligada a Sánchez va creciendo, pero que todavía no ha dado el paso que muchos esperan. Esa indefinición puede parecer prudencia institucional, pero también puede interpretarse como falta de coraje.

Mi opinión es clara: si Coalición Canaria quiere seguir siendo el gran referente político de Canarias, tiene que plantarse. Debe de escuchar a sus bases, leer el momento político y asumir que hay etapas que se agotan. Tiene que decidir si quiere seguir siendo una pieza auxiliar de un poder cada vez más deteriorado o si prefiere recuperar una posición nítida, propia y coherente. Porque los partidos que sobreviven no son los que más calculan, sino los que saben reconocer a tiempo cuándo deben romper con una etapa.

Clavijo aún está a tiempo de hacerlo. Pero ya no puede seguir amparándose en la excusa de la prudencia, ni en la liturgia de los equilibrios, ni en la esperanza de que todo se recomponga por inercia. La política exige asumir costes. Y quizá el coste que hoy deba asumir Coalición Canaria sea precisamente el de desmarcarse, hablar claro y actuar con la contundencia que la situación exige. No por tacticismo, no por postureo y no por oportunismo, sino por coherencia.

Porque, al final, de eso va la política cuando se la toma en serio: de saber en qué lado estás cuando llega el momento de elegir. Y ese momento, en mi opinión, ya ha llegado para Clavijo y para Coalición Canaria. Si Coalición Canaria quiere seguir siendo útil a Canarias, ha llegado el momento de dejar de justificar a Sánchez y empezar a marcar distancia con claridad. Porque quien no planta cara a tiempo acaba siendo parte del problema.

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Publicado por
Óscar Labraña

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