España

Andalucía está de parto

Muchas veces se nos olvidan las cosas más elementales porque son tan habituales, tan cotidianas, forman parte tan próxima a nuestra propia realidad social y personal, que no somos capaces, realmente, de significarlas en su justa medida. Entre estas “cosas”, quiero destacar hoy dos, la Constitución y la división de poderes. Pero también podríamos hablar del papel fundamental de la monarquía en el sostenimiento de la unidad territorial o del papel de las Fuerzas de Seguridad del Estado, cada día más desprotegidas y vacías de un poder que no interesa ceder.

La Constitución supone un blindaje de derechos y libertades, pero también una llave a la interpretación que puede llevarnos a situaciones poco agradables. No en vano, aunque la inmensa mayoría estamos de acuerdo en reformarla, en el actual estado de cosas y de balanza de poderes, muchos nos tememos que hacerlo sería abrir un melón que terminaría agriando como los pepinos. No obstante, sucesivas pequeñas reformas de partes de su texto que no requieren la probación por tres quintas partes de la cámara del Congreso de los Diputados o la convocatoria de referéndum cuando afecta a su parte preliminar han posibilitado su adaptación a los tiempos y a las nuevas leyes. Entre las reformas necesarias y que requerirían la convocatoria de urnas estaría la de acabar con la preferencia en la asunción del trono de España de un hombre sobre las mujeres, aunque estas hubiesen nacido antes. Parece ser que al actual Gobierno, eso no le preocupa, especialmente en las actuales circunstancias.

En el texto de la Constitución debemos recabar en dos partes muy importantes, las que definen la división territorial en comunidades y ciudades autónomas y la que habla de las competencias autonómicas. Es complicado hilar estos derechos territoriales atendiendo a la máxima del derecho de igualdad de todos los españoles, quebrado en el momento en el que la aplicación de la fiscalidad es diferente según el lugar en el que vivas o que ciertos derechos sean diferentes en base a ese derecho territorial a decidir sobre cuestiones tan importantes como la sanidad o la educación. Pero así sucede, y es parte del principio de un desgaste institucional y ciudadano que llevamos arrastrando, cada vez con más carga y peso, a la vez que cada día con más reproches y estigmas. Es curioso, en esta parte, que el Gobierno socialista, tan dado a la división territorial e incluso a un Estado Confederal pretenda continuamente inferir en estas políticas cuando las aprueban gobiernos de otro signo político. Claro está, cuando tampoco son socios nacionalistas.

Por otra parte, está la división de poderes, que legitima a la interpretación legal de los jueces y a la aplicación de esas leyes con independencia del poder legislativo. En este caso, muchos interpretamos que tal separación está seriemente en peligro con el actual Gobierno y su proyecto político que no parece ser otro que perpetuarse en el poder con plenos poderes, al estilo de los estados que apoya y en los que se apoya ante cualquier situación en el marco internacional.

En Andalucía nos enfrentamos el próximo domingo a un acto de fe política, a un proceso de elecciones que, posiblemente, sean las más trascendentales de nuestra historia democrática después de aquellas que supusieron el fin de la era socialista y la llegada del PP al poder. Nos encontramos ante unas elecciones que podrían ser el aldabón definitivo hacia una convocatoria de elecciones generales o, incluso, a un proceso de rechazo a la actual dirección del PSOE, que está viendo como cada vez pierde más poder mientras la derecha se refuerza y la izquierda a su izquierda también lo hace al amor de sus votos perdidos y del descrédito fundamentado en sus casos de corrupción, en políticas en contra del interés general y de sus manipulaciones informativas y sus fracasos parlamentarios, incluyendo los años que este país lleva sin unos presupuestos aprobados. E indica Sánchez que pretende estar, al menos, ocho años más sumiendo ese poder para poder, según señala, terminar su proyecto político. Vamos, tener una jubilación de oro con lo conseguido él, y los suyos, a través de sus cargos políticos. Y hasta ahí podemos leer. Aunque, viendo los países en los que se apoya y a los que apoya pocos parecen ocho años más en el poder…

Andalucía será el domingo el ensayo general de una cita esperada por muchos, para medir la realidad del sentimiento general de los españoles con las políticas de este Gobierno socialista en el poder.

Cada voto supondrá un certificado de vida o de defunción del proyecto de Sánchez y de la candidata María Jesús Montero, la que privilegió los intereses de Cataluña cuando fue ministra de Hacienda, o la que catalogó el asesinato de dos guardias civiles como accidente laboral; la ministra que más ha asfixiado a la ciudadanía con impuestos y la que quiere, a toda costa, imponer de nuevo el impuesto de sucesiones, también en Andalucía, el conocido como impuesto a la muerte.

Pero en el panorama electoral existe un importante interés de los socialistas, que se ven derrotados antes de empezar la partida, que el PP no gane con mayoría absoluta para que tenga que depender de VOX y tener un gobierno andaluz convulso, condicionado y fácil de atacar desde la progresía de discurso fácil y ejemplo nulo. Efectivamente, no dejan de confirmarse mis interpretaciones del surgimiento y ascenso de VOX bajo el interés de los socialistas en debilitar a la derecha y de aumentar el miedo a la llegada de la ultraderecha. Y el problema no es que sea o no verdad, sino que para ellos es efectivo.

Y otra formación política se aproxima en modo de sábana blanca e inmaculada a plantear la necesidad de cambios estructurales que garanticen y mejoren la vida de las personas y de las familias. SALF presenta a un candidato a la presidenta de la Junta con un curriculum intachable y con una apuesta por la legalidad que está encandilando a muchos andaluces. De hecho, el propio VOX tiembla por el efecto que sobre sus votos pueda tener esta propuesta.

Yo, sinceramente, si tuviese que elegir entre un Gobierno de la Junta de Andalucía de coalición entre el PP y VOX o entre el PP y SALF, no tengo ninguna duda de que elegiría la segunda opción. Y si no, miren sus discursos, miren su respeto a las minorías y sus ataques no a inmigrantes, homosexuales o aquellos que intentan vivir dignamente y trabajar para salir adelante, sino a los delincuentes, a los corruptos, a los violadores, a los que suponen realmente una amenaza para nuestra sociedad y para nuestro país. Que no disfracen a SALF de VOX, porque estoy convencido de que representan proyectos muy distintos con un respeto muy distinto a las diferencias y a la dignidad humana.

El domingo salimos de cuentas, y ya sabremos si ha sido niño o niña, porque de lo que estoy seguro es de que no saldrá niñe.

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