Internacional

Independencia con pies de barro

Fechas como el 06 de agosto, el 14 septiembre o el 25 de mayo se han constituido en pilares de las leyendas artúricas sobre la independencia de la región. Es muy común que, en días como estos, aparezcan mitos que hablen de las «glorias eternas» y la bravura de nuestros «libertadores», obviamente, Simón Bolívar es uno de los más exaltados.

Bolívar es, desde hace dos siglos, una especie de figura sacra a la cual le debemos el milagro de nuestra «libertad». Sin embargo, en los últimos tiempos, a medida que se incrementa la investigación histórica, van saliendo a la luz algunos detalles que modifican la figura del libertador. Prueba de ello son algunos libros que constituyen puntos de inflexión, como el del profesor Herbert Morote, Bolívar: libertador y enemigo nº1 del Perú (Lima, 2007).

La sesuda investigación de Morote muestra que Simón Bolívar fue la cara de una guerra de independencia pagada y armada desde Londres, inspirada desde París, y finalmente bendecida por Washington. No se trató de procesos independentistas, sino de una guerra civil con el objetivo de balcanizar el imperio español. Los grandes banqueros de Londres se aprovecharon del gran ego de Bolívar para financiarle una aventura guerrista para luego pasarle la factura a las nacientes naciones. Por ejemplo, en 1816, desde Haití, Bolívar negoció unos préstamos para adquirir la flota que conformó la Expedición de los cayos. El dinero también se usó para comprar armas y uniformes de, eureka, proveedores ingleses.

Un año después, en 1817, Luis López Méndez y José María del Real, con el objetivo de continuar la guerra, viajaron a Europa para cerrar acuerdos crediticios con William Hall Campbell, George Robertson, Michael Scott, Pete Edwards y William Graham Junior & Sons, prestamistas privados ingleses. La garantía de los empréstitos fue la riqueza de la naciente Gran Colombia.

Las condiciones de emisión fueron sumamente desfavorables. Los bonos se vendieron con grandes descuentos y los intermediarios cobraron altas comisiones. Como resultado, los países recibieron mucho menos dinero del que figuraba en los contratos, pero tuvieron que pagar intereses sobre el valor nominal total. Para la década de 1820, el servicio de esta deuda se volvió insostenible. El pago de intereses y amortizaciones generó una grave crisis fiscal en las nuevas repúblicas, limitando su capacidad para invertir en el desarrollo económico y la infraestructura en sus primeros años de vida republicana.

Por su parte, Carlos Marichal, en su libro: 𝐴 𝐶𝑒𝑛𝑡𝑢𝑟𝑦 𝑜𝑓 𝐷𝑒𝑏𝑡 𝐶𝑟𝑖𝑠𝑒𝑠 𝑖𝑛 𝐿𝑎𝑡𝑖𝑛 𝐴𝑚𝑒𝑟𝑖𝑐𝑎: 𝐹𝑟𝑜𝑚 𝐼𝑛𝑑𝑒𝑝𝑒𝑛𝑑𝑒𝑛𝑐𝑒 𝑡𝑜 𝑡ℎ𝑒 𝐺𝑟𝑒𝑎𝑡 𝐷𝑒𝑝𝑟𝑒𝑠𝑠𝑖𝑜𝑛, 1820–1930, expone que separarnos de España fue un gran error, pues durante los virreinatos la región era una de las más prósperas del orbe. México, Bogotá, Buenos Aires, Lima, Chuquisaca y Potosí, entre otras, no tenían nada que envidiarle a París, Londres y Madrid. Estilos urbanísticos, por ejemplo, el damero, organizaban las principales urbes de los virreinatos, ni hablar del arte barroco de las catedrales católicas, belleza que aun persiste en los cascos viejos de nuestras ciudades.

No obstante, luego de la independencia la situación cambió radicalmente. Primero, que las nacientes naciones, antes hermanadas bajo la Cruz de Borgoña, empezaron a masacrarse entre ellas, baño de sangre que duró desde 1820 hasta las primeras décadas del Siglo XX. Cien años de muerte entre hermanos fue uno de los resultados de las aventuras de Simón Bolívar y su club de libertadores.

A nivel geopolítico fue peor, puesto que dejamos de pertenecer al imperio más grande del mundo, en uno donde nunca se ocultaba el sol, para pasar a formar parte del club de naciones bananeras totalmente insignificantes en el plano global. ¿Piensa que exagero? Según datos de zonaeconomica. desde el año 2000, la región tiene un escaso 2% de participación en el comercio mundial, y eso que ahí aparecen los tres gigantes de la región, México, Argentina y Brasil, ¿se imagina en que lugar queda mi natal Bolivia? 

Asimismo, el Socialismo del Siglo XXI ha generado una masa de pobres que ya supera los 12 millones. Investigaciones del Banco Mundial muestran que, mientras en gran parte del mundo, la pobreza se va superando, países como Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia se han convertido en los grandes exportadores de pobres. Un solo dato, en este momento hay más bolivianos en Washington que en Chuquisaca, que es uno de los departamentos más pobres de Bolivia, un total del 89% de sus habitantes.  En conclusión, nuestra independencia nació hipotecada y con pies de barro.

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