Trumputin 10, Europa 0

Bueno, parece ser que, una vez más, se van cumpliendo mis previsiones y, tal y como señalé en diversos artículos, sigo sin entender el apoyo que muchos españoles han podido realizar a la candidatura de Donald Trump en Estados Unidos, y los aplausos a su nombramiento. Y no lo digo porque considere que la otra opción pudiera ser nada buena, al menos para los estadounidenses, pero sí mucho mejor para los europeos, a tenor de lo que nos espera.

Lo que ya se pudo visionar en su primera etapa como presidente se termina por confirmar, de la peor forma posible, en sus primeros pasos al frente de la Casa Blanca. Trump es un presidente para los suyos, es decir, para los nacidos en Estados Unidos o ya nacionalizados con derecho a voto en el mismo, y un miserable sin escrúpulos en política internacional; un aliado de Putin en sus esfuerzos por destrozar Europa y saciarse de sus cadáveres económicos, políticos y sociales.

El disfraz de ovejita para muchos era el de un hombre con un pensamiento tradicional, valores tradicionales y con una lucha directa y evidente hacia la cultura woke. Punto y final. Quizás también pudieron comprarle su acusado discurso anti inmigración, exagerado hasta el punto de generalizar en el conjunto de la población migrante la mayoría de los males que acucian a la sociedad norteamericana. Lo cierto es que los inmigrantes de ese país no son los que están a favor del uso indiscriminado de las licencias de armas, por ejemplo. Ni tampoco suelen ser los responsables de la gran mayoría de matanzas que se producen en centros escolares. La delincuencia es un factor que podría estar más determinado con los mecanismos de control de las armas, con la capacidad de asumir los procesos de inserción social y con una exhaustiva y necesaria fiscalización de todo en torno a quiénes delinquen, por qué y cómo atajarlo. Pero es más sencillo usarlos como instrumento que justifique las acciones que se toman, como bien han hecho en la Historia todos los totalitarismos.

Se podría estar de acuerdo en un obligado control de la inmigración, pero no desvariar en el sentido de pensar que se puede prescindir de la misma o que se pueden ignorar las circunstancias que acontecen en países del rededor, en muchas ocasiones provocadas por las propias políticas internacionales y de influencia del propio EEUU en las regiones de América… e incluso de África, continente en el que comparte gran parte de sus intereses con la Rusia de Putin o la China de la macroeconomía parasitaria y supuestamente comunista. No en vano, uno de los intereses de Putin en controlar Ucrania pasa por controlar, a su vez, al granero de Europa, principal exportador y sustentador de semillas, alimentos, de la rica África en recursos naturales.

La geopolítica es un arte, pero también es un reto y un instrumento para cambiar el mundo y os aseguro que la unión de Trump y Putin no traerán grandes beneficios a la Humanidad, sino más bien a ellos mismos, a su egocentrismo y su psicopatía, y a su visión totalitaria de las sociedades, con falta de libertades y sometidas a sus antojos.

Tan mal pinta la cosa, que Trump haya sido capaz de señalar que iba a sacar a todos los árabes de la franja de Gaza para darle esos territorios a Israel, es y supone una afrenta enorme a los países musulmanes y un error estratégico que pasa por saltarse todos los acuerdos internacionales previos, así como un respaldo sin precedentes a las máximas intenciones sionistas y al también autoritario y desprotegido de toda capacidad de empatía y de humanismo, Benjamín Netanyahu.

Y todo esto, en su mayoría, va a ser el producto y resultado de una bipolarización absoluta, del triunfo del tantas veces denunciado por mí maniqueísmo totalitario, un descontrol absoluto en ciertas políticas por parte de la izquierda, en tiempo y forma, que han derivado en un desaliento y un cansancio de las facciones más reaccionarias, sensación que ha ido creciendo entre las poblaciones, acosadas por las subidas de impuestos, por el miedo a la inseguridad, por sentirse desprotegidas por sus dirigentes y por no entender cómo la izquierda ha podido pasar en pocas décadas de perseguir y asesinar y maltratar a ciertos sectores, como los homosexuales, perseguidos hasta la extenuación en la antigua URSS (también en la Rusia de Putin), también en el régimen de Castro… y en general por la inmensa mayoría de gobiernos de izquierda, también en Latinoamérica, a ser objeto principal de bondades y concesiones, convirtiendo su mundo en un escenario lleno de etiquetas y creando una cultura woke que supone toda una amenaza para el pensamiento tradicional. Que oigan, por otra parte, que ya era hora de que este colectivo tuviese reconocido sus derechos y su debida protección.

Unos por defecto y otros, quizás por exceso, han pulsado el botón de un maniqueísmo que lleva a la sociedad a enfrentarse entre sí por cuestiones ideológicas sin ser capaz de enfrentarse a su clase política para pedirles respeto y moderación.

Como les dije en un principio, si la solución que va a poner Europa es un incremento enorme en capacidad armamentística y en defensa… esto sólo puede denotar que Europa ya no cuenta nada en geopolítica y que el futuro que nos espera es más que desolador, acosados económica y estratégicamente por la Rusia de Putin y por el magnate norteamericano Donald Trump.   

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