Libertad de expresión Vs Censura siniestra

La libertad de expresión, uno de los pilares fundamentales de cualquier democracia, cada día se encuentra más cercenada. Paso a paso, vamos camino hacia la censura. Libertad de decir lo que queramos dentro del respeto a los derechos de los demás: esta coletilla es a la que se atan los ofendiditos para intentar imponer un discurso a su medida, a la medida de su fanatismo, a la medida de su limitada comprensión de la realidad.

Os ilustro esta entrada con varios ejemplos: lo del cuerpo heteronormativo. Si a un preparador físico se le ocurre decir la verdad, que un cuerpo ejercitado y con dieta saludable es más sano que el que vende un sector poblacional que se siente a gusto con su cuerpo, los ofendiditos saltarían directos a la yugular del experto, gritándole «gordófobo».

Cuando un político advierte que existe un mayor índice de inseguridad y que los datos señalan que ocurre desde el aumento de la inmigración, determinado sector de la población trata de amordazar al dirigente, amenazándole con ejercer acciones penales por el mero hecho de constatar una serie de informaciones objetivas. Pero claro, deciden llamarlo racista y xenófobo. Podría seguir relatando ejemplos, pero no quiero aburriros con ello. La libertad de expresión es fundamento de la democracia, en cuanto que la mayor expresión es elegir a los representantes que se alinean con mi forma de pensar y de actuar.

Hace unos días se organizaron unas jornadas en el Congreso de los Diputados sobre la libertad de expresión y en contra de la censura. Debido a no tener la posibilidad, no pude asistir a ella, pero mediante las redes sociales pude contemplarla. Con sinceridad, me pareció bastante acertada, tanto la elección de los ponentes como el tema que se abordó.

La jornada vino organizada por una formación política a la que intentan amordazar constantemente en medios y televisiones por poner diariamente encima de la mesa los problemas que vienen sufriendo los españoles. La censura selectiva, la que tanto durante como fuera de los periodos electorales, se les excluye continuamente de las cadenas nacionales. Una mordaza que tapa la boca de más de 3 millones de habitantes a los que vienen representando, simplemente porque ponen delante del espejo a los demás grupos políticos, que se sienten muy cómodos y naturales al lado de partidos que quieren romper su país y que, en algunos casos, han llegado a otros extremos contra sus propios compañeros.

Esa mordaza se trata de poner de diversas maneras: de forma directa e indirecta. Con relación a la primera, se produce cuando a la formación política no se les invita a los programas de mayor audiencia, a las cadenas públicas que se mantienen con el dinero de todos, no se le permite formar parte de sus consejos de dirección, y se le hace “cordón sanitario” para que no participe en debates ni en tertulias. Mientras que, en relación con la segunda, con malas artes, se trata de amedrentarles con querellas, denuncias y demás recursos que terminan por ser archivados. Otros se dedican a sacar de contexto declaraciones y entrevistas para ensuciar el mensaje o sacan bulos.

Es una de las libertades constitucionales del artículo 20 de la CE, digna de especial protección, y determinado sector poblacional, que se escora de babor, tiende a intentar forzar el ritmo de la nave. Pero terminarán por hundirse: cuanto peor les muestran las encuestas, más nerviosos se ponen, y sus malas artes afloran como los cardos tras las lluvias primaverales, y más ruido van a hacer. Me despido antes de que nos corten la luz de nuevo.

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