Cuando los hechos políticos suceden tan rápidos ya acelerados que rompen con el ritmo social al que está acostumbrado la ciudadanía se producen efectos emocionales en la población, a la que les cuesta mucho encajar y aceptar estos cambios. Y digo esto, no ya por la aceleración mental a la que ha sometido el Gobierno y sus socios a la sociedad, más propio de los trileros del Retiro en Madrid que de unos responsables institucionales. Sólo con eso, se huele que algo no funciona correctamente y se produce un cambio de la demanda social que modifica normas a las normas que fuerzan los cambios en la mentalidad social. Ese típico actuar digno de quiénes, como finalmente ha demostrado el puto amo, y más allá de las consideraciones sobre su implicación o no en todo lo que se está sabiendo, creen y consideran estar por encima de todo, estar en la verdad absoluta y buscar por todos los medios el poder absoluto que ratifique sus designios de cambiar el mundo o construir uno, pero a costa de las personas, moldeando el que ya existe, a la fuerza, con el objeto de convertirlo en su propio ideal de mundo.
En este sentido, es importante reflexionar sobre que este tipo de personas, con conductas caciquiles y dictatoriales, con un neronismo que no mide fuegos y que los apaga a costa de mayorías parlamentarias, no entiende de límites porque, una vez alcanzado el poder, de la manera que sea, piensa que todo es suyo y que puede hacer con aquello que le interese lo que le dé la real gana. Por eso, entre otras cosas, son personas que juegan al escapismo y son expertas en esas lides; gente que sabe engañar con la misma rotundidad que se contradice pero, tan astutos que hasta hay gran cantidad de gente a la que convence. Y claro, cuando piensas que todo es tuyo, no te queda otra que rubricar la autoridad de uno mismo legalizando la politización de las instituciones y de los poderes del Estado, porque realmente sólo hay un poder soberano, el suyo.
Mucho se ha hablado de las razones de, con lo que está pasando, tiene en contra el Gobierno, Sánchez y el PSOE, pero poco se habla de lo que tiene a favor. Empecemos. Por un lado, debemos hablar de un partido que ha sido el de la alternancia y uno de los de la bipolaridad política, y esto tiene mucho peso, a pesar de que España ha demostrado en anteriores elecciones no ser, en sus absolutas mayorías, propiedad de ninguna de las partes, al haber un gran grupo de votantes que son el centro real en el que se inscribe el país. Esa mayoría vota habitualmente contra el que se ha comportado mal. En este caso, sería el PSOE. Sin embargo, nos encontramos con hueso con la enorme campaña y el gran esfuerzo hecho por el PSOE y sus socios por instaurar el miedo a la ultraderecha.
El tema de la instauración del miedo en la izquierda, de hecho, no es nada nuevo, aunque nunca se había trabajado, barajado y conseguido con tal grado de éxito. No pocos recordarán los mensajes de miedo a las pensiones, a los derechos sociales o un sinfín de recelos para evitar el voto al cambio. Pero cierto es que, cada vez que se producía unas nuevas elecciones estos mensajes calaban menos tras experimentar la sociedad que, en esas alternancias de poder la sangre al río, o al menos no lo aparentaba.
Hoy el tema es bien distinto. Cualquier análisis medianamente lógico de la situación se dará cuenta que ese miedo a algo nuevo no es sino a VOX, la verdadera “ultraderecha” según sus criterios. Pero… ¿y si os dijera que el auge y despegue de este partido tuvo mucho que ver con el interés de la propia izquierda, especialmente el PSOE, en que triunfara? ¿Por qué? Por dos razones. La izquierda ha estado dividida en diversos partidos, lo que ha restado en los picos el conseguir un mayor número de representantes, mientras que la derecha estaba concentrada en el PP, al que le era más sencillo llegar a la mayoría absoluta. Ahora, no le es tan sencillo alcanzar esa mayoría y dependería de VOX, jugada perfecta. El PSOE y sus socios consigue dividir a la derecha y consigue instaurar un auténtico miedo, real, por lo que demuestran en las instituciones en las que entran, sobre el fin del Estado del Bienestar y de las garantías sociales.
Ahora llega el análisis final. VOX no es una oportunidad para la derecha sino para el presuntamente corrupto PSOE de Sánchez, y un obstáculo para la derecha que representa el PP, que tradicionalmente no ha tenido que barajar un doble frente, por la izquierda, y otro por la derecha, que así intenta restarle votos para agregarlos a sus cuentas.
Hoy por hoy, VOX es un obstáculo real y tangible para el cambio y para una mayoría de votantes de centro que no casan en absoluto con muchas de sus consignas extremistas.
La próxima semana será movida, y mucho, pero en lo contado sólo beneficiará al PSOE, al que, como indiqué la semana pasada, le sienta tan bien la táctica del ataque como defensa. Se vienen curvas. Siempre lo dije y lo diré. Hasta el último momento, no hay que subestimar a Pedro Sánchez, por muy acabado que se le vea.
Una de dos, o está seguro de poder seguir, o está pensando en su sucesión para poder seguir controlando, como ya lo hacía Zapatero, los designios y los trapos sucios que pudiera dejar. De una manera u otra, sólo gana tiempo, y eso en Sánchez es muy peligroso para sus enemigos.
Periodista, Máster en Cultura de Paz, Conflictos, Educación y Derechos Humanos por la Universidad de Granada, CAP por Universidad de Sevilla, Cursos de doctorado en Comunicación por la Universidad de Sevilla y Doctorando en Comunicación en la Universidad de Córdoba.
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