
Estamos sumidos en un caos social tal, que decidir sobre lo que escribir resulta ardua tarea. Probablemente, para empezar mi nueva etapa en Minuto Crucial, estaría bien sacudir el avispero hablando sobre las medidas del inminente nuevo estabulado de los ciudadanos a través del dinero digital, el documento de identidad digital y los controles biométricos en pasaportes.
Dirán, cómo no, que es “por tu bien”, la frase más dañina y falsa de todos los tiempos, después del “te quiero” y “confía en mí”, que también han causado estragos, pero esa es otra historia. Los crecientes problemas de seguridad, con el beneplácito -claro está- de las pertinentes autoridades, son la guinda de ese pastel que nos quieren vender.
Evidentemente, cada vez tienen más claro que la gente se traga lo que sea, y no esconden que, sin duda, ven a la población como un rebaño de ovinos. No les culpo en absoluto. Recordemos cómo la mayoría de los ciudadanos de Occidente llegaron a claudicar ante las orwelianas medidas de la montada pandemia, logrando inocularse un experimento génico, a pesar de los evidentes peligros que tenía para la salud, más dañinos que una gripe denominada como COVID.
Nos quieren hacer creer que, con el control digital, podrán tener controlada a la población ilegal; mentira, estoy más que segura de que han utilizado la masificada invasión ilegal y las nefastas consecuencias a nivel de seguridad para implementar medidas que, como de costumbre, tienden a ser parte de un plan establecido. Nada termina siendo casualidad.
Acabarán diciéndonos que estos avances digitales añadirán seguridad a los ciudadanos de cara a las múltiples estafas existentes, asegurarán nuestra propia identidad, lo que implicará beneficios como rapidez burocrática a la hora de préstamos, becas, alquileres o incluso ayudarnos como consumidores a planificar, por ejemplo, nuestro gasto energético, tal y como sucedió el año pasado en el estado de Colorado -EE.UU.-, donde las compañías energéticas controlaron a distancia los termostatos de los usuarios, pasando por alto la elección individual de los mismos.
Lo que no dicen, omitiéndolo con descaro, es que estos datos serán compartidos entre varios estamentos oficiales, por ejemplo, el Departamento de Justicia y el de Educación, bajo el pretexto de recabar datos por cuestiones estadísticas, pero es otra mentira, porque todo responde al plan de tener a toda la población monitorizada para el control total y absoluto de la misma. De hecho, si alguno de los que me estáis leyendo, en alguna ocasión, habéis sido detenidos, por ejemplo, en una manifestación, no podríais aspirar a ser candidatos electos, a una beca o a una plaza en algún instituto.
De igual forma, todos los departamentos de cualquier índole, compartiendo vuestra información, podrían denegaros un alquiler, un préstamo, un contrato, una renovación de cualquier tipo, peticiones de citas o documentación, e incluso el pago a cualquier actividad, ya que cualquier bandera roja en el sistema haría caer todas las actividades que estéis dispuestos a realizar cual castillo de naipes, dejándoos en un limbo informático y social en caso de que vuestros parámetros no cumplieran con los criterios estándares introducidos en el sistema.
Monetizarán todos y cada uno de nuestros datos e indudablemente, la opinión terminará controlándose por “el bien social” con el fin de preservar la convivencia. Cómo no, si hemos acatado servilmente esa ley contra el “delito de odio” que se basa no en acciones, sino en palabras, no resulta para nada descabellado que los gobiernos vayan más allá, utilizando nuestras opiniones contra nosotros sin que haya una denuncia interpuesta por una persona física.
Esto que afirmo no resulta para nada descabellado, ya que está sucediendo en este mismo momento. En Inglaterra, se está deteniendo a gente por opiniones en redes sociales. Se lo hemos servido a las élites en bandeja, porque da igual el bando ideológico, todo el mundo ha aplaudido cuando se ha cancelado a una persona por sus opiniones. Nos han polarizado tanto que hemos asumido que una opinión puede ser testigo de cargo.
Entiendo que existan acciones que merezcan un correctivo, como la deleznable jauría que se alegró del asesinato de Charlie Kirk; una cosa es “alegrarse” de la muerte de un asesino y otra de un hombre que abogaba por el diálogo y lo único que había herido en su vida fue el ego de los que no pensaban como él ni querían escuchar la lógica de sus argumentos. De ahí a tipificar una crítica sobre un grupo social o racial, una medida gubernamental o un personaje público como delito, dista mucho; pero el control de opinión ya está ahí, lo vemos a diario a través de las redes sociales, donde te las tienes que ingeniar para saltar la censura del algoritmo y no ser bloqueado o cancelado, de plataformas que en teoría aceptan la pluralidad.
Con estas medidas que están implementando se podrá congelar nuestras cuentas o bloquear nuestra actividad social si, por ejemplo, nos saltamos alguna medida de la DGT, sin mediar multa previa o juicio. Esto mismo está sucediendo en China, donde el crédito social es una realidad. Si no cumplimos con los parámetros gubernamentales establecidos, dependiendo de la puntuación del crédito social, será imposible poder comprar, viajar o salir de nuestra “ciudad de 15 minutos” — otro tema preocupante que también quieren introducir bajo la pueril excusa de que es mejor para los ciudadanos disponer de todos los servicios, máximo, a 15 minutos de distancia. Los famosos guetos modernos.
Es ahí cuando entra el famoso dinero digital; a distancia podrán recortar nuestros suministros económicos a voluntad y, con ello, nuestro acceso a comida, actividades, medicinas o lo que les venga en gana, controlando incluso cada aspecto de nuestra vida en relación con la conducta que tengamos. Todos los derechos que hoy en día tenemos serán considerados privilegios con los que contaremos solo en función de nuestra obediencia a los arbitrarios mandatos gubernamentales.
Cada ápice de libertad que nos arrebaten lo van a abusar al máximo, cada poder que nos quiten no será voluntario, sino coercitivo. Ya lo han hecho, como bien dije anteriormente, en pandemia: la gente renunciando a su libertad para luego creerse libres al estar obligados a inocularse una biotecnología jamás testada, arriesgando su salud, su vida y su todo con tal de poder tomarse un café o viajar. No todas las personas nos inoculamos, a pesar de la presión social, incluso algunos nos pusimos al frente defendiendo el discurso disidente en aquellos tiempos de covid. Queridos lectores, lo que llega es la realidad tras un ensayo y será peor: obediencia o tortura, porque cada vez que aceptamos unas nuevas medidas donde nuestra libertad individual está comprometida acaban debilitándonos.
Las élites tienen a la población dividida social y políticamente. La gente grita que viene el lobo señalando a grupos que tachan de extremistas y radicales, cuando realmente el lobo se encuentra ya en el corral, llevando el símbolo multicolor de la agenda globalista. Para nada lleva un polo negro, como muchos consideran. Estas medidas darán un control jamás visto a los gobiernos mundiales, una sociedad stalinista sin posibilidad de escape; por este motivo veo más que necesario defender el NO a las normas digitales. Hay que resistir y bajo ningún concepto debemos cumplir.
¿De veras vais a permitir que líderes no electos como la Comisión Europea, la ONU, el WWF, Bill Gates o Tony Blair os metan en un gulag informático? Por cierto, estos dos últimos, enemigos de la humanidad, poseen intereses económicos detrás de la implantación de medidas de control digitales: Gates, a través de su diabólica y omnipresente fundación, y Blair, a través de su Instituto para el Cambio Global y de la empresa que dirige su hijo, encargada de la introducción de la identificación digital en el Reino Unido.
Hoy más que nunca debemos unirnos contra las élites que controlan los Estados; hoy más que nunca debemos recordar que el enemigo de mi enemigo es mi amigo y que sólo el pueblo salva al pueblo.






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