Vito Quiles: un outsider mediático

Se suele romantizar, desde cierto puritanismo mediático, la idea de que en periodismo cualquier tiempo pasado fue mejor. Eso es falso. Siempre han existido -y existen- periodistas y comunicadores que pueden caerte mejor o peor, pero que jamás dejan indiferente.

Estas últimas semanas, el reportero ilicitano de EDATV, Vito Quiles, ha realizado una turné por varias universidades españolas. No exento de polémica, ha paralizado campus universitarios y movilizado a numerosas dotaciones policiales. Tal ha sido el alboroto causado que los rectores no le han autorizado dar charlas, y el joven comunicador junto a Javier Negre han decidido señalarlos en sus redes sociales. También se le ha acusado de inventarse noticias para generar seguidores y adeptos. El señalamiento que se ha hecho a los rectores de algunas universidades públicas por las que ha pasado Quiles no es un comportamiento loable y responsable.

Quiero aclarar que el personaje público en cuestión no se aproxima, ni por asomo, a ser mi ídolo ni mi referente intelectual o político; pero hay algo meridianamente cierto: con veinticinco años, es ya una leyenda viva para muchos chavales y adultos. Tampoco lo considero un ultra de extrema derecha, sino más bien un reportero canalla que no conoce la vergüenza ni los complejos a la hora de interpelar a sus rivales.

Sin embargo, le veo como alguien con un notable don de gentes, capaz de ganarse la simpatía de cientos de miles de españoles e hispanoamericanos, y también la animadversión de otros tantos. Lo estamos viendo en su gira por universidades de toda España: una auténtica oleada de polarización entre simpatizantes y detractores que se congregan en torno a su persona.

Comento esto porque la semana pasada en su convocatoria en la Universidad de Navarra, un grupo de abertzales ataviados con pasamontañas irrumpieron en el campus de dicha universidad y agredieron a un periodista de El Español que cubría el acto; acción, desde luego, reprobable. La concentración ya había sido desconvocada y, a pesar de ello, los detractores de Vito Quiles aprovecharon para sembrar el caos en el campus.

Es pertinente recordar que el estilo de Vito es heredado de Caiga quien caiga (CQC), un antiguo programa de sátira política, cuya exitosa primera etapa fue entre 1996-2002, y que dio quebraderos de cabeza a los gobiernos de José María Aznar. También Jordi Évole tuvo su etapa gamberra e irreverente con su personaje El Follonero, y entonces la izquierda no se quejaba de polarización y antiperiodismo.

Los que tenemos una cierta edad recordamos a los reporteros de Caiga Quien Caiga y a Jordi Évole boicoteando ruedas de prensa o persiguiendo a políticos por los pasillos del Congreso y las calles aledañas. El quid de la cuestión, a mi juicio, es que tanto Mediaset como La Sexta eran en su día —y siguen siendo— compañías confiables para el bipartidismo. Vito, en cambio, peca de ser un verso demasiado libre dentro de la profesión.

Lo que quiero demostrar es que el fenómeno Vito Quiles es una moda política que hoy enarbola la derecha, pero que hasta hace dos días pertenecía a la izquierda con los fenómenos de Pablo Iglesias, Caiga quien Caiga o El Follonero.

Sí, Pablo Iglesias fue un fenómeno de masas que engatusó a muchísima gente y trajo de cabeza al establishment con su irrupción tras el 15M, polarizando la sociedad española del momento. Todos recordamos sus apariciones en prácticamente la totalidad de los medios, incluyendo El Gato al Agua, de Intereconomía. Sin embargo, la derecha ha sabido capitalizar antes que la izquierda las reglas de la viralización en Instagram, TikTok o YouTube. Eso no significa que las ideas progresistas hayan desaparecido de internet; simplemente, que para empaparse de su discurso basta con encender la televisión en abierto y el resto de medios tradicionales.

Tampoco quiero olvidarme de aquellas palabras de Rodríguez Zapatero a Iñaki Gabilondo que captó un micrófono indiscreto: “Nos conviene que haya tensión”. Esa ha sido siempre la tónica de la política, especialmente cuando se aproximan elecciones: tensión, dramatización y caricaturización del adversario.

Por esto, es pertinente decir que Quiles no ha inventado la polarización, la provocación a pie de calle ni el activismo mediático. Me parece indignante que por parte de la izquierda y de los que pontifican «el buen periodismo» se incite en nombre de la democracia a lanzar los micrófonos de periodistas críticos con el actual Gobierno y a agredirlos.

Te voy a contar un secreto, querido lector: la clase periodística actúa de manera muy diferente cuando el poder está delante que cuando está detrás. Un periodista puede presentarse como el azote del Gobierno ante la opinión pública, pero si se cruza con un político en un ambiente distendido, no duda en aparcar su personaje combativo y mostrarse cordial. ¿Lógico? Sí. ¿Hipócrita? También.

Eso es lo que les puede descolocar a muchos la contundencia con la que actúa Vito y que, equivocadamente o no se muestra tal como es. Pedir la unidad de la derecha española frente a Pedro Sánchez y sus socios es totalmente legítimo. No lo verás compadreando falsamente con los que le quieren agredir o quitarle las acreditaciones.

Con Vito Quiles se produce el Efecto Streisand: cuanto mayor es la censura, los intentos de ignorarlo y los ataques que se ejercen mediática y políticamente contra él, más se crece en sus reivindicaciones. De seguir su periplo activista, no me extrañaría que Quiles acabe más pronto que tarde de tertuliano en cualquier programa de televisión, concurriendo a las elecciones o incluso, presentando las campanadas junto a Gabriel Rufián…

Bromas aparte, creo sinceramente que Vito Quiles, en general, no tiene un estilo chabacano ni de mal gusto, ni tampoco es un peligroso ultra que vaya a resucitar el fascismo en España (como se le acusa desde la izquierda). Simplemente lo considero un actor más en el panorama político y mediático nacional con muchas ganas de notoriedad, a la altura de los grandes comunicadores y cadenas —no en términos cualitativos, sino cuantitativos—, porque debido al número de seguidores que tiene en redes sociales, lo que hace y dice crea tendencia.

El problema de Vito es que es joven y tiene mucha vida profesional por delante. En mi opinión, debería reinventarse y pulir cierto ego si no quiere quedar encasillado en el papel de eterno reportero tocanarices. El tiempo pondrá a cada uno en su sitio, y veremos si los políticos y periodistas que hoy defienden al chaval siguen haciéndolo cuando deje de ser popular; porque tarde o temprano llegará. Los mundos de la comunicación y de la política son muy desagradecidos; y los que hoy te apoyan y apadrinan, mañana acabarán dándote la espalda si ven que no les renta apoyarte.

En resumen, Vito Quiles se puede expresar políticamente todo lo que quiera y puede preguntar al Gobierno y sus socios cuantas cuestiones incómodas considere pertinentes. Eso sí, una línea que vulnera los principios básicos de la deontología periodística es señalar a personas públicamente de forma gratuita y difundir informaciones sin el debido contraste para crecer mediáticamente. No lo considero un acierto por su parte ni un comportamiento maduro, la verdad. Pero, sinceramente, no veo que el periodismo español en general pase por su momento más boyante, debido a que los que están enfrente de Vito tampoco están para dar lecciones. Porque la libertad de prensa no puede desligarse de la ética profesional, y ese es un equilibrio que todos —también Vito— deberían cuidar.

¡Informado al minuto!

¡Síguenos en nuestro canal de Telegram para estar al tanto de todos nuestros contenidos!

https://t.me/MinutoCrucial

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*