
Un pueblo no se destruye porque tenga enemigos, sino porque no existe defensa ante los ataques, que son tolerados por una sociedad en decadencia. Lo que está sucediendo en España, con un gobierno rodeado de corrupción, no tiene precedente. Cada día amanecemos con un nuevo escándalo, que no es más que otra rama del partido más podrido en estos momentos: el PSOE.
Ya no damos abasto. Tenemos que coger una pizarra para anotar mordidas, abuso de influencia, malversación de dinero público, prevaricación y todo ello sin inmutarnos, como si la cosa no fuera con nosotros. Es más, a sus votantes ni les importa lo más mínimo, sacan a relucir el “tú más” y, en la mayoría de los casos, defienden al líder, aunque éste posiblemente sea el número uno o, como en otros tiempos no muy lejanos, el señor X. Así que la batalla la tienen ganada, ya que unos los defienden y los más protestamos desde la comodidad de nuestras casas, sin salir todos los días a la calle a denunciar tanta ignominia.
Quizás estemos esperando a que vengan de fuera a salvarnos, como ha pasado recientemente en Venezuela, alguien que se lleve al tipo que nos gobierna y ponga a alguien decente, aunque sabemos que eso no va a ocurrir, o que la enfermedad actúe y nos libre por la vía rápida, todo menos unirnos y defender España sin necesidad de salvadores o milagros.
Ante un pueblo que ha tirado la toalla, que aguanta tiranías y escándalos, el atacante se crece, su impunidad está a salvo y vuelve a dar otra vuelta de tuerca porque, como dijo una gran pensadora, los españoles son ratas de laboratorio, a ver cuánta opresión aguantan sin explotar.






Be the first to comment