
Mañana, 2 de octubre, se celebra el Día de la Policía Nacional. Antes que nada, quiero dedicar este artículo a dos grandes policías que han marcado mi vida: los inspectores jefes Juan Jesús Hernández y Ricardo Ferris. El primero fue mi padre, fallecido hace unos años; el segundo, un gran amigo y compañero suyo.
Ferris, a diferencia de lo que apuntan muchas informaciones, no fue expulsado por Grande-Marlaska, sino que se jubiló por propia iniciativa, antes de que pudiera ser removido; pero sí que ha sido vilipendiado por numerosos medios de comunicación por el simple hecho de señalar, basándose en sus datos y estadísticas profesionales, la relación entre inmigración ilegal y criminalidad, así como por pedir a la ciudadanía que colaborara con quienes garantizan la seguridad pública. En su trayectoria, además, destaca la labor que realizó a principios del siglo XXI en la limpieza y recuperación del barrio valenciano de Ruzafa, con la colaboración vecinal -incluidos muchos inmigrantes trabajadores- y el apoyo de la entonces Delegación del Gobierno en la Comunidad Valenciana, liderada por el popular Juan Cotino.
Actualmente, Ferris muestra de forma explícita en redes sociales su apoyo a Alvise Pérez, eurodiputado de Se Acabó la Fiesta (SALF). Cuenta con una comunidad muy activa y divulga sin complejos su “Plan Integral de Seguridad”. Para más información, les recomiendo seguir sus intervenciones en sus redes sociales (@leonenlascalles) y en canales como EDATV, Radio XD, La Jungla Radio y Castillón Confidencial, entre otros.
Volviendo al tema que nos atañe: mañana se celebra el día de los Ángeles Custodios, patronos del Cuerpo Nacional de Policía. Como ya les he contado antes, mi padre perteneció al Cuerpo desde mediados de los años 70 y estuvo en activo hasta bien entrada la primera década del siglo XXI, aproximadamente. Por lo tanto, se puede decir que me considero “hijo del cuerpo”, y a pesar de que la vida me haya llevado por otros derroteros, le tengo un gran respeto y cariño.
Actualmente, la Dirección General de la Policía se encuentra incardinada en el Ministerio del Interior y, más concretamente, en la Secretaría de Estado de Seguridad, siendo el director de la institución policial el político socialista albaceteño Francisco Pardo Piqueras. Personalmente, no tengo nada en contra del actual director de la DGP -si fuese afín al Partido Popular, VOX o SALF opinaría lo mismo-, pero considero que un cuerpo policial debería estar dirigido en primera instancia por un profesional policial ajeno a la esfera política y con un bagaje vital que le acredite como tal.
Insisto mucho en la despolitización de la seguridad porque una institución policial independiente y fuera de las garras de la política sería más eficiente y eficaz. Sí, debe avanzar al ritmo que progresa la sociedad, pero siempre siendo querida por los ciudadanos de bien, independientemente de su manera de pensar, y no únicamente por quienes gobiernan en cada momento de la historia.
No considero que la tecnocracia tenga que ser completa y exclusiva, pero el ámbito de la seguridad ciudadana es un terreno muy pantanoso que requiere de expertos que hayan tocado todos los palos y hayan ido promocionándose, a ser posible, desde la Escala Básica. Por consiguiente, una cúpula policial moderadamente tecnócrata y seria evitaría casos como algunos tiktoks o reels de Instagram que, en lugar de acercar a la ciudadanía, terminan, en mi opinión, alejando a los españoles potencialmente fieles a la institución.
Como ciudadano español, también me produce cierto rechazo la supuesta inclusión que muestran las instituciones policiales en este país; parecen más centradas en agradar a determinados colectivos que detestan el orden, la seguridad ciudadana y unas fronteras sólidas, que en reforzar su verdadera misión. A veces, además, se peca de buenismo y de corporativismo con las ovejas negras dentro del cuerpo. La Policía es una profesión vocacional. Existe un síndrome de burnout en profesionales cuya única misión es abrir o cerrar una puerta: precisamente en personas que lo han dado todo por su plaza, tanto en lo económico como en lo físico y lo emocional.
Conozco a policías nacionales que se sienten infravalorados en comparación con otros cuerpos autonómicos y locales. Es una pena que muchas comisarías cuenten con instalaciones precarias y que los sueldos de los funcionarios estén muy por debajo de lo que corresponde al trabajo que desempeñan. Se me vienen a la mente, mientras escribo este artículo, los policías que lucharon y dieron su vida y esfuerzo para que las zonas afectadas por la DANA de 2024 volvieran a la normalidad… un trabajo encomiable.
No quiero olvidarme tampoco de los policías alumnos que dieron lo mejor de sí mismos para restablecer y limpiar el fango, y ni qué decir de los opositores valencianos, que vieron cómo se sumaba a su sacrificio la impracticabilidad de las pistas de entrenamiento, gimnasios y bibliotecas. El tesón y la resiliencia de esta gente dejarán una profunda huella de esa catástrofe en su alma para toda su vida.
En este caso, también quiero romper una lanza en favor de Ferris (el cual participó en las tareas voluntarias de reconstrucción y seguridad post-DANA), que ha sido llevado al ostracismo mediático y político a pesar de tener un historial profesional y una formación incuestionables. Le conozco personalmente y sé que no tiene problemas con los extranjeros currantes que han venido a nuestro país a aportar y a abrir negocios lícitos. Sin embargo, según las estadísticas profesionales que manejaba cuando ejercía en el distrito Centro de Valencia, llegó a afirmar que “la práctica totalidad de la delincuencia era protagonizada por extranjeros ilegales”, situación que el inspector jefe retirado considera tan grave que debería tipificarse en el Código Penal.
La Policía debe hacerse respetar por la ciudadanía, y la gente mala -de toda nacionalidad y condición- debe temerla y no tomar a la institución por el pito del sereno. Al mismo tiempo, los españoles de bien -todos los que amamos España y deseamos lo mejor para ella- debemos sentirnos orgullosos de tener unas Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que velen por las víctimas y no se amilanen cuando uno de los suyos canta las verdades del barquero.
En fin, deseo a los miembros y amigos de tan admirable cuerpo policial que tengan un buen servicio el día de mañana, festividad de sus santos patronos, los Ángeles Custodios y que impere el espíritu nacional en todos los actos de su vida, ojalá sigan contribuyendo a engrandecer nuestra nación y dejar a un lado algunas prácticas chiripitifláuticas de pitiminí que poco o nada contribuyen a la causa.
Curso Derecho en la Universidad Católica de Valencia | Administrador de @DivulgoDerecho | CFGS de Producción de Audiovisuales, Espectáculos y Eventos
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