
Desde el 10 de enero de 2026 hasta el 10 de enero de 2027, la familia franciscana celebraremos un año jubilar con motivo del 800º aniversario de la muerte del poverello (pobrecillo) de Asís, también conocido como san Francisco.
Francisco tuvo una juventud rebelde marcada por la guerra, la nobleza y el ego desmedido que, a medida que fue avanzando en edad —vivió unos 45 años, aproximadamente—, fue crucificando su aversión a los pobres y leprosos —hoy lo llamaríamos aporofobia— girándose plenamente a la voluntad de Dios y reconstruyendo literalmente iglesias y la Iglesia. De la nobleza también le siguió Chiara Scifi, más conocida como santa Clara de Asís, cuya vocación fue cristalina: seguir a Jesucristo a través de san Francisco.
Me llama poderosísimamente la atención la cantidad de nobles y poderosos que han decidido seguir los pasos de san Francisco a lo largo de la historia: san Luis IX de Francia, san Luis de Tolosa, santa Isabel de Hungría, santa Inés de Asís (hermana de santa Clara), etc. Santos que, de acuerdo a su época, vivieron, o al menos quisieron vivir, la sencillez espiritual que caracteriza a todo franciscano. Tampoco quiero dejar en el tintero a figuras excepcionales del siglo XX como san Maximiliano Kolbe, los beatos Michal Tomaszek y Zbigniew Strzalkowski y los mártires de la Guerra Civil española, que dieron la vida por Cristo. De igual manera, no me quiero olvidar del místico padre Pío de Pietrelcina ni de san Carlo Acutis, ambos santos muy queridos y venerados por los franciscanos.
En la actualidad existen tres órdenes franciscanas: la Primera Orden, formada por los Hermanos Menores (O.F.M.), los Hermanos Menores Conventuales (O.F.M.Conv.) y los Frailes Capuchinos (O.F.M.Cap.). La Segunda Orden está formada por las ramas femeninas, que son: las Hermanas Pobres de Santa Clara (O.S.C.), Clarisas Capuchinas (O.S.C.Cap.), Clarisas Descalzas (O.S.Cl.Col.), Hermanas Franciscanas de la Inmaculada y Clarisas Adoradoras (O.C.P.A.). Y la Tercera Orden es la Orden Franciscana Seglar (O.F.S.), compuesta, como su nombre indica, por seglares y laicos de espiritualidad e intuición franciscana. La O.F.S. tiene además una sección de jóvenes de entre 18 y 30 años llamada Jufra (Juventud Franciscana).
Más allá de la historia y de la organización de la familia franciscana, su espiritualidad continúa dejando huellas concretas en la vida de muchas personas. De manera específica, el carisma franciscano ha dejado una gran impronta en mí, ya que he sido acogido en innumerables ocasiones por los hermanos menores conventuales y por la O.F.S. de mi parroquia. Convivencias, retiros, peregrinaciones, voluntariados… gracias a Dios he vivido cantidad de experiencias con ellos. Una de las que mejor recuerdo es la peregrinación de jóvenes Giovani verso Assisi. Cientos de jóvenes pasamos unos días fantásticos recorriendo los pasos de san Francisco y santa Clara en Asís y Roma. Experiencia recomendable para todo joven franciscano.
Cuando uno ha vivido tantos buenos y malos momentos con hermanos simpatizantes y profesos del franciscanismo, uno sabe que su lugar en la Iglesia es ese. Ni mejor ni peor, ni siquiera diferente: el que necesito para seguir creciendo en la fe y convertirme. Afortunadamente, en la Iglesia Católica hay innumerables órdenes, carismas, movimientos, itinerarios y realidades (Camino Neocatecumenal, Misa Tridentina, Dominicos, Jesuitas, Focolares, Renovación Carismática, Emaús, Effetá, Opus Dei, Hakuna, etc.). No obstante, en mi historia vital ha resonado constantemente la intuición franciscana. No ha sido un camino de rosas, porque como todo el mundo he tenido y tendré momentos de tribulación, pero cuando las aguas han vuelto a su cauce he sentido que la esencia franciscana siempre ha estado ahí.
Como ya he avanzado al principio del artículo, 2026 es año jubilar franciscano. Año jubilar significa año de gracia, de alegría; un tiempo en el que se otorga la indulgencia plenaria a todo aquel dispuesto a reconciliarse con Dios de todo pecado (mortal y venial). Celebrar el año jubilar y ganar la indulgencia para uno mismo o un difunto es muy sencillo, querido lector; basta, primeramente, con querer la conversión del corazón. Es importante estar en gracia. Para ello, la Iglesia nos invita a recibir el sacramento de la reconciliación y escuchar la Santa Misa y recibir la Comunión Eucarística. Seguidamente, peregrinar con fe a una iglesia o lugar de culto franciscano, donde recitar el Credo y el Padrenuestro profesando la fidelidad a la Iglesia y renovando las promesas bautismales, pidiendo además por las intenciones del Santo Padre, León XIV.
Para finalizar, deseo que toda aquella persona que lea este artículo conozca la espiritualidad franciscana, se adentre en la vida y obras de san Francisco y tenga la oportunidad de vivir con san Francisco y santa Clara este Año Santo.
Curso Derecho en la Universidad Católica de Valencia | Administrador de @DivulgoDerecho | CFGS de Producción de Audiovisuales, Espectáculos y Eventos
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