
Si pudiéramos medir las lágrimas vertidas por la cercana catástrofe de la provincia de Valencia, serían afluentes límpidos e incapaces de hacer correr el barro, pero sería necesario verterlas para dar salida a ese duelo, a ese dolor. Solo los descorazonados no han llorado ante tanta desgracia, ante la magnitud de la misma.
A la compasión inicial ha seguido la necesidad de apoyar, en la medida de las posibilidades, a tantas carencias, y hemos visto cosas tan sorprendentes como alentadoras: los jóvenes, incluso adolescentes, a oleadas, echando mano a las palabras, a una colaboración inusitada por cuanto es una generación que creíamos perdida ante el esfuerzo, ya que no han tenido que someterse a esas pruebas a lo largo de sus tiernas vidas.
Todas las desgracias traen aparejadas venturas, y para mí, que este hecho lo es, lo está siendo, nuestra sorpresa, puesto que los cambios sociales producidos, incluso en el seno de las propias familias, nos daban una generación perdida para el crecimiento personal, el trabajo común, los objetivos compartidos… Pues nada más lejos del individualismo del que los mayores hacemos gala.
A los cuatro días de la DANA, tuve la oportunidad de participar en una mesa de debate televisivo y, al inicio, avancé esto mismo, este descubrimiento contra todo pronóstico: los jóvenes remangándose para ayudar y en equipo es como decir que nuestro futuro de progreso está garantizado. Si, además, unimos a eso el acceso a la cultura, supone un plus de raciocinio capaz de sostener criterio propio ante la manipulación de los elementos destructivos de la sociedad, que siempre los ha habido, pero que suelen perder todas las batallas ante el conocimiento, los valores humanos de sociabilidad y pervivencia.
Mucho es lo que hay que reconstruir, tanto en el interior como en el exterior, pero saldremos. Nuevos retos impiden a las personas acomodarse. La vida es la lucha incansable por la vida, y el demonio, cuando no tiene nada que hacer, con el rabo mata moscas, reza nuestro refranero, que siempre acierta. Volveremos a ver a Valencia, que volverá a ser un vergel de flores sin desamparo, porque para eso está la Virgen. Seguramente, ella ha puesto el foco sobre sus hijos queridos y no les va a dejar desfallecer.
Los errores se pueden achacar a varias cuestiones: el propio shock traumático del momento, errores y confusión en el ejercicio de las respectivas responsabilidades. Aquí me paro, porque intuí que esta enorme desgracia sería aprovechada por el aparato del Presidente del Gobierno para sacar provecho partidista electoral, como así viene siendo y se está viendo.
Todo se aclarará, todo se andará… y esta vez creo que Sánchez se ha metido en un jardín laberíntico que aguanta cual tentetieso. Y es por eso que creo que la cama de Sánchez pincha por todos lados. Él no es faquir, porque para serlo hay que tener conciencia y decencia.






Como buenos buitres intentan sacar ventaja de la desgracia. No hay que dejarles