
“Dream on”, igual que la canción del grupo Aerosmith; “Sueña, sigue soñando”… Y eso intento desde mi último artículo. Sí, lo sé: siguen pensando cosas terribles, continúan ocurriendo noticias y sucesos dignos de un largo comentario, y yo, en el día de hoy, tengo pensado volver a opinar sobre la publicidad y sobre algo tan superficial como “ESA” marca de automóviles. Vamos a reducir la presión sumergiéndonos juntos en el mundo de los sueños, aunque en ocasiones acaben siendo pesadillas.
La publicidad puede mover montañas. A fin de cuentas, es la hermana de la propaganda. No son raras las veces que una campaña publicitaria ha tenido un remarcable impacto social. Remontémonos al año 2000, recordando el famoso anuncio de la marca de cervezas Budweiser, donde unos amigos se saludaban al grito de: “¡Whassup!”. En su día, no todos lo vieron con buenos ojos, considerando este anuncio como algo tonto, demasiado pueril para una marca de cervezas.
Sin embargo, acabó teniendo un impacto social brutal, convirtiéndose en un saludo icónico a nivel mundial. Los puristas que tuvieron reparos en dicha campaña no solo no imaginaban tal repercusión, sino que incluso a día de hoy desearían mil veces más campañas similares, dado el reciente error de la marca cervecera al apostar por el controvertido trans Dylan Mulvaney como imagen de su Bud Light -lo de “desagradable” no lo digo porque sea trans, sino porque el tipo me resulta impulsivo e irritante-. Otro caso de “go woke, go broke”.
La publicidad pretende impactar a la sociedad, dejar un recuerdo en el ciudadano, conectar con el consumidor. Bien es cierto que cada vez resulta más complicado ver campañas que cumplan cualquiera de estos requisitos, porque actualmente la publicidad existente resulta insulsa, anodina, aburrida, mediocre. No se llega a campañas como la genial de BMW en 2001: “The Hire”, una serie de cortos dirigidos por cineastas notables y protagonizados por Clive Owen, conduciendo un BMW y acompañado en cada corto por diversas celebridades, tales como Madonna, Forest Whitaker, Mickey Rourke, James Brown o Gary Oldman, entre otros.
La campaña de la marca automovilística fue la primera gran campaña de “branded content”, la técnica de marketing que consiste en crear contenidos vinculados a una marca, como en este caso, en el que el coche BMW aparece en todos los cortos pero no siendo el tema principal de la historia. Los creadores de esta campaña no solo innovaron en ese sentido, sino que también fueron pioneros en colgar este exclusivo contenido en su ‘site’, tras suculentos ‘teasers’ lanzados estratégicamente a modo de anzuelo. Sin duda, era inevitable no entrar en BMW online para verlos. -Les recuerdo que cuando surgió dicha campaña, aún quedaban algunos años para el nacimiento de YouTube-.
Dicho esto, a modo de introducción, soñemos un poco. ¿Y si la nueva campaña de Jaguar resulta ser una estrategia de publicidad controvertida para suscitar la atención y así estar en boca de todos? ¿Y si, cuando hagan la que promete ser una espectacular presentación de su nuevo GT eléctrico, nos dan en las narices presentando el estilo de siempre: clase, lujo y distinción? ¿Y si aparece Tom Hiddleston, protagonista de campañas anteriores, presentando un modelo y logo renovados, pero con el sabor de antaño? ¿Y si toda esta mamarrachada de la última campaña ha sido un ‘Efecto Streisand’, pero a la inversa?
Para aquellos que lo desconozcan, se le llama «efecto Streisand» a cuando se intenta esconder o censurar una información, pero esto fracasa, ya que el hecho que se intenta encubrir recibe más atención y visibilidad que si no se hubiera intentado censurar. Se denomina así por la sublime actriz/cantante Barbra Streisand, que, en 2003, denunció al fotógrafo Kenneth Adelman por violar su privacidad al hacer una foto en la que se podía contemplar su mansión situada en California. Realmente, el fotógrafo había tomado una serie de imágenes de la costa para documentar los efectos de la erosión en el litoral californiano. Tal denuncia provocó que la fotografía se hiciera viral, dando la vuelta al mundo. Pues eso, ¿y si la campaña de Jaguar se trata de un efecto Streisand a la inversa y Jaguar nos sorprende gratamente?
Sí, soy una soñadora; lo sé. Pocas probabilidades hay de que hayan tenido una idea tan genial, ya que pocos son los cerebritos con grandes ideas que quedan, en cualquier ámbito de la vida, más aún teniendo en cuenta lo mucho que han publicitado su giro hacia los vehículos eléctricos y la fuga de la imagen de su nuevo GT eléctrico, un engendro que se asemeja a una burda copia del Tesla. Ni ese diseño ni la palabra “eléctrico” casan con lujo.
Si realmente van a presentar ese pecado para el diseño y tal insulto para lo que Jaguar siempre ha representado, por 150.000 euros, precio base de la aberración, si me creyera la patraña globalista de las virtudes del coche eléctrico, preferiría apostar mucho antes por la marca Tesla, que cuenta con un mejor diseño y menor precio. En fin, como aseguré la pasada semana con el artículo ‘Jaguar y el homicidio de un icono’, soñemos, porque aún en Aston Martin no se han vuelto locos. Dream on, dreamers.






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