Blindados para la guerra, desarmados para la vida

Otra vez es lunes. Y otra vez, mientras tú piensas en cómo estirar el sueldo hasta fin de mes, la OTAN aparece como quien pide sal mientras tú buscas las llaves: propone que España suba su gasto militar al 5 % del PIB. Así, con la soltura de quien no piensa pagarlo.

Cinco por ciento. Más que en sanidad. Más que en educación. Más que en pensiones. Más que en futuro. Y más que en dignidad, claro, porque para proponer esto hay que tenerla bien escondida. ¿El objetivo? Fortalecer nuestra seguridad, dicen. Pero uno mira alrededor y no ve a nadie más seguro, solo más vigilado, más estresado, más empobrecido.

Lo llaman defensa nacional, pero suena más a subordinación internacional. ¿De dónde va a salir ese dinero? ¿De los sueldos que ya no llegan ni al supermercado? ¿De la vivienda, que se ha convertido en un deporte de élite? ¿Del sistema público, que se cae a trozos mientras se invierten millones en aviones de combate que no combatirán nada más que el sentido común?

España, donde puedes esperar seis meses para una operación… pero ni un solo día para financiar un caza. Y sí, ya sabemos lo que viene: que es “por nuestra seguridad”. Pero lo que no explican es por qué siempre somos nosotros quienes pagamos esa seguridad, aunque no la hayamos pedido. ¿Desde cuándo la protección exige obediencia ciega y cheques en blanco? Porque una cosa es proteger a un país, y otra muy distinta es proteger los intereses de los que manejan el tablero.

Llamarlo “defensa” es bonito. Lo difícil es explicar por qué ese escudo siempre apunta hacia fuera… y nunca hacia dentro. ¿Quién nos protege del abandono escolar, del suicidio juvenil, del desahucio emocional de una generación sin perspectivas? ¿De verdad vamos a aceptar que la estabilidad de un país se mide por la cantidad de tanques, y no por el número de camas hospitalarias? ¿Que un dron vale más que una beca? ¿Que el ruido de un misil tranquiliza más que el silencio de una consulta médica sin lista de espera?

Esto no es una crítica al ejército. Ni a los cuerpos de seguridad. Ellos no hacen las leyes, solo las obedecen. Esto va de los que deciden en nombre de todos, sin consultar a nadie. De los que venden guerras como si fueran reformas estructurales. De los que confunden la autoridad con la imposición, y el progreso con el presupuesto armamentístico. Y no, no es ideología. Es matemáticas. Porque cuando te dicen que no hay dinero para salud mental, para conciliación, para ciencia… y luego te piden que aplaudas un aumento del gasto militar, no están gobernando: están jugando contigo.

Nos quieren más asustados que informados. Más obedientes que críticos. Más endeudados que empoderados. Y así, mientras nosotros miramos el telediario como quien contempla una tormenta inevitable, ellos ya han decidido en qué dirección sopla el viento. Porque el miedo también es un negocio. Y esta guerra, aunque no estalle, ya está costando demasiado. Invertir en paz nunca dio dividendos… hasta que alguien se atrevió a intentarlo.

¡Informado al minuto!

¡Síguenos en nuestro canal de Telegram para estar al tanto de todos nuestros contenidos!

https://t.me/MinutoCrucial

2 Comments

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*