
El año no ha comenzado nada bien. Estando ahora a principios de febrero, ya van varios asesinatos asociados al ámbito familiar: sobre cinco mujeres y once víctimas en total —“feminicidio ampliado”, si son familiares o fuera de la pareja— han sido asesinadas en lo que llevamos de año 2026.
En cambio, de los hombres no hay estadísticas publicadas, porque tienden a considerarse una clase inferior a las hembras y, por ello, no merecen, a ojos de este Gobierno social comunista, ni una mísera estadística mensual. Hay que esperar “al balance de criminalidad”, que es de frecuencia trimestral, para saber la cantidad de homicidios totales. Ni siquiera hay una estadística para los hombres asesinados, no sea que se vaya a saber algo que a las mujeres nos reste protagonismo.
A diferencia de los asesinatos de mujeres, que cuentan con un observatorio oficial —bien regado con nuestro dinero público—, que actualiza los datos prácticamente en tiempo real, los asesinatos masculinos no tienen cuenteo diario, algo que me parece completamente injusto. ¿En base a qué criterio los hombres no se merecen ser contados, al igual que las mujeres? ¿Acaso no son personas? ¿No tienen los mismos derechos y obligaciones amparados por la Constitución Española?
Bajo mi punto de vista, la sociedad ha sucumbido a las ideas radicales de unas desquiciadas feministas que vieron la oportunidad y el negocio, aprovechando las heridas de la desigualdad en tiempos pasados y que no dudaron en esgrimir el discurso fácil de “pobrecitas de nosotras”… Y, fingiendo luchar por unos nobles derechos de igualdad que ya existían, han logrado extender el bulo más grande jamás contado: “En España, las mujeres tienen que luchar para alcanzar la igualdad de los derechos que los hombres”.
Tal afirmación es inconstitucional y debería ser llevado quien afirme semejante falacia ante un tribunal. Es una mentira que, tras repetirla, parece ser cierta, pero solo es la conveniencia de la izquierda que, manipulando las mentes más débiles, perezosas e incultas, organiza el negocio de la igualdad a su conveniencia.
Pero vamos al objeto del tema: otra mujer, la quinta en lo que va de año según el observatorio encargado de observar los asesinatos de mujeres en tiempo real, ha sido asesinada en Mos, Pontevedra; tenía 52 años. Y, como sucede siempre, la respuesta social ha sido un minuto de silencio. Gesto necesario, pero por desgracia selectivo. Porque ya sabemos que, mientras se guarda silencio por unas víctimas, otras pasan de puntillas por el debate público y, si en caso de ser muy notorio, quizás pasen por algún que otro telediario.
La semana pasada, en Bilbao, una mujer asesinó a su pareja, añadiéndole a esta salvajada incluso la mutilación de sus genitales. Un crimen brutal, con saña, que también destroza familias e hijos… Salió en los telediarios por la atrocidad del ensañamiento. Pero ¿Dónde estuvo el minuto de silencio? ¿Dónde la repulsa unánime? ¿Los políticos en los ayuntamientos no condenan la violencia familiar si se trata de un hombre?
Queridos lectores, no se trata de negar la violencia machista, sino de tener mayor amplitud de miras y no quedarse únicamente en ese escalón. Lo que todos debemos hacer es no ignorar que la violencia en los núcleos familiares existe y que adopta muchas formas, afectando tanto a mujeres como a hombres, niños, ancianos, parejas homosexuales… Se trata de respeto a la vida, misma visibilidad y mismo duelo a todas las víctimas.
Polifacética ante todo, curiosa, autodidacta, fisioterapeuta autónomo de profesión…todo es susceptible de aprendizaje y solo fracasas si no lo intentas.
«Es más importante la dirección que la velocidad»
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