
Mentira, engaño, embuste, patraña, habladuría, camelo, infundio, bola, trola, cuento, paparrucha, chisme, rumor, voz, hablilla o filfa son algunos de los sinónimos que la Real Academia Española de la Lengua atribuye al término bulo. Todo un menú de muchos platos para definir una palabra que se ha convertido más en excusa que en sentencia firme. Hoy en día dicen bulos los medios de comunicación que dicen aquello que al Gobierno de Sánchez no interesa. Pero ojo, en el caso de que se produzca un bulo, la obligación del ofendido no es señalar al medio o al periodista, sino ponerlo a disposición de la justicia para que investigue y sancione en el caso de que haya habido un perjuicio, algo evidente cuando se trata de verdades o mentiras y de reputación de un partido político o, más aún, cuando se trata de los representantes de institución del Gobierno de un Estado como el de España.
Pues parece que esas denuncias no se producen, algo que debería, por efecto, llevarnos a la conclusión de que los ofendidos no se sienten tales o no les importa lo que digan otros, o que realmente no les interesa que los hechos se investiguen, bien por la parte de verdad que hay en lo que se publica o porque lo que se pudiera descubrir es peor aún que lo que se denuncia.
Los ataques a medios de comunicación y a periodistas por parte de miembros que representan no a sus partidos sino al conjunto de la ciudadanía en instituciones públicas, máxime aún cuando se trata del Presidente del Gobierno, representan la cara vista de un problema democrático in crescendo en un país en el que cada vez menos creen en lo benigno que pueda tener la coalición que dirige los designios del conjunto del Estado. Harían buenas migas, sin duda, Pedro Sánchez y Luis XIV de Francia, de haberse conocido, de no ser porque el segundo llevaba corona y el primero no soporta asignaciones de rango que superen al suyo. Eso sí, habría que ver a Sánchez disfrazado y ejerciendo de Luis XIV y a Luis XIV ejerciendo de Pedro Sánchez. Creo que poco iba a cambiar la historia.
O quizás sí, porque Sánchez va camino de parecerse más a Luis XVI que a su bisabuelo, por lo cerca que se ve su final (que no por el final que aquél tuvo, que hay que escribir estas cosas para que no se me alteren los de piel fina pero de uñas largas) y, sobre todo, por lo mal querido que cada da día que pasa es más por el pueblo que dice gobernar. Ambos tres, al fin y al cabo, más preocupados por resistir, aguantar y por sus problemas cercanos, cada día en más aumento, que por el bien de su pueblo, al que terminan despreciando en pro de sus propias instituciones, sus egos.
Lo cierto es que una cosa es el ego y otra la mordida de serpiente, esa que no perdona a quién pueda suponer una amenaza a su espacio, a sus intereses, a su locura, esa mordida que se convirtió en latigazo con puntas de bulo, desinformación y desprecio, el otro día, en la mismísima tribuna del Congreso de los Diputados y envenenada por la hiel seca del mismísimo Pedro Sánchez. Inaudito, vergonzoso, desquiciante y delirante. Y luego se sorprende de que no lo inviten a reuniones de alto nivel en Europa… Eso sí, denuncias, ninguna, acusaciones de bulos, todas, y tomadura del pelo a la ciudadanía, más si cabe.
Hoy toca sacudir tumbas… de nuevo. Y le ha tocado a la de Lambán. Por si no había ofrecido suficientemente sus servicios al partido con vida, más aún se le pide una vez muerto, que cargue con las culpas de aquello que ni por asomo hubiese podido ser responsable. Y lo digo porque todo el mundo sabe que, de estar vivo y haber sido el candidato otros resultados se hubiesen dado en Aragón para un PSOE que se derrumba mientras el presidente empuja a cualquiera, vivo o muerto, para asirse a las columnas de una presidencia que ya no se sostiene. Pero la culpa es siempre ajena, de los bulos, de los muertos o de Franco, Trump o Meloni, que son los que gobiernan España y los que han puesto en pie de guerra a trabajadores del campo, a empresarios, trabajadores, a toda la clase media, a los supervivientes de sueldos que no les dan para sostener sus familias mientras que sus impuestos se van a quienes nada aportan, a las mujeres ofendidas y desengañadas, a las personas hartas de tanta corrupción y tanta cara dura, a los desempleados que lagriman cada vez que ven un enchufe más a costa de sus esperanzas, oposiciones incluidas…
Ayer uno de los medios más importantes en esta nueva hora del destape, en este caso del destape moral, ético, jurídico y de corrupción de u PSOE al que no lo reconoce ni el Felipe González que lo parió en democracia, The Objetive, desveló cómo hace unos años, ciertamente, Marruecos robó información del móvil de Sánchez en una visita al país vecino. Lo que aún parece que no se ha atrevido a decir, aunque muchos ya señalaron como causa efecto, es el hecho de que desde ese momento España, a través de su Presidente, parece haber sido rehén del rey de Marruecos, inmigración incluía.
Hasta ahí voy a leer… por ahora, ya que muchos otros lo irán diciendo, de aquí a la próxima semana.
Periodista, Máster en Cultura de Paz, Conflictos, Educación y Derechos Humanos por la Universidad de Granada, CAP por Universidad de Sevilla, Cursos de doctorado en Comunicación por la Universidad de Sevilla y Doctorando en Comunicación en la Universidad de Córdoba.
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