El cristianismo importa, los ‘wokes’ lo saben

Estamos entrando a la recta final del año 2026. En estos dos milenios ha sucedido de todo: el cisma en la iglesia en el Siglo XX, la reforma protestante del Siglo XV, el descubrimiento de América en 1492, la Revolución Francesa en 1789, las dos guerras mundiales en el Siglo XX y un sinfín de otros conflictos geopolíticos.  Empero, ¿saben que se mantiene en pie?  El cristianismo. Prueba clara que el fundamento de nuestra civilización, aunque muchos lo nieguen, sigue siendo Cristo.  Pero, independientemente de la fe, ¿qué hace diferente al cristianismo de otras religiones?

Mi gran amigo, Mark Beliles, en su libro: Liberando a las naciones, explica que los ejércitos cristianos no solamente llevaban las armas, sino también la compasión y el amor por los débiles. Piense, por ejemplo, en las conquistas romanas, donde las mujeres de los pueblos sometidos eran esclavizadas y los varones, incluido niños, eran masacrados. Ahora, compare ese comportamiento, por citar un caso, con la victoria del Rey Alfredo sobre Guhtrum, rey vikingo que intentó invadir Inglaterra.

El tratado de paz entre ambos monarcas incluía que Guhtrum se bautizara y aceptara la fe cristiana. Al terminar la ceremonia, Alfredo abrazó a su hermano recién nacido en Cristo y proclamó una fiesta de doce días para él y sus hombres. Luego, como si esto no fuera suficiente, Alfredo hizo el movimiento político más extraño de todos. Dijo a Guhtrum: “Mi hermano, esta tierra es demasiado grande para reinar yo solo; y la cosa más importante no es quien está a cargo; el asunto real es una Inglaterra Cristiana, así que no regreses a Dinamarca, permanece aquí y reina en esta tierra conmigo bajo el Señorío de Jesucristo”.

Observe la diferencia, para los vikingos el derrotado no merecía otra cosa que no sea la muerte. Fue esa acción de Alfredo que luego sirvió como puente para que el cristianismo llegue a todos los pueblos vikingos.  En Europa del este, el Evangelio empezó a impactar naciones tales como Checoslovaquia (929 es el año del martirio del príncipe Wenceslao, quien abrazó el Cristianismo Occidental), Rusia (987) y los países Nórdicos como Suecia, Noruega y Dinamarca.

Asimismo, la llegada de España a América, a diferencia de otros imperios, tenía como misión sagrada la evangelización de los pueblos indoamericanos. Franciscanos, dominicos y otras órdenes católicas estudiaron quechua, aimara, guaraní y otras lenguas originarias. Eso permitió tender un puente entre la península y América. La evangelización terminó con prácticas macabras como el canibalismo y el sacrificio de niños, además dio origen a corrientes artísticas como el barroco mestizo y la música sacra americana, género que todavía existe en la Chiquitanía de Bolivia y en algunas provincias del Paraguay.

Paradójicamente, muchos de los fetiches revolucionarios de la izquierda, entre ellos, salud pública, educación gratuita e inclusión social, son cosas que el cristianismo viene practicando desde hace veinte siglos. De hecho, el clérigo francés Charles Michèle de l’Epée fue el creador del primer lenguaje de señas para sordos. Considere que, en esa época, se pensaba que los sordos eran incapaces de razonar y, gracias a las supersticiones y prejuicios, existían leyes que los reducían a condición de parias sociales.

Por todo lo anterior, no debería extrañarnos que todas las corrientes revolucionarias, que incluye a nazis, socialistas, comunistas y, ahora, wokes, hayan pretendido borrar de un manazo toda la influencia del cristianismo en la sociedad. La historia y la cultura de la sociedad cristiana occidental suelen ser vistas como narrativas de dominio que deben ser cuestionadas, pues el wokismo considera que instituciones como la familia, la religión, el capitalismo y el Estado han sido instrumentos de opresión y deben ser deconstruidas. Su objetivo apunta a una transformación cultural radical, donde individuos e instituciones adopten sus principios y se ajusten a nuevas normas de comportamiento, lenguaje y pensamiento. Se trata de una ingeniería social que pretende construir el hombre nuevo desde el poder, de ahí su directa relación con el globalismo y sus simpatías con el radicalismo islámico.

A modo de cierre, la gran batalla es entre la verdad de Cristo y las mentiras del wokismo, pues sin cristianismo no existe nuestra civilización.

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