Si hay algo que resulta innegable, es precisamente cuando hablas con Raúl Santamaría o lo ves interactuar. Es de los que posee un talento innato para conectar con la gente. La gran mayoría de los españoles lo conocen por su exitosa y mediática faceta televisiva, brillando todas las tardes como uno de los “Mozos de Arousa” en el concurso Reacción en cadena. Su naturalidad y evidente agilidad mental, acompañada de una sonrisa perenne, logran traspasar la pantalla; tanto es así que ha conseguido el cariño incondicional de miles de hogares a lo largo y ancho del país.
Sin embargo, para aquellos que seguimos muy de cerca el pulso de la política gallega, como es mi caso, Raúl es muchísimo más que un rostro amable y popular en la franja de la tarde televisiva. Nacido en Vilagarcía de Arousa en el año 1998, este joven licenciado en Magisterio, en la especialidad de Educación Primaria, lleva el compromiso cívico grabado a fuego en su ADN; tanto es así que, desde 2016, siendo apenas un adolescente, ya estaba al pie del cañón asumiendo la presidencia de NNXX en su municipio. Raúl se ha curtido desde la base, en la política local, esa que no perdona, la que te obliga a dar la cara y encontrar soluciones ante tus vecinos a diario en la plaza del pueblo para, posteriormente, llegar a su etapa como concejal en el Ayuntamiento de Vilagarcía y, recientemente, dar el gran salto al Parlamento de Galicia de la mano del presidente Alfonso Rueda.
El pasado viernes, al verle tomar el testigo de Novas Xeracións a nivel provincial, no vi en ningún momento a un «famoso» jugando a ser político por capricho. Lo que vi fue a un joven profundamente preparado, consciente de la magnitud del reto que asume y dotado de una empatía brutal. En estos tiempos, donde la política parece haberse transformado en un ecosistema tóxico dominado por la polarización y el «zasca» rápido en redes sociales, figuras serenas y constructivas como la de Raúl aportan una frescura que es absolutamente necesaria. Es la demostración empírica de que se puede ser joven, tener un innegable tirón popular y, al mismo tiempo, tomarse con absoluta seriedad y rigor los problemas estructurales de tu tierra.
Sin duda, la cantera inagotable del PPdG, especialmente la de Pontevedra, es el mejor ejemplo de laboratorio de talento que podemos encontrar dentro de Galicia. De hecho, el congreso vivido el pasado viernes no debe analizarse como un hecho aislado, sino como la confirmación rotunda de una estrategia que el Partido Popular de Galicia (PPdG) lleva años puliendo con la precisión de un orfebre. Si algo quedó meridianamente claro en ese auditorio, que estaba lleno hasta la bandera de caras jóvenes y entusiasmadas, es la espectacular cantera de talento que el partido atesora en la provincia de Pontevedra.
Con demasiada frecuencia, las formaciones políticas de todo el espectro ideológico tienden a utilizar a sus juventudes como meros pegacarteles, encargados de redes sociales o simples bultos para rellenar las fotografías en los grandes mítines electorales. Sin embargo, la filosofía que se respira en el seno del PPdG pontevedrés es diametralmente opuesta a eso. Aquí, a los jóvenes se les otorgan responsabilidades reales y palpables. Se confía plenamente en ellos para liderar concejalías estratégicas, para debatir de tú a tú en el Parlamento autonómico y para establecer puentes de diálogo con una generación que, lógicamente, se siente cada vez más desencantada con las instituciones tradicionales.
Y la cuestión que yo quiero plantearos es la siguiente: ¿Por qué precisamente Pontevedra se ha convertido en ese efervescente hervidero de talento joven? Analizando las intervenciones del acto, sumado al recorrido histórico de la formación, podría afirmaros, a modo de resumen, que el éxito de esta “fábrica de líderes” radica en tres factores clave, los cuales voy a exponer a continuación.
En primer lugar, el factor de tener la confianza real desde la cúpula. Los actuales líderes del partido no tienen ese temor reverencial a que las nuevas generaciones les hagan sombra. Al contrario, impulsan y apadrinan perfiles emergentes como el de Raúl, sabiendo que la renovación constante es la única garantía de supervivencia y éxito de un proyecto político a largo plazo.
El segundo factor a tener en cuenta es el del apego profundo al territorio. Los jóvenes de NNXX Pontevedra no son teóricos de salón ni políticos de laboratorio, sino chavales involucrados hasta la médula en asociaciones culturales locales (como el propio papel de Raúl impulsando Arousa Moza), en clubes deportivos y en el rico tejido social de sus respectivos municipios. Son jóvenes que conocen de primera mano el barro de la calle antes de atreverse a pisar la moqueta institucional.
Y el tercer y último factor se basa en la formación y profesionalización constante. En la política actual, ya no basta con tener buenas intenciones o ganas de cambiar las cosas; hay que estar sobradamente preparado. La sólida formación académica de esta nueva generación de políticos del Partido Popular gallego es sobresaliente, combinando perfiles técnicos, humanistas y científicos que enriquecen el debate público.
Pero, dejando a un lado los elogios orgánicos, a continuación, quiero hablaros sobre lo que realmente le importa al ciudadano de a pie: el mañana. Desde esta modesta tribuna de opinión que me ofrece Minuto Crucial, siempre intento ir un paso más allá de la simple crónica política para buscar el impacto real que estas decisiones tendrán en nuestras vidas cotidianas. Y, sin duda alguna, el reto que tienen Raúl Santamaría y todo su renovado equipo por delante es auténticamente titánico. No es momento para conformismos.
Los jóvenes gallegos, y muy particularmente los pontevedreses, nos enfrentamos actualmente a una tormenta perfecta de desafíos socioeconómicos que no admiten más demoras, los cuales comentaré en párrafos posteriores:
El primero es el acceso a una vivienda digna. Necesitamos que los jóvenes consigan emanciparse antes de la barrera de los 30 años, algo que se ha convertido en una odisea casi hercúlea. Este es un problema estructural de primer orden que exige políticas valientes, imaginativas y alejadas de dogmatismos ideológicos que han demostrado no funcionar.
El segundo, que los jóvenes cuenten con un empleo de calidad, sumado a la retención del talento. Desde luego, no podemos permitirnos el lujo de que nuestras mentes más brillantes, formadas con excelencia en nuestras universidades públicas gallegas, tengan que hacer las maletas inexorablemente hacia Madrid o al extranjero porque en Galicia no encuentran un tejido empresarial que les ofrezca salarios competitivos y estabilidad.
Y el tercer desafío es el reto demográfico y la cohesión territorial. Galicia necesita latir con fuerza en todos y cada uno de sus rincones, no solo en la franja atlántica. Dinamizar el entorno rural, apoyar a los jóvenes emprendedores y garantizar infraestructuras y servicios de primera calidad es vital para que decidir quedarse a vivir en el interior de Pontevedra sea una elección atractiva y de calidad de vida, y no un mero acto de resistencia nostálgica.
Raúl, tal y como demostró el pasado viernes, es plenamente consciente de este escenario. En su emotivo discurso de aceptación, lejos de quedarse anclado en la autocomplacencia del aplauso fácil de los suyos, puso el dedo en la llaga sobre todos estos temas críticos, hablando con el corazón, como suele hacerlo habitualmente, pero también demostrando tener la cabeza muy bien amueblada. Quiso dejar claro que su proyecto para Novas Xerxeracións no es un proyecto cerrado de partido; tiene la ambición de ser un proyecto de generación, un espacio de escucha activa donde cualquier joven con inquietudes sienta que tiene una puerta a la que llamar.
Como reflexión final, quiero recalcar el valor incalculable de dar el paso. Al salir del congreso el viernes por la noche, lo hice con una reconfortante sensación de optimismo moderado, algo que considero un verdadero tesoro en los tiempos de cinismo que corren. Ver a tantos cientos de jóvenes un viernes por la tarde, decidiendo dar un paso al frente para implicarse activamente en la mejora de su entorno, en lugar de quedarse en casa alimentando la queja estéril en redes sociales, es un triunfo rotundo de nuestra salud democrática.
Raúl Santamaría asume desde ya, la inmensa responsabilidad de ser el altavoz, el escudo y la punta de lanza de todos esos jóvenes. Su nuevo liderazgo en Novas Xeracións de la provincia de Pontevedra promete ser integrador, extraordinariamente dinámico y, sobre todo, muy cercano a la realidad de la calle. Y eso me gusta. Tiene el talento comunicativo, tiene un equipo humano preparado a sus espaldas y cuenta con el respaldo firme de una cantera política envidiable que garantiza, sin lugar a dudas, el futuro y la solidez del centro-derecha en Galicia.
Eso se llama endogamia. No ver más que lo que se quiere ver